Albertito es presa de un jet lag que le deja dormir solo tres horas en su oriental camastro y se torna imbuido de esa cosa Tao Yan-Ming que toma a los viajeros de largos recorridos. Escribía Tao: Un huésped reside en mí, nuestros intereses no son completamente los mismos. Uno de nosotros está borracho, el otro está siempre despierto. Despierto y sobrio nos reímos el uno del otro, y no comprendemos el mundo del otro. Propiedades y convenciones, qué tontería seguirlas muy seriamente. Sé orgulloso, no estés involucrado, entonces te acercarás a la sabiduría. Escucha tú, viejo borracho, cuando el día muere, enciende una vela. Fíjate, Alberto, en lo que dijo Tao: “Sé orgulloso, no estés involucrado, entonces te acercarás a la sabiduría”. ¿Magnífico, no?, y tú lo sabes, lo sabes cuando me escribes eso de “considero más un triunfo que un fracaso el hecho de que se me ignore…”. Pero el hombre precisa que los otros hombres le pongan en valor por lo que hace o en vergüenza por lo que deja de hace...
Bitácora de Luis Felipe Comendador