Sordos tartufos, ladinos, de inflamada polla mientras van a misa y miran las curvas de esmalte lunático de una viuda tierna… sordos de New Albany, en 1987, también ciegos de ese dios terrenal de los vientos calientes… sordos cándidos con su astrolabio sin usar en el aparador de casa, con una palangana en la que lavarse los pies cuando atardece, con una tisana de arce entre las manos y los ojos enfocando la nada por unos lentes redondos… sordos generosos de Kaş, entre miel y almendras, domados por el olor a jazmín, adormecidos por el lento vagar de las olas que no saben romper ningún vínculo… sordos macondos detenidos en aquella edad del hielo al peso, cuando los hombres eran verdes y las mujeres transparentes… sordos aluniceros con gomina en el pelo los domingos, con baraja española rinconete, con su risa de alud y un golpe pendiente cada noche… sordos de Pulp Weird Tales, hechos por arquetipos como el hijo del herrero de Cimmeria que esposó con una Zenobia par a la JRJ, astrados por su locura enferma de querer ser lo que jamás será… sordos de guindas al marrasquino Luxardo, como tu lengua a veces, delicada y dulcísima… sordos pitiusos para perderse en sus blancos insulares con olor a fragarias… sordos muy Sharon Tate, tan asesinaditos como abruptas secuencias Polanski… sordos de tutti frutti Little Richard, frenéticos, rockámbulos, hermosos… sordos tracios nadando el Evros desnudos, como evangelinas sin tutú… sordos vintages como mujeres andróginas, gordezuelas, blancas… sordos cismáticos de sí mismos, en tranquilo desacuerdo, buscándose en el error… sordos capaces, pero quietos… todos sordos de sí y hacia sí, del otro y para el otro… sordos naturales, displicentes, fantásticos… y dejándose hacer constantemente por el ruido que no oyen… sordos para el desastre total que ya se aviene, egresados a la vida para perderla sin remedio… sin remiedo.
MAMA SANTA Carrera 46, Av. Las Vegas, Sabaneta, Colombia, 04 Llegar a Medellín y quedarte anonadado con el paisaje que envuelve la ciudad… Y cegado de belleza, descubrir que el paisanaje suma y se engrana con una acogida indescriptible que se hace patente en cualquier conversación de calle… Y disfrutarlo con hambre de comunicarse con todo el que se cruce en tu camino. Descubrir una tardenoche el encanto de Sabaneta, su ambiente de barrio feliz, el animado movimiento de la gente que lo vive alrededor del parquecito que hace de centro neurálgico de la vecindad cosmopilita… Y, ya el culmen, entrar en MAMA SANTA con intención de comer algo y descubrir a Eduard y a su mamá sentados en la mesita más cercana a la cocina, saludarlos y, sin más, sentirte uno más de la familia invitados a su mesa para degustar los platos más deliciosos que he gozado en mi viaje a Colombia mientras me alimentaba también de una conversación tan molona como los platos que me servían. Allí descubrí ense...

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