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Transgrede...

Transgrede lo que puedas, que por más que te empeñes no hay alfombras para ti, viejo… poetiza el campanario de las piernas, la pasión de los trazos marcados en la espalda, lo que anula y convoca a la vez… lanza el dado de humo cada mañana y reparte por tus ramas los versos como pájaros negros recién posados.
Tú no eres de aquí, no perteneces a esta furia de tendones y lóbulos, no tienes la estatura ni sabes trajinar este equilibrio… déjate de ti y suelta el vómito blanco, viejo, que se enteren, que anoten en sus libretas forradas que no eres uno de ellos y que ni siquiera te dignas en combatirlos… busca el mar y orina en él, viejo, busca lo torcido y ríete del surco…

Estuve toda la noche a flote, Felipe, no se oía ni siquiera el zas de las rompientes de la costa. Pensé que me estaba alejando más que nunca y me dolió la garganta como un fuego. Me dejaba llevar, no braceaba. Los ahogados pasaban a mi lado como tristes naufragios y pensé en la cuchilla.
Al despertar, ya era tarde. Seguía en la orilla de acá.

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En fin, que sigo en el asunto de vivir y eso me gusta mucho… hasta el latido este que me reclama atención constante.
Hoy le pegué la última corrección al nuevo libro de Belencita, “Orden de alejamiento”, y vuelvo a dejar escrito que me gusta muchísimo su forma y su contenido. Espero que en un par de semanas esté listo para hacerlo llegar a sus manos…. y que me ha gustado leerlo con ese latidito de dolor, pues el poemario es de dolor entero… y muy intenso.
Luego, me dejé de mí [y del trabajo] y le busqué contenido a ese pum-pum… y m…

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