Siempre fui partidario del pragmatismo unido al pensamiento, de la validación de las ideas en sus efectos prácticos y reales [y no hablo solo del pensamiento científico –en el que ya se supone el trabajo de llevar a términos de uso lo pensado–, sino también del pensamiento ético]. Escribió Peirce que “toda la función del pensamiento consiste en producir hábitos de acción y que lo que significa una cosa es simplemente los hábitos que envuelve, lo que da lugar a la máxima pragmática, que no es otra cosa que concebir el objeto de nuestras concepciones considerando los efectos que pueden ser concebibles como susceptibles de alcance práctico. Así, la concepción de estos efectos equivale a nuestra concepción del objeto”… esto que parece tan difícil de entender en una primera lectura, se hace absolutamente fácil si nos centramos en decidir que un pensamiento es válido si se puede llevar a la práctica con eficacia y facilidad para mejorar el estado de los seres y las cosas en el mundo… se me p...
Bitácora de Luis Felipe Comendador