Doble o nada y viajar con un café en la tripa, con el lumbago puesto, hipotenusa, como un rico desnuevo en autobuses de casta comarcal, escolopendra... que se meta la noche sin fianza por la ventana al mundo que recorre los árboles en fila, y que no eche raíces, sin permiso, sin mutis por los foros, sin bici con ruedines... y sonando Massiel en la disquera... y paella en la curva bandolera con cocacola y pan... y unos cigarros mirando pasar coches y la luna... y un escondite al frío que viniera, debajo de una mina sin histerias... y cantar bingo a solas en esta dieta de ser por no haber sido ni siquiera un proyecto de ser... Doble o nada para este ‘punto es’ de mi barbilla y no mirarme más en los espejos de los ojos opacos que me miran y un nuncamás conmigo y el desagüe de todo lo anterior y el rifle al hombro (el de matar recuerdos y panteras) y un sinllaves por siempre y este difunto yo tan Tarantino, desahuciado de mí, tan sin fianza, tan con jersey, tan chinche, tan gualdrapa, tan cabreado del cura que en exequias dice que hay que alegrarse y somos barro y que eso reconforta y que no ha muerto porque ahora está con Dios... ¡maldito cuervo!... Doble o nada al buen gusto por la vida, a la sopa en la mesa, desplanchado, al no saber qué hacer y a los ‘porfines’ de todo lo que llega sin modales... Doble o nada contra este aburrimiento, contra este rutinario no ser nada, contra este no mojarse ni lloviendo a cántaros o a mares o a escupidas... Doble o nada contra este catecismo de hacer, como un meón, siempre lo mismo.
MAMA SANTA Carrera 46, Av. Las Vegas, Sabaneta, Colombia, 04 Llegar a Medellín y quedarte anonadado con el paisaje que envuelve la ciudad… Y cegado de belleza, descubrir que el paisanaje suma y se engrana con una acogida indescriptible que se hace patente en cualquier conversación de calle… Y disfrutarlo con hambre de comunicarse con todo el que se cruce en tu camino. Descubrir una tardenoche el encanto de Sabaneta, su ambiente de barrio feliz, el animado movimiento de la gente que lo vive alrededor del parquecito que hace de centro neurálgico de la vecindad cosmopilita… Y, ya el culmen, entrar en MAMA SANTA con intención de comer algo y descubrir a Eduard y a su mamá sentados en la mesita más cercana a la cocina, saludarlos y, sin más, sentirte uno más de la familia invitados a su mesa para degustar los platos más deliciosos que he gozado en mi viaje a Colombia mientras me alimentaba también de una conversación tan molona como los platos que me servían. Allí descubrí ense...

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