Con José Manuel Caballero Bonald me sucede un poco lo que con Ángel González, que los leo buscando y encontrando ideas que ya habían estado en mi cabeza, de tal forma que resultan tan de mi gusto porque sus palabras son afirmación de mis ideas y de mis pensamientos más elaborados. El resultado de acceder a su lectura es ciertamente gozoso, casi como si estuviera hablando en profundidad con dos viejos amigos de camino y copas. Lo malo, lo peor de leerlos, es esa sensación jodida de no haberlo escrito yo primero. [“Esa común palabra que se olvida / con prenatal perseverancia / y en la neutra penumbra / de la imaginación insiste / en disiparse, se estaciona / en las más evasivas marañas / del silencio, / ésa es también / la tregua con que suelo / aplazar tu recuerdo cada día / y callo / en las inmediaciones / de encontrarme contigo como calla / la puerta que se acaba de cerrar.” –‘Temor a la impotencia’– J.M.C.B.]. La lectura que frustra por ‘envidia’ es siempre potencia de la escritura. ...
Bitácora de Luis Felipe Comendador