lunes, febrero 07, 2011
domingo, febrero 06, 2011
Aires de cambio y una visita de Aisha.
| Pensando esta mañana en la prerrevolución árabe, visualicé por enésima vez "Casablanca". |
Pensando esta mañana en el decurso de los países árabes a partir de los últimos acontecimientos en Egipto, Argelia y Túnez, me entra una enorme curiosidad por saber hacia dónde va a llevar todo este espíritu prerrevolucionario y me hago algunas preguntas:
Si yo fuera un árabe formado... ¿querría que el sistema de mi país fuera occidentalizado?... es decir, ¿adjuraría de mi cultura y de mi impronta religiosa o filosófica a cambio del pretendido bienestar del capitalismo occidental?... ¿sería capaz de poner en valor los bienes propios –muchos de ellos usurpados por occidente– en un sistema particular, nuevo y adecuado a las raíces culturales y al poso islámico, con voluntad positiva de desarrollo y sin caer en la negación social que siempre suponen los nacionalismos y los islamismos radicales?... ¿habría lugar en un nuevo status quo a la implantación de un pensamiento árabe moderno capaz de convivir pacíficamente con el resto del mundo y, sobre todo, capaz de propiciar bienestar, modernidad y avance a toda la masa ciudadana afectada?... ¿cómo se evitarían las masivas posturas irracionales basadas en el integrismo... existe capacidad para controlar ese poso terrible?
A mí, desde este corto entender de pueblito chico, me parece que es posible, aunque sí muy dificultoso, crear una idea de progreso factible basada en la cultura musulmana... y creo que es dificultoso, primero, por la constante intervención de occidente en estos países llenos de intereses en base a sus materias primas y a su posición estratégica fundamental para el funcionamiento ‘correcto’ de las políticas capitalistas del primer mundo... y, luego, por la vivida humillación secular de todos esos pueblos, fruto de la usurpación externa e interna por las fieras diversas que han venido marcando su paso y su ser.
Todo pasaría por revisar en un plano general y compartido todo lo sucedido hasta ahora y hacer un mapa minucioso del descontento, tomándolo como punto de partida para una sólida propuesta ideológica capaz de solventar toda la locura nihilista y descubrir a la masa social su capacidad de crecimiento y desarrollo en un ámbito propio y culturalmente familiar, tomando posesión y uso de sus valores y de sus pertenencias y teniendo responsabilidad de gestión de las mismas.
Este proceso cambiaría cualitativamente demasiados parámetros del mundo occidental y haría entrar en conflicto al actual ideario de paso del primer mundo consigo mismo y con el nuevo proceso.
La difícil misión, en todo caso, consistiría en eliminar las autocracias [es el proceso en el que se mueve ahora el asunto] como primera opción de salida, y posteriormente tomar el verdadero poder del pueblo con la capacidad de salirse pacíficamente de la abrumadora intervención del capitalismo exterior tomando los mando políticos y económicos de su propio futuro.
Se mire por donde se mire, el problema se presenta peliagudo, tanto para quienes lo viven y padecen en primera persona, como para quienes lo miramos con la cómoda distancia sin detenernos a pensar en ese efecto mariposa que va a afectarnos de inmediato con cualquier leve cambio hacia un lugar u otro de la balanza.
Nuestra misión [me refiero a la misión de occidente con respecto a este cambio en marcha] debe estar cargada de generosidad y de colaboración [nunca de intervención], propiciando un desarrollo autónomo y sostenido con el consecuente de un pluralismo real que facilite las prácticas políticas que lleven a la participación de todos en la toma de decisiones y vaya acercando a las sociedades árabes a unas cuotas de igualdad en derechos y obligaciones que den legitimidad al proceso.
Y el deseo de que haya suerte, pues se va a necesitar, y mucha.
Y en este punto llegó Aisha y se me acabaron las ganitas de darle vueltas a este asunto tan peliagudo.
Lo que nunca fue un golpe...
Yo qué sé... un tipo al que no veías desde hace años y te lo encuentras en la plaza del barrio, de pronto, sin más... y los portales siguen igual, con la misma herrería y el mismo orín a sus pies, con el mismo número de metal descolocado... y en la acera los tres registros de siempre y las baldosas desgastadas haciendo un damero dislocado... y le miras a los ojos y ves que no son los mismos ojos... a la cara y ha cambiado tanto... pero le reconoces quizás por algún gesto.
El decorado es el mismo, pero el tipo ya es más triste que entonces, cuando os veías casi a diario... sí, se le ve bien vestido, parece que no le va mal, pero está más triste, como vencido por algo... y te interesas por su vida, por cómo le va, y te cuenta que tiene hijos y vive en una ciudad grande, que trabaja en una empresa fuerte y ha prosperado... y tú lo ves en su ropa y hasta en su forma de moverse, en la energía con la que te habla... y mientras lo hace, mientras te habla, sigues percibiendo que todo a vuestro alrededor está igual, no ha cambiado... la escalera, el sucio jardincito de barrio... y piensas que aún no han puesto papeleras ni hay una boca de riego... y vuelves a prestarle atención al tipo, que no ha parado de hablar, mientras te dices por dentro que es otro perdedor, un perdedor más, otro desgraciado que no sabe de qué va la vaina... y le dices que tienes algo de prisa y te despides amablemente mientras miras sus canas y te das cuenta de que lleva el pelo limpísimo.
Y se va.
Y tú te quedas mirando cómo se va.
A veces, solo algunas veces, resulta suficiente dejarse envejecer con las cosas mientras ves pasar los cadáveres tristes de tus antiguos amigos.
Y lo que nunca fue un golpe... se ha quedado en cardenal.
sábado, febrero 05, 2011
Por lo menos pon unos estores... un viaje para homenajear a Luis Alberto de Cuenca.
| El teléfono móvil y los temblores de una compañera de curro de José Luis Morante dejaron esta imagen divina en la que estamos José Luis, Emilio Pascual, Luis Alberto y el que suscribe. |
Fue un viaje entrañable desde la justa salida. Venía yo de una semana llena de preocupaciones urgentes en la que apenas había podido reposar [la cabeza, que le da vueltas a todo hasta a la hora de dormir] y todo había encontrado solución a última hora, justo antes de pillar camino a la capital de reino. El día amaneció extrañamente primaveral después de tantos días llenos de flores del frío y solo esa circunstancia ya conformaba el mejor presagio.
Viajé con Antonio Gutiérrez Turrión y el viaje se hizo corto por la conversación constante [casi un monólogo de mi amigo, pues la obligada atención a la conducción y los restos recientes del naufragio semanal le daban forma a mi silencio]... hablamos del último pacto entre gobierno, patronal y sindicatos; de la movida prerrevolucionaria de los países árabes y sus posibles consecuencias, de las ideas de Ortega y Gasset sobre la deshumanización del Arte [Antonio había hecho una relectura reciente de la obra y me puso al día de los conceptos lanzados por el filósofo al respecto]... y así recalamos en Rivas-Vaciamadrid casi sin darnos cuenta.
Y en la macrociudad dormitorio encontramos enseguida a José Luis Morante, algo más delgado que la última imagen que se me había quedado trabada de él, vestido de un negro poético muy especial y con algunas canas más en el cabello. Nos recibió como siempre recibe, con generosidad y con los brazos abiertos, y nos invitó a comer [garbanzos con callos, morcilla de Burgos con huevos estallados sobre una base de patatas panadera y tarta San Marcos... deliciosa la comida]. Durante la comida, José Luis me regaló unos libros magníficos, entre los que había uno que me dejó perplejo: “La dolce vita. Poesía y Cine. Antología”, firmado por Francisco Ruiz Noguera y editado por el ‘Centro Cultural Generación del 27” y la Diputación de Málaga. Morante me pidió que mirase en el índice de autores y me vi en él enseguida con llamada a la página 195 del volumen, donde aparecen dos poemas míos [‘La sonrisa sardónica de Welles’ y ‘Rosebud’] arropados por una hermosa compañía entre la que figuran Francisco Ayala, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Carlos Barral, Pedro Casariego, Antonio Carvajal, Gabriel Celaya, Luis Cernuda, Carmen Conde, Luis Alberto de Cuenca, Gerardo Diego, Jordi Doce, Lorca, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Pere Gimferrer, Félix Grande, José Infante, Manuel Machado, Antonio Martínez Sarrión, Carlos Edmundo de Ory, Pérez Azaústre, Pedro Salinas, Roger Wolfe... y así hasta completar un elenco delicioso en el que también figuran mi desaparecido maestro y amigo Rafael Pérez Estrada y el propio José Luis.
Toda una sorpresa en una edición realmente hermosa.
Junto a este tesorito, José Luis me regaló el volumen ‘Francisco Ayala. El escritor en su siglo’, de Luis García Montero, y “Escribir la luz. Fotografía & Literatura”, un ejemplar golosón del número 250 de la revista ‘Litoral’.
Y tomamos camino de Madrid, no sin antes dejar a Antonio cerca del centro mormón de la Villa para que fuese a visitar a su hermana.
Aparcamos en un parking del centro y salimos a pasear tranquilamente la ciudad... la Plaza de Cibeles con su molondra restructuración carísima del edificio de Correos para gloria y disfrute de los gallardonitos peperos... Alcalá con sus edificios mágicos y un primer café en la azotea del hotel ‘Ada Palace’, donde nos tomamos un café largo mirando desde arriba el mágico edificio ‘Metrópolis’, ese icono madrileño incomparable [más incomparable para mí desde que ayer descubrí que en su azotea hay una vivienda con puertita de cortina vieja y dos ventanales con persiana verde de maderitas enrollables y tres tiestos de geranios colgados en la pared, todo un contrapunto absolutamente recomendable de ver desde el ático del ‘Ada Palace’... y que se me escapó la frase del día... “hijo puta, por lo menos pon unos estores”].
Luego un ratito de Gran Vía, un ojeo a la bajada putera hasta Sol [las prostitutas cada vez son más jóvenes y ocupan cada árbol y cada esquina con una parsimonia ancestral], la Puerta del Sol con sus rateritos y sus chaperos o con sus ‘compro oro’ en un ambiente multicultural lleno de color que contrastaba vivamente con las modernas estructuras de los nuevos accesos al Metro madrileño... paseo obligado por Chueca [el Madrid que más me gusta] y una Coke en el Círculo de Bellas Artes con un posavasos de diseño Diana Raznovich en el que figuraba un preservativo usado junto al mensaje “No a la explotación sexual”... y se me empezaron a poner los dientes jodidamente largos con los cartelones que anunciaban un acto sobre el legado de Walter Benjamin, un ciclo sobre la nueva narrativa cinematográfica americana con la figura de John Ford como centro de todo, el ciclo ‘siete miradas africanas sobre España”, una exposición sobre la obra de Alberto Mangado o un curso sobre arquitectura contemporánea dirigido por Peter Eisenman...
Y otra vez a pasear la calle para pillar un vale de súper oferta de ‘Mundo Kebab’ en su local de Hortaleza [con refresco, kebab y patatas por 4,90 €] y para encontrarnos de cara con Enrique Gracia Trinidad y caminar charlando juntos hasta la justa hora del homenaje a Luis Alberto.
Y a las siete, en la entrada del Círculo, empezamos a encontrarnos a amigos viejos [por tiempo y también por edad]... Paca Aguirre y Félix Grande [recién operado del corazón y con bastante buena pinta a pesar del achuchón], entrañables, como siempre; Javier Lostalé... y nos subimos hasta el quinto piso, donde estaba la sala en la que se haría la presentación homenaje a Luis Alberto. Allí aparecieron nuevos viejos amigos a los que fui abrazando... Miguel Losada, Emilio Pascual [qué tipo tan extraordinario, coño], Fernando Beltrán, Javier Puebla, Jesús Urcely y Sol, Ricardo Virtanen... hasta que pude abrazar a Luis Alberto y nos hicimos una foto movida que quedó espectacular y que se debe a la mano de una de las encantadoras compañeras de curro de José Luis.
Y que comenzó el acto y fue verdaderamente entrañable [y largo, aunque en ningún momento tedioso]... quienes estábamos allí habíamos ido a demostrarle nuestro afecto al amigo y al intelectual... y éramos un grupo extraño y misceláneo que dice mucho de lo que supone y es Luis Alberto... tipos de izquierda radical y de derecha recalcitrante, escritores de corte clásico y poetas rompedores, estudiosos, intelectuales, poetas jóvenes y viejos, editores [andaba por allí Chus Visor]... pero todo unidos por el vínculo de la amistad con Luis.
Y me tocó cerrar, aunque luego pediría la palabra Paca Aguirre para leer un poema, y que lo hice en los términos que siguen y a bote pronto:
“Verás, Luis Alberto, me gusta ser sincero y debo decirte que yo había viajado aquí desde provincias con la intención de hacerme un abrigo de Visor, pero como se ha ido Chus [se había ido a mitad del acto], pues aprovecho para agradecerte tres cosas, no sin antes dejar muy claro que soy culé, de izquierda [genética e ideológica] y un pequeño editor que siempre pone en los corolarios de los libros que edita “y si encuentras una errata, la saludas de mi parte”. Pues que bajo estas premisas quiero agradecerte en primer lugar que escribieras “La caja de plata”, y especialmente “Serie negra”, pues desde su lectura cambió mi forma de entender la poesía y de escribirla; que me permitieras brillar como editor al dejarme editar uno de los mejores volúmenes que figuran entre mis trabajos editoriales: “No me las enseñes más... y otros poemas”... pero sobre todo, y por encima de la poesía, de la edición o de la intelectualidad generosamente prestada siempre, quiero agradecerte el valor que le das a la amistad y la generosidad con que la das y la recibes. Te quiero, tío... siempre a pesar de ser culé, de ser de izquierdas, de ser un editor con cierto historial de erratas -como casi todos- y de vivir en el más hermoso culo del mundo.”.
Y acabó el homenaje, y nos abrazamos, y nos despedimos [también abracé a Alicia Mariño, a la que no había visto entre el público hasta el final... me dijo... “se nos inundó la casa, Luis... qué mala suerte... escríbeme un mail urgente, anda”].
Y me bajé a la calle a fumar un cigarrito hasta que salieran mis amigos –la nueva ley me tiene pasando los rigores del invierno medio al raso–... y mirando el escaparate de la librería del Círculo me acordé mucho de Hugo Izarra y de su 'Standdart' [lo hubiera pasado bien allí, estoy seguro]... y bajaron Félix y Paca, y charlamos un ratito sobre Carlos Martínez Aguirre... y nos despedimos, pero Félix Grande dio un paso atrás y me dijo... “¿Sabes, Luis, que por ti dimití de un jurado?”... le dije que sí, que lo sabía, y se lo agradecí con un fuerte apretón de manos y una mirada cómplice.
Y la sorpresa fue ver aparecer por la escalera a mi sobrino Javier... había estado toda la tarde dibujando un piso por encima de donde se desarrollaba el acto... y bajaron los demás y nos fuimos a tomar unas cañitas y unas raciones con el añadido gozoso de Javier.
Salimos de Madrid casi a las doce de la noche y llegamos a Béjar con sueñito.
Dejé a Antonio en su casa y me metí en la cama feliz.
Pasé un día magnífico entre mis amigos y pude charlar mucho rato con José Luis, que es un tipo extraordinario.
Dejo aquí copia de mi texto en el libro “Alrededor de Luis Alberto de Cuenca”:
CUARTO Y MITAD DE MUSAS
Fui a comprar hace años cuarto y mitad de musas a una tiendita chica que me recomendaron y el tendero, atentísimo, me indicó con cierto desaliento que hacía unos minutos que Luis Alberto de Cuenca se había llevado el total de existencias de ese producto rarísimo y difícil. Me ofusqué, no lo niego, y ardí durante días en trazar estrategias para robarle al vate parte de aquella compra. Fue entonces cuando contacté con mi amigo José Luis Morante para que propiciara un encuentro pirata con el que ya era un pope de las letras modernas. Con engaños -no muchos, pues L. A. se deja, aún sabiendo los fines y sus restas-, quedamos en un restaurantito de Rivas-Vaciamadrid para buscar el truco -entre viandas, claro- con el que hacernos con el botín pensado y deseadísimo. Los otros personajes de la trama fueron Juan Luis Calbarro, Pepe Barrios, Juanito Hernández Heras, Julio Martínez Mesanza, Agustín Porras y Arturo Ledrado [que no debo negar que pasaron de meros secundarios a entrar en competencia directa por las musas].
De aquel día recuerdo con nitidez preclara que L. A. se levantó a los postres y, de memoria, recitó un poema mío y quedé boquiabierto. Fue entonces cuando me planteé empaparme de su obra como agradecimiento al detalle que me dejó narcisito perdido y muy blandete... y de ahí se consumó el robo más grande de mi historia personal y discreta, pues teniendo en mis manos "La caja de plata", descubrí de pronto el apartado genial que Lleva por título "Serie negra"... allí estaban las musas necesarias, las que andaba buscando como un loco, y las robé y las violé una por una hasta agotarlas y agotarme [así consumé tres años enteros de poemarios que tuvieron blasón en premios magros y pusieron el tono que tanto deseaba en mi obra].
Y con el tiempo descubrí poco a poco al Luis Alberto más hermoso, al amigo total que no dimite y que te echa una mano si la precisas, al que habla de ti de puta madre en foros donde eres un auténtico desconocido, al que te cita o te dedica algún artículo de prensa, al que te visita en casa con chauffeur oficial para compartir mesa, lotería y carcajadas [el chauffeur incluido, por supuesto], al que te manda de vez en cuando libritos deliciosos dedicados [lo último que recibí de sus manos fue una edición primorosa y chiquita de Bocángel en dos volúmenes de "El Parnasillo" o un libro delicioso de caballerías.
Y luego oírle hablar como embobado en alguna noche bruja -de Lucena o de Béjar- de héroes del cómic, de historias de algún clásico rarete, de andanzas literarias pretéritas y nuevas, de música o de cine. Mi afán pequeño en el mar interior de estas letras es declarar bajito que pude consumar el robo aquél... y que, además, soy un tipo con suerte, porque gané a un amigo enorme que se mantiene ahí aunque medien distancias y silencios, aunque no nos veamos en tres años... un amigo grandote y bien vestido que escribe como nadie y que me enseña con cada verso suyo a ser poeta.
De otros temas más arduos apenas puedo hablar, porque me siento anémico frente a los culos planos de la lírica y la crítica literaria pomposa.
Vine a decir que Luis Alberto de Cuenca es un hombre entre los hombres, pero un hombre especial, especialísimo, especialisísimo, al que le debo tanto... que ni tengo intención ya de pagarle.
Por cierto, que mi placer mayor fue ser el editor de su libro "No me las enseñes más...", un lujo que subió mi currículo de editor malo de atar a editor golosete.
Mil gracias, amigo.
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| JL con la última locura Gallardón al fondo. |
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| Con JL y el Metrópolis. |
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| Por lo menos pon unos estores, coño. |
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| JL en la terraza del Ada Palace. |
| Con JL en el Ada Palace. |
| Puerta del Sol con su nueva entrada al Metro |
| Músicos latinos en la calle... me acordé de Perú. |
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| Las señales son claras. |
| El estado de la cultura... en la cafetería del Círculo de Bellas Artes. |
| JL y Enrique Gracia Trinidad. |
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| Pep Guardiola en Cibeles... esto sí que es una metáfora. |
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| Las compañeras de curro de JL... dos cielotes. |
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| Emilio Pascual y JL. |
| Urceloy y JL. |
| Arranque del homenaje a LA. |
| Urce y Sol durante el acto... esto no son formas. |
| Intervención de Emilio Pascual... estuvo brillantísimo. |
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| LA firmando ejemplares y con un catarrón de no te menees. |
| Mi sobrinillo Javier con Ricardo Virtanen a su espalda. |
| Urceloy y Javier... ya de cañas. |
| Sol, Antonio y la fotógrafa temblorosa. |
martes, febrero 01, 2011
Así de simple...
Parece complejo, pero no lo es en verdad... lo que sucede es que a ciertos grupos de poder les resulta perfecta la complejidad como opción estupenda para dominar. Eso es lo que sucede y en lo que estamos... en un mundo fácil con mecanismos complejos para todo.
¿Si el espíritu de la cosa es sobrevivir, a qué tantas historias irreales llenas de componentes imaginarios?
El verdadero problema somos nosotros, los hombres, que no sabemos ser especie en proyección si nos sentimos especie en dominación... y todo así resulta miserable, todo se procesa en parámetros de quién domina a quién y no de cómo conseguir la hermosa descongestión de la miseria mediante la colaboración y el reparto justo.
El problema fundamental es que nos han acostumbrado al ‘percentil’ que nos lleva a conformarnos con pequeñas metas individuales o sociales en las que, si se satisface el ‘yo’ mientras se destruye el ‘nosotros’, no pasa nada... y eso sucede en cada una de las escalas... y sucede de esa forma terrible que se llama ‘conformismo’ para mal de todos.
Al más pobre de todos le importa comer hoy y encontrar un refugio cómodo para pasar la noche... si consigue ambas metas, no se queja.
Al pobre sin más le preocupa cubrir sus necesidades del día siguiente... y si lo consigue, no se queja.
Al pobre con algo le consuela cubrir su semana pendiente y saber con ello que permanecerá una semana más en su statu.
Al de sueldo mínimo le abriga saber que tiene hasta el día quince del mes medio pagado todo y que debe aguantar el otro medio mes hasta cobrar de nuevo.
Al mileurista le tranquiliza mucho poder comprarse ropa o zapatos, tener para la gasolina del coche y permitirse algún pequeño lujo si se aprieta un poquito.
Al clase media le sujeta que no peligre demasiado su futuro cercano [a un año vista] y existan pequeñas oportunidades de crecer un poquito.
Al media/alta, que la bolsa no caiga hasta el no dormir y que en sus vacaciones no haya huelga feroz de controladores.
Al clase alta que le inviten de nuevo al desfile Ralph Lauren, como el año pasado.
Todos pensando justo en la localizada expectativa de sus metas y quedándose quietos en sus jergones o en sus poltronas bien tapizadas, quietos como estatuas sobre su statu quo, porque lo que suceda a más de diez días vista no requiere emociones ni preocupación... y más si los problemas se nos plantean como ‘complejos’ y a plazos medios o largos.
Así se nos mantiene silenciados, quietos, dóciles... siempre en un ‘ya veremos’ que nos sugiere ciertas mejoras en lo que sea.
Y luego la puesta en valor de las preocupaciones, tomando cuerpo con el mismo calado de tensión el no saber si comerás mañana, el no saber si cobrarás el paro, el no tener muy claro si ‘Canal +’ funcionará con la tarjeta pirata el día del derbi galáctico o si podrás hacer reserva en el Hilton para el jueves... todo en el mismo saco y con la misma respuesta neurológica, con la misma falta de aire y la misma sensación de desamparo.
Somos bichitos raros y la causa del éxito será también la causa de nuestro fracaso.
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