No sé... pero tengo hijos y ojos, algunas intenciones y dos o tres razones que apenas sufren cambios con los años... también tengo zapatos con cordones que atar, un verso entre alfileres y algunas deudas de tiempo que apenas me preocupan unas horas... y todo esto es la nada cuando veo a Alejandro en las imágenes recientes de los cerros... le enseñé a manejar mi camarota Nikon y tiró algunas fotos con la sonrisa entera en su cara de ángel... le encantaba ese click de los disparos y miraba asombrado las imágenes en la pantallita mientras su ego subía al percibir que los otros muchachos le miraban con cierta envidia... le pregunté... ‘¿quién es tu mamá?’... y se encogió de hombros sin perder su sonrisa hermosísima... una mujer me dijo... ‘no tiene mamá ni papá, señor, vive entre todos nosotros’... y nos sirvieron un platito de comida y un vasito de gaseosa (todo un lujo para celebrar mi llegada)... no podía decir que no, a pesar de que el plato estaba atestado de cebolla (nunca pude tragar la cebolla), e hice de tripas corazón tomando un par de cucharadas mientras, a mi lado, Alejandro devoraba su ración en un platito más pequeño que el mío... lo hacía con ese placer que da el hambre y se lo acabó en un minuto... y fue mi salvación, porque le ofrecí mi plato a Alejandro y le dio fin con la misma velocidad con la que había acabado el suyo... mi deseo imposible entonces fue agarrar a Alejandro y traérmelo a España como al hijo pequeño que sumar a los míos... me encendí de impotencia y, sin que se notara, derramé unas lágrimas de rabia... luego nada.
MAMA SANTA Carrera 46, Av. Las Vegas, Sabaneta, Colombia, 04 Llegar a Medellín y quedarte anonadado con el paisaje que envuelve la ciudad… Y cegado de belleza, descubrir que el paisanaje suma y se engrana con una acogida indescriptible que se hace patente en cualquier conversación de calle… Y disfrutarlo con hambre de comunicarse con todo el que se cruce en tu camino. Descubrir una tardenoche el encanto de Sabaneta, su ambiente de barrio feliz, el animado movimiento de la gente que lo vive alrededor del parquecito que hace de centro neurálgico de la vecindad cosmopilita… Y, ya el culmen, entrar en MAMA SANTA con intención de comer algo y descubrir a Eduard y a su mamá sentados en la mesita más cercana a la cocina, saludarlos y, sin más, sentirte uno más de la familia invitados a su mesa para degustar los platos más deliciosos que he gozado en mi viaje a Colombia mientras me alimentaba también de una conversación tan molona como los platos que me servían. Allí descubrí ense...
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