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Entradas

Os juro que es mucha vida...

– ¿Sesenta y uno, Felipe? – Sí. – Mi padre murió con sesenta.
Pues que no está nada mal llegar a esto para un paria como yo, nacido en el mesofranquismo, educado en el integrismo ultracatólico salesiano y conformado en el resquemor de un abuelo asesinado y de una abuela valiente y decidida a no soportar humillación alguna, ni siquiera las que llegaban por el hambre física. Eso, además de gozar de unos padres modelo hechos a sí mismos desde una nada infinita y siempre con la carga de no poder llegar ni a un uno por ciento de lo que ellos son y fueron. En la vida he sido excesivamente mimado siempre por quienes se acercaron a mí, y debo confesar que me encantan los mimos vengan de donde vengan, pero sé que eso modeló en mí un carácter abierto que siempre dio facilidad al engaño y al abuso (soy fácil para ambos), un carácter que no puedo negar que gusta, pero que a veces me hizo y me hace mucho daño. Durante mucho tiempo fui YO, un YO excesivo e indiscreto, un YO pagado de mí mismo que tan so…
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Peruvian Rhapsody V

La consolidación de una clase media sólida es fundamental en las economías emergentes, como la de Perú. Un país rico en materias primas por explotar y con un turismo potencial de primera línea no puede tolerar la bipolaridad social a la que está sometido por sus gobernantes. Solo desde una acción política sensata y mantenida y con un proyecto bien trabado que piense en sus ciudadanos sin despreciarlos, puede conseguirse el objetivo de afianzar esa clase media necesaria, que debe estar asentada en la dignidad económica y en la obligación constante con el Estado que ha de protegerla y empujarla. No puede ser que a un funcionario público medio no le alcance su sueldo para llegar a final de mes y que su paso social sea totalmente apurado. No puede ser la exigencia dura de impuestos sin unos servicios dignos y universales. No puede ser que la ganancia pertenezca solo a las clases que ostentan el poder y juegan con él desde puestos políticos ganados desde la prebenda y el negocio sucio. En …

Peruvian Rhapsody IV

Separar a un niño o a una niña del grupo y entregarle unos zapatitos de su talla sin que se enteren los demás porque no hay suficientes zapatos para todos y sentirte fatal por ello, a pesar de que sabes que esos zapatos van a ser su tesoro. He llorado dos veces en mi viaje a Perú, y las dos han sido de impotencia… No, la verdad es que he llorado tres veces. La tercera ha sido después de despedirme de Lorena en el aeropuerto. Quiero un montón a esta mujer que es todo corazón y esperanza.
Separar a un niño o a una niña del grupo para entregarles algo en secreto es tremendo, colegas. Tremendo y triste.






Peruvian Rhapsody III

Mirar el cementerio de Mampuesto desde lo alto de Florencia de Mora es como asistir al capítulo más tremendo e increíble del realismo mágico latinoamericano. Tuve el privilegio y la suerte de visitarlo acompañado y protegido por un conocido habitante de la zona (el lugar no es accesible para un gringo, ya que reina el pillaje en toda la zona y el peligro se siente nítidamente en la nuca). El lugar es inmenso y desde lo alto se aprecia con nitidez lo que fue (y será) el curso del huayco (riada). Una gran capa de arena limosa lo cubre todo y tan solo algunas cruces y algunas tumbas enseñan con dificultad sus cúspides emergiendo de la arena. Se podían divisar algunas familias paradas alrededor de lo que un día fue el lugar de descanso de algún cercano, congregadas en actitud de oración. Enseguida pude darme cuenta de la magnitud del desastre (solo hay que abrir los ojos y mirar) y le pregunté a mi guía sobre algunas cuestiones que me llamaban la atención, a las que me contestó diligente …

Peruvian Rhapsody II

Llegar del jodido Norte con el gesto torcido y la cabeza nublada por las deudas absurdas con los ladrones de todo. Llegar del jodido Norte con la sensación de ser fracaso, de no haber sabido responder a ese ansia competitiva del primer mundo, de haber sido vencido por las cosas y las tercas monedas. Llegar del jodido Norte medio hundido, pero con zapatos de suela y cuero suave, con pantalones nuevos y calcetines de hilo, con camisas de algodón fino y unos dólares en el bolsillo. Llegar del jodido Norte con tres plumas molonas y un tintero, con unas gafas Ray-Ban genuine since 1937 y un Zippo exclusivísimo… Llegar pensando en que cada uno de mis problemas son lo más y relajar de pronto porque F. me sonríe mientras me entero de que su mamá le amarra y le golpea cuando entra en cólera (el niño tiene hinchadita la nariz, quizás roto su tabique nasal, y los ojos medio cerraditos por el efecto de los golpes, y marcas duras en sus brazos delgaditos), pero F. sonríe mientras me mira a los ojo…

Peruvian Rhapsody I

Una fila enorme de niños preciosos subían despacito por las escalerotas de Florencia de Mora, uno de los lugares más maltratados por el huayco de hace un par de años. Yo permanecía quieto, mirándolos extasiado, en la parte más alta y ellos miraban asombrados mi palor de gringo, mi barba blanca, mi sonrisa alucinada… Alguien dijo en alto: “¿Saben ustedes quién ha venido?”… Uno de los niños, bien chiquito y con carita de susto, me miró desde abajo hasta mis ojos y dijo asombrado: “Es Jesús”. Yo no pude contenerme y le di un besote en su coronilla, pero, enseguida, una niñita con trenzas divinas y con la misma mirada de asombro, le replicó: “No es Jesús, es Santa Claus”… Y así me quedé, entre Jesús, Santa Claus y Gringo Lucho, pero con una amarga sensación de no poder responder a todas sus necesidades como si fuera un mago. No es justo lo que sucede en el mundo, sobre todo para los niños. No es justo.

¿Lo peor que me pueda pasar?…

¿Qué es no poder pagar el IVA comparado con no tener un pedazo de pan que llevarse a la boca o pasar los días sin techo y sin esperanza alguna? Pues que no poder pagar el jodido IVA es una suerte inmensa que ya desearía el 70 % de la comunidad humana como su mal mayor. El sistema colapsa desde hace unos cuantos años y los colapsos del sistema acaban siempre con las civilizaciones dominantes (es ley histórica y hasta prehistórica), y no hay nada que se pueda hacer cuando el colapso arranca, nada que no sea esperar a que los coletazos del poder se lleven por delante lo menos posible y que el daño capacite a los dañados para arrancar de nuevo. El proceso es largo y llevará varias generaciones de tiempo, pero estoy convencido de que es inexorable. Ante el decurso de los acontecimientos, ante los últimos estertores de la fiera capitalista y ante la destrucción que se avecina, poco podemos hacer… O nada. Quizás tan solo nos esté permitido intentar el juego de lo paliativo volviendo la cabeza a…