Ir al contenido principal

Entradas

Un discurso para nada

Soy sensible...

Sí, soy sensible también… ¿o qué creías?… soy sensible a la luz desacertada que toma dirección hacia mis ojos, sensible al frío gélido de ahora (me deja recistítico y doblado), sensible a una sonrisa bien trazada, sensible bien glotón a esos pasteles de yema y nata fría, sensible ante la pérdida (cualquiera), sensible ante el dolor propio o ajeno, sensible a un buen paisaje y a uno malo, sensible a un gran poema y a unas lágrimas, sensible a la razón del que no tiene, sensible al hambre de otros y a la propia, sensible si me miras, sensible a tu desprecio si lo asestas, sensible a los hachazos de mi banco, sensible a este abrumante deterioro, sensible a no tener lo que preciso, sensible a lo que digas si me afecta, sensible a un buen cigarro mientras leo, sensible (muy sensible) si viajo… y también soy bastante vulnerable a todo lo que hagan o que digan las personas que quiero con hondura… y soy mal encarado (de mí a mí) si percibo que juegan con mi tiempo, con mi afecto, con mi...

Esos amigos que no reaccionan...

Estoy un poco triste por la falta de reacción de algunos amigos, pero es culpa mía por exponerme a probarlos con un pequeño asunto editorial… en fin, es lo que hay… Hace unos días tomé la complicada decisión de publicar en edición solidaria mi último poemario, al que he puesto por título ‘Corre la voz’, y llevé a cabo cada uno de los pasos que he seguido con ediciones anteriores, pasos que siempre nos dejaron un pequeño éxito de ventas y una feliz reacción rápida de la gente que sigue mis enredos… siempre salimos airosos en tres días y la cosa dio para alimentar los pequeños proyectos de cooperación en Perú. La ‘cosa’ supone como único compromiso adquirir un libro al precio de 10,00 euros (más dos euros de portes) y tener opción a un dibu dedicado (ambas cosas no son importantes), por lo que rápidamente supuse que mi entorno de amistades reaccionaría rápido… incluso imaginé que lo harían más rápido que en las ocasiones en las que solo he participado como editor e impulsor… per...

El último mohicano...

El último mohicano, que se me apareció en el sueño de anoche, me miraba fijamente y sonreía porque, me dijo, todo es susceptible de mejorar, pero también de empeorar... y aquí siempre la mesa puesta, el jabón reposando en el platito del baño, los calcetines recién lavados y estirados en la mesa (éste con ése, aquél con el de más allá), la tele en stand by hasta el próximo lavado de cerebro, el mechero en el bolsillo izquierdo, la calefacción aguardando a que la cosa baje de dieciocho grados… el día y sus balizas más comunes… ya apenas encuentro pan de tahona y lo que era un buen roce entre vecinos, ahora es una fila en algún súper mirando a la cajera cómo arrastra tus compras con un gesto veloz hasta el depósito donde espera el carrito… balizas generales de esta pobreza nueva (muy distinta a esa otra que es más verdad y también más sonrisas a pesar de la nada)… ¿si envejezco y no muero, quién cuidará de mí? –me digo–, si no tengo futuro en los parámetros sociales de ahora mism...

57 años no son nada…

A primera hora me llamó mi hijo Yousouph para felicitarme y de pronto empecé a oír a los niños (Aisha y Seydou) cantar a dúo y a gritos… “ Cumpleaños feliz, chúpate la nariz, y si no te la chupas, chúpate un calcetín ”… y luego esas risas infantiles irrepetibles que resumen todo lo que he hecho en mi vida… y me digo… ‘esto lo hice bien, muy bien’… y siento cómo el tiempo utilizado no ha sido baldío, y sé que he crecido junto a otros hombres, que me he hecho como yo quería hacerme, que estoy y soy a pesar de los golpes constantes. Sí, sé que soy el perdedor, el hombre agotado en el medio absurdo creado por el error social y económico, el cuesta abajo, el de la ruina lenta e inacabable… pero también soy un tipo feliz y empeñado en dos o tres cosas capaces de sacarme del lodo con facilidad, un tipo que mantiene amigos y vínculos, un tipo capaz de obtener satisfacción de muchas cosas pequeñas que para otros pasan desapercibidas… y eso es mucho,  a qué mentirme… y también me si...

¿Qué tengo que no me tengo?

¿Qué tengo que no me tengo? –me pregunto– y luego me descyrano para hacerme un Melchior Sternfels von Fuchsheim de pacotilla –lo dicen mi pantorrilla, mi muslo con su muslera, mi ingle derecha y torera y mi nalga de asturcón–… ¿dije cartón?… no, qué coño, dijiste ‘asturcón’, madroño . El caso es que me despierto –medio muerto–, me desperezo y empiezo a intentar salir sin daño del lecho que hace el engaño de una mortaja de paño, pero que tan solo es lecho, con su catre y su colchón, con sus sábanas lamidas, con dos mantas ‘Mora’ heridas y un voluptuoso edredón… digo que me desperezo y dejo caer al suelo de baldosas frigorosas mi cuerpo desencorchado mientras me agarro los flancos para sujetar los trancos de este dolor que me habita… ya en el suelo, se me agita la mente del despertar –es decir, que el baldoseo enfría mi cuerpo reo y me entran esos ‘memeos’ que dan al desabanar–. Levanto mi brazo fuerte buscando un apoyo sólido, hago palanca y, estólido, busco en quince movimientos...

Un poema ciático.

No está la dulce Ipsitila en la casa, no está desde hace años. Recuerdo que me topé de golpe con el poema 288 de Catulo mientras era estudiante de Biológicas en la Universidad de Salamanca y sonreí como un chiquillo mientras corrí a leérselo a mi amigo Juanito Montero… luego llegaron Marcial, Ovidio, Giorgio Baffo, Aleister Crowley, Drummond e incluso Espronceda. La poesía erótica y pornográfica caló en mí de tal forma, que me hice coleccionista atento de poemas lúbricos y me encantaba leerlos en reuniones de amigos… pero hoy no está la dulce Ipsitila en la casa porque me duele la pierna como su puta madre por un azar pinzero y cabrón del ciático… oye, qué cosa… un dolor sordo y profundo que comienza en el centro de la cacha (llamémosla nalga) y  la rodea hasta llegar a la ingle para bajar a su bola por lo más profundo del muslo y anidar en el gemelo como un calambre a medias y continuo que no te deja andar… y menos pensar en otra cosa que no sea ‘tengo nalga, ingle, muslo...