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Mostrando las entradas etiquetadas como SANTOS JIMÉNEZ

Ser el último pasajero del día en un autobús hacia ninguna parte [homenaje a Leonard].

Ser el último pasajero de un autobús vacío, como el hombre de Leonard intentado una huida a una villa pesquera americana en la Florida... y aparcar, como él, al borde de la arena, y tumbarme, porque de nada sirve predicar cada día, y fumarme un Lucky Strike esperando a las luces diminutas de los barcos o a que salgan las flores de sal para llevarle a Hitler. La mujer que ya no usa su sexo se imagina cosas, se imagina árboles penetrándola, se imagina un ardor extranjero que ya no existirá jamás, y lo sabe... pero se imagina árboles penetrándola... Blasfemé sonriendo, mientras recordaba que en mi pueblito hay una iglesia católica junto a la que los perros se emparejan y se quedan trabados mientras los chiquillos los persiguen riendo a carcajadas... La mujer que ya no usa su sexo no ha adivinado aún que de una vulva seca nacen malos pensamientos y que todo parece torcido en los estanques de la vida... se hace tierra baldía que ya no ofrece nada más que palabras vulgares cargadas con todo ...

Envejecer es esperar cada día un poco menos.

Llamada de José Luis Morante con el proyecto de acercarnos a los encuentros de Punta Umbría en Abril [¡¡¡Guay!!!], respuesta hermosa de Ramón H. Garrido [mil gracias, colega], invitación chuli de Isabelita Huete para verla en el Ateneo de Madrid y cierre de la exposición que coordina Marcela Lieblich para el CESIC [«Ciencia y Literatura» en el Espacio Sins Entido, que está en la calle Válgame Dios, nº 6, justo al ladito de Chueca], en la que participo cono autor junto a colegas como Luis Alberto de Cuenca, Santos Jiménez o Lara Cantizani. El resto del día, para olvidar. La felicidad se acerca más a quien es eficaz en lo suyo, pero también al que busca el vacío quitándole importancia a lo que no sea imprescindible para sobrevivir [en el fondo, este tipo también es eficaz en lo suyo]. Yo ahora me siento feliz despreciando al que considero que merece desprecio y queriendo con intensidad al que considero digno de aprecio. También soy feliz, profundamente, cuando intento pintar o cuando me ...