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"Formol con Havana 7" (13)

Rimbaud celebró su decimoctavo cumpleaños escribiendo un poema en prosa a la sombra de los tilos de un pequeño jardín público parisino. Un haz de luz cuajó el papel y el reflejo cegó al joven poeta, haciéndole percibir con nitidez que su obra contenía la exquisitez de los clásicos. Rimbaud supo entonces ver el exacto concepto de la poesía y acertó a medir el contenido de aquella revelación hecha de valor y esencialidad. Desde aquella señalada fecha, Arthur Rimbaud se dedicó a escribir el fuego y no su reflejo, avivando la llama a fuerza de inmediatez, de alcohol suave y hasch. Rimbaud celebró su decimonoveno cumpleaños regalándose un silencio eterno que resultó ser su mejor poema.

"Formol con Havana 7" (12)

A Michel Houellebecq le encantaba escribir en los tanatorios. Tomaba su máquina de escribir a primera hora de la mañana y se recorría todos los tanatorios de París buscando al muerto más llorado; cuando lo encontraba, sacaba unos folios de su vieja carpeta, se sentaba en cualquier rinconcito y comenzaba el rito de la escritura con su tac-tac-tac constante y molesto. El viernes pasado, mientras asistía al velatorio de mi amigo Pierre Robignac, escuché entre los llantos de la madre y las hermanas de mi amigo un nítido teclear. Busqué con la mirada. Era Michel escribiendo. Me acerqué hasta él y le pregunté por ese gusto tan extraño. Me contestó: «por lo general, al hombre no le gusta su cuerpo, lo odia, lo aborrece. Eso a mí también me ocurre, y por ello necesito la cercanía de la desaparición para escribir. La muerte deja todo lo imperfecto depositado en un ataúd como si de heces mundanas se tratara, y el contacto con las heces me inspira... De todas formas, amigo, si quiere que le diga ...

"Formol con Havana 7" (11)

Cuando Joaquín Edwards Bello escribió su novela «El roto», en Santiago de Chile corrían tiempos agitados. Esmeraldo era «El roto», un personaje educado al margen de la moral, hijo de Clorinda, la dueña del burdel «La Gloria». Y con él, Joaquín Edwards consiguió acusar con crudeza al orden social imperante. Pasaron los años y, un día de septiembre, en Madrid, un hombre tranquilo, Andrés Rábago, accede a la obra de Joaquín y queda impresionado por el discurso de «El roto», decidiendo apropiarse de ese nombre para firmar sus pensamientos filosóficos dibujados. Ayer nos hablamos por teléfono sobre un libro común. «El roto» estaba ausente por no sé qué movida de unos tipos sin techo ni alimentos que llevarse a la boca. No concluimos nada. Madrid es una bomba en estos días. © lfcomendador • Propiedad editorial de "de la Luna Libros".

"Formol con Havana 7" (10)

Cuando Charlie Musselwhite presentó su disco «Continental drifter» en la ciudad de la Habana, asistí con mi gran amigo Eliades al evento. Fue comenzar «Delicious», cuando en las mesas de madera de ocumen de La Casa de la Trova comenzaron a crecer prodigiosamente bugambilleas explosivas de color y de aroma. Una mujer de purito chocolate nos guiñaba las caderas y el son rociaba de sudor el fuego que era la noche habanera. Terminamos orinando en la calle, junto a un jacarandá majestuoso, mientras Charlie recibía un aplauso cálido y sonriente. Fueron lágrimas de orín emocionado. Era el Caribe. © lfcomendador • Propiedad editorial de "de la Luna Libros".

"Formol con Havana 7" (9)

Por pura casualidad, en mi último viaje a Duseldorf, tuve un encuentro con Rudolf Carnap. Lo más mágico es que nuestro encuentro se produjo en una salchichería a la que yo había ido a aprovisionarme de viandas típicas alemanas con las que compensar a mi familia por mis constantes ausencias. Le reconocí de inmediato y me presenté a la vez que le hacía llegar mi admiración por sus trabajos sobre el positivismo lógico. Carnap se ajustó sus lentes y me miró fijamente a los ojos mientras solicitaba unas piezas de buey que se mostraban desnudas en el mostrador frigorífico. - ¿Cómo me ha reconocido usted?, si yo apenas aparezco en público. Sólo mis trabajos se publican y, eso sí, en revistas especializadas. No supe qué contestarle porque, la verdad, nunca había visto su rostro, aunque sí conocía sus teorías. - Ha sido una especie de presentimiento, algo especial que ha pasado por mi cabeza cuando le he visto. - Entonces, amigo, no soy yo, porque, como usted sabrá, todo lo que no se ciña a la ...

"Formol con Havana 7" (8)

La carretera al norte era una recta interminable y yo le daba gracias a Dios por llevar el depósito bien lleno y un automóvil con aire acondicionado. A lo lejos, como un espejismo nadando en la evaporación del asfalto, una figura me hacía gestos sentada sobre un macuto militar. Me detuve. Era un joven con la cara triste y los ojos inteligentes. Le invité a subir a mi automóvil y continuamos viaje. El muchacho no paró de hablarme en todo el trayecto. Yo no manejaba todavía bien mi inglés y el acento norteamericano me lo ponía más difícil, por lo que sólo pude entender algunas frases sueltas, que el tipo había estado trabajando en Eaton y que ahora se dirigía hasta San Francisco para ver si encontraba algún trabajo en el sector transportes. Yo asentía a sus miradas y la cosa fue fluida hasta llegar a destino. Cuando nos despedimos, me dijo que yo también era un hermoso vencido, como él y sus mejores colegas. «¿Cuál es tu nombre?», pregunté. «Kerouac, Jack Kerouac, pero mis amigos me llam...