Esta jodida Arcadia en la que a veces creo vivir me sale rana, pero insisto e insisto en su valor de lugar habitable donde ser y donde hacerme y deshacerme para lograr esa ‘bucólica’ virgilia que constantemente ha sido de mis ganas... pero siempre están las responsabilidades acechando... lo hijos, el trabajo, las deudas contraídas... todo como un nublado en el país de los cielos limpísimos. Con todo y con eso, creo que soy un verdadero privilegiado por el espacio que ocupo y por cómo tramito mi tiempo... y eso me hace relativamente feliz y hasta a veces me deja cierto regusto de serenidad. En mi Arcadia la vida es simple, pues cada persona y cada cosa ocupan su lugar sin estridencias... la vieja es vieja, las calles aparecen generalmente vacías [no vaciadas], el camarero es camarero y los sentimientos son verdaderamente localizables aunque no sean intensos... y así se vive bien, siempre mirando al monte de enfrente, que es un juego perfecto de estaciones con una transición suave de ver...
Bitácora de Luis Felipe Comendador