Mi relación en los últimos años con el mundo de la pobreza extrema, además de hacer que me cabree como un mandril de pura imposibilidad, me ha llevado a ciertas conclusiones que, a su vez, me piden lucha y activismo en diversos campos. Durante estos años he llegado a comprender que el pauperismo [esa carencia de los recursos precisos para satisfacer las necesidades básicas de un ser humano] se ha convertido en una enfermedad endémica y tiene visos de pasar, si es que ya no lo ha hecho, a ser un componente genético heredable. De los casos que conozco, que son muchos, he sacado la conclusión de que a la pobreza física le sigue un estado mental de aceptación de statu que propicia la conformidad con no tener los recursos suficientes para vivir, no acceder a la formación o a la salud y hacer dejación de uno mismo evitando cualquier lucha por salir adelante... y de ahí a la pobreza generacional que se va transmitiendo a los hijos y nietos con asombrosa naturalidad. El problema no es que no ...
Bitácora de Luis Felipe Comendador