Hay un campo verde por detrás de mis ojos en el que siempre estoy tumbado mirando a las nubes... allí, un par de álamos son testigos mudos de mi sed y se presiente el río como una canción vieja... siento que una mujer nada desnuda en un remanso y que las sombras vendrán cuando atardezca... la mujer canta “Golondrina azul” y el pelo vuela sobre mis ojos movido por el viento... Esta es la sensación de leer a Joseph Brodsky a media mañana, mientras los hombres con sus máscaras van a recibir a la puerta de la iglesia a un Cristo presto para morir otra vez, como un disco rayado por el uso, y lo hacen con palmas trenzadas y ramas de olivo, acompañados de sus hijos pequeños. Yo no... yo estoy tumbado en ese campo verde, mirando a las colinas que hacen horizonte con mi frente, escuchando cantar a la mujer desnuda que ni siquiera presiente mi presencia. Han vuelto los cernícalos ayer y ya están anidando en los tejados, han vuelto a echar con ímpetu a los pájaros negros que ocuparon sus nidos en...
Bitácora de Luis Felipe Comendador