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Mostrando las entradas etiquetadas como FERNANDO R. DE LA FLOR

El fin del mundo y el día de la patrona de Béjar.

"Sauces al amanecer", un estudio de la luz de Emilio Pettoruti junto a mi cenicero. ‘El fin del mundo’, dijo, y se quedó tan pancho... pero a mí me melló, que soy cordado y se me hernian los discos a la altura lumbar... ‘El jodido fin del mundo’, insitió... y empecé a verlo mucho más claro. No, no era cosa de cometas que se avienen, era simplemente que cada uno tiene su fin del mundo y por eso hay millones de fines del mundo cada día... ‘Sí, cada jodido día’, dijo haciéndome eco, ‘pero hay otros fines del mundo que no son muerte ni la suponen, chiquitín’... y quedé como desvencijado por tanto puto fin del mundo retórico y sin retoricar... ‘Es lo que se fue, lo que pasó, lo que se gastó, lo que dejamos pasar, lo que no quisimos hacer, lo que hicimos... eso es, pero también otras cosas, también otras jodidas cosas’... y cuando me predisponía a intervenir con una parrafada intuitiva, una de esas a bote pronto, volvió a hablar... ‘Pero podría no estar hablándote del fin...

Algunos ecos de sociedad y un lingüisteo de poda

Ni soy lingüista, ni se me ocurriría serlo en otras vidas [siempre me pareció que complicar la facilidad lógica de un idioma pertenece al asunto de la filosofía más que al de la comunicación real], pero ayer me amagaron amablemente –como en un tic– dos hermosos profesionales de la lengua a los que quiero un montón [Nuria Benito y Fernando R. de la Flor] –hay que explicar que me amagaron porque yo puse corrección en una forma verbal, también como en un tic–... se arrancó Lucía, la hija pequeña de Nuria y Manolillo Ambrosio, a contarme un chiste de juego de palabras ... “Felipe, ¿qué le dice un jardinero a otro?”... yo hice el silencio cómplice de espera y Lucía continuó... “seremos felices mientras podamos”... y yo, como un resorte, respondí “mientras podemos”... y Fernando y Nuria, como dos resortes, me apabullaron... “¡mientras podamos!” [hay que decir, en su beneficio, que, a los cinco minutos, Nuria aceptó el ‘podemos’, ya que ‘podamos’ sería subjuntivo del verbo poder o presente de...

Esta tumba se me va quedando pequeña.

Es rotundo el otoño si apareces y casi se hace obsceno si desistes de morder el dátil que te ofrezco. Esta tumba se me va quedando pequeña, pues desde ella se divisan las cúspides de miel y todos los canales que te desinundan… y la espuma que dejan las barcazas por tus ríos. Es estrecha, pues no cabemos juntos, y eso la hace inhumana. Tendré que ir escarbando galerías y túneles con mis dientes encogidos para que brote el lecho donde el ímpetu sepa profanar la ceniza. Se niegan los poemas mientras Fernando me prefiere editor [es triste gracia], y busco en la resina la palabra ‘laurel’ para que haga el amor con ‘sicomoro’… y me miro las manos [que están en estos días como invernaderos] como si mordiese un limón verde, y las hago descender hasta mis piernas como hojas cayendo mientras pienso que llueven sobre ti y te enjoyan filtrándose en el pecho. Soy un huerto sembrado con añicos de espejo, una cabeza frágil sin guirnalda posible, la ráfaga de viento de ayer que levantó una falda, ese ...

Haciendo mis pinitos en las artes decorativas.

Tres días perdido en la hermosura caliente de la Sierra de Francia montando obra propia para decorar las habitaciones de un hotel lujoso y coqueto en San Martín del Castañar, y todo gracias a que mi buen amigo Josetxo Lami se enamoró de mi trabajo ‘Mira cómo te miro’ y le encontró una salida decorativa que es muy de mi agrado [no voy a contar lo putas que las he pasado para colocar la obra sobre las paredes recién pintadas, ni tampoco los juramentos que les he dedicado a los fabricantes de adhesivos rápidos]. El caso es que he pasado tres días de auténticas prisas, de agotamiento y de excitación, pues el trabajo debía realizarse con la zorola urgencia de inaugurar el hotel el próximo viernes. Al placer de colocar mi ojo derecho sobre cada una de las cabeceras de las camas se sumó el encontrarme de sopetón con Fernandito R. De la Flor y su hermosura de señora sentaditos en la plaza mayor de San Martín [donde tienen una casona que comparte el apellido de palacio con el de tesoro]… y con ...

La vida sigue al mismo ritmo que la muerte.

Van cayendo los días y también van cayendo las empresas al amor de esta jodida crisis. Esta mañana, sin ir más lejos, se me torcía el desayuno al saber que dos empresas fuertes de la ciudad me habían devuelto pagarés por cantidades importantes [una lo había hecho por quiebra y la otra por suspensión de pagos], lo que me dejaba con el culo al aire y con esa sensación agria de que no está en mi mano solución alguna. La cosa está en dejarme llevar y esperar a que los sucesos se tornen favorables antes de que la situación se torne insostenible… vamos, apretar el culo y aguantar el tipo para ver si los políticos toman las decisiones justas para que volvamos a tomar las riendas de la situación. Ya veremos. Y por lo demás, pues nada, que la vida sigue al mismo ritmo que la muerte, y la primavera alumbra colores que conforman un decorado que rechina justo detrás del teatro de los hombres. Y que debo acordarme de las visitas y el afecto de mis amigos durante los últimos días [la marcha de Magda...

Una de Aníbal...

Hermoso el viaje a la biliosa Helmántica para presentar los ‘Cartapacios’ de Aníbal Núñez. Hermoso porque pude abrazar de nuevo a Gonzalo Alonso Bartol y a Yolanda Izard, porque disfruté como un enano de la mimosa minusvalía de Fabio R. De la Flor y de la mirada a sus chicas guay, porque besé a Ana, a Amelia Gamoneda, a Nona y a Marina, porque sonreí junto a Paco Novelty, porque volví a admirarme escuchando a Fernando R. De la Flor y a Germán Labrador, porque charlé un ratito con el radiólogo de mi Mª Ángeles [me encantó cómo sentía el tipo y me llenó de orgullo que recordase como recordaba], porque una moza hermosísima me habló de Abraham Gragera con mucho cariño, porque me colgué del hombro de Marino González para reír juntos, porque volví a encontrarme en un ‘deprisa’ con Manolo el de Morille [qué tipo], porque me descojoné de ese Cid Lanzarote con cruz y espada… porque paseé –en fin– Salamanca a solas durante una hora mientras recordaba a Juanito Montero, a Iche, a Manolo Díaz Luis...

Los poemas muertos

Llega el día cargado de proyectos nuevos, esas cosas que salen de pronto y sin querer [historias que siempre llegan a la vez]: posibilidad chula de gestionar unos encuentros literarios, proposición de formar parte en una magra antología de poesía española, llamada del ayuntamiento de Salamanca para participar en un libro con otros once poetas con el fin de glosar el Palacio de Anaya, propuesta de exposición [me da miedo]… y todo ello sumado a que estoy metidito en editar una antología de poesía mexicana. Estas cosas me dan un poquito de oxígeno. Gracias a quienes las propician. A mí, lo que más me gustaría ahora sería hacer un largo viaje a Perú, un viaje en solitario para perderme entre sus ruinas. ¿Será posible? ••• Ya tengo claro que ‘yo escribo poesía’ [es una claridad tranquila], y si alguien quiere tomarla para utilizarla, pues estupendo… me da igual quién y cómo [antes me mordía las uñas por estas cosas, pero ya no, ya me da absolutamente igual. He madurado en eso]. Mis poemas d...

Una fotografía con mi hija y Ángel González.

A la hora de la comida se acercó hasta mí mi hija Mariángeles para darme un besote y entregarme una de las fotos que tiene pegadas en la pared de su habitación. Me emocioné, pues la imagen es una obra del amigo Luis Rodríguez en la que estamos juntos y abrazados Ángel González, mi hija y yo. Recuerdo perfectamente que la fotografía la tomó Luis en La Alquitara bejarana un ratito antes de que Ángel comezara su lectura emocionada y emocionante [yo tengo mi mano pintada de tinta china, pues acababa de realizar un dibujito en un ejemplar de ‘Travelling’ con el fin de regalárselo a ese pedazo de poeta. Recuerdo de aquel día que comimos en La Venta del Bufón junto a un numeroso grupo de amigos entre los que estaban Fernando Rodríguez de la Flor, José Luis Morante, Javier Sánchez Paso, Antonio Gutiérrez Turrión, Francisco Jiménez y Luis Rodríguez. Ángel, agotado de la noche anterior –bebimos como cosacos– se disculpó para echarse una siestecita en su hotel –el Hotel Colón– y Fernando R. De la...

Debo radicalizarme.

Despreciarlo todo para que empiece a llegar hasta mí de una forma limpia y sin dobleces, conseguir que nadie se conforme con lo que soy y tome hacia mí siempre el camino de la exigencia o el de la inexistencia. Debo radicalizarme para encontrar el cedazo en el que desaparezcan de mi mundo particular los tipos de medio tono y se queden los auténticos cercanos. Ayer tuve que soportar con/por educación al marido de una antigua amiga de mi mujer [a la que hacía más de veinte años que no veíamos] y acabé enfermo. Sus temas lineales fueron: 1. Teníamos que estar en la guerra de Irak porque a España le conviene el dinero norteamericano. 2. Aznar es el tipo más sensato, inteligente y patriota que ha nacido en este país. 3. Los socialistas son ladrones compulsivos. 4. Las últimas elecciones nacionales fueron un robo vergonzoso y manifiesto de los socialistas. 5. Yo te consigo créditos al euribor más cero coma cinco puntos. 6. Cuando suenan mis dos móviles en el todoterreno, conduzco con mis rod...

Zamora de botas altas con cremallera.

Me tomé mi tiempo de viaje buscando un par de horas libres para pasear algunos espacios salmantinos antes de recoger al bueno de Fernando R. De la Flor y al coleguilla Aníbal Lozano… Mirada discreta a la Casa Lys [tan de Aníbal Núñez…], paseo por el puente romano, ratito en el jardín Ibarrola, itinerario del puente modernista y lujuriosas miradas al río Tormes. Y un frío cabrón que se me metía en los huesos y que lo hizo todo más plástico… un café, unos minutos de espera y encuentro con mis amigos para continuar el viaje sobre un asfalto de palabras y recuedos A. N. [con nota emocionada de Aníbal Lozano sobre la última novela de Tomás Sánchez Santiago, con anécdotas deliciosas de A. N., con paradiña meona, con buen rollo y mucha complicidad]. Y Zamora estaba divina, llena de mujeres con botas altas de cremallera y pechos generosos [A. Lozano lo describe como si comiera pastelillos de crema], bañada en una cosa modernista que me traía a los ojos hermosísimas imágenes de Tamara de Lempic...