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'Celos del viento'

A pesar del daño, que es grande y a veces insoportable, aún me quedan pequeños espacios para la felicidad. Hace unas semanas contactó conmigo uno de los editores que más admiro por su trabajo delicadísimo y su envidiable gusto estético (Segundo Santos) para solicitarme algún material mío que editar en su nueva colección "Manantial de papel". Sopesé la idea a partir de una maqueta de la colección que me hizo llegar por mensajería urgente y decidí rescatar varios dibujos de 'Por lo menos estás vivo" y aunarlos al amor de un haiku al que le tengo un cariño especial y que hasta hoy permanecía inédito. Hoy volvió a llegar el mensajero con un paquete sorpresa que contenía la delicia que os muestro en las fotografías... 'Celos del viento' ya es una realidad que verá la luz para el lector y el diletante el día 1 de septiembre de 2014, en edición limitada, numerada y firmada... os juro que llevo todo el día sonriendo y acariciando mi tesoro. Como digo, le e...

Decídeme...

© foto de Russell Lee Decídeme, como haces con las peras dulces cuando las llevas a tu boca, hazme presa en tus dientes de ocelote y tira de mis músculos con ansia, brújula de ojos grandes y un misterio de Gog en tus pupilas hartas de luz y noches… luego vete a dormir sobre los helechos verdes de la fronda, allí donde anidan los momentos de luz de Pisarro o Degas y los torvos ofidios afilan sus opistoglifos componiendo mil miedos… duerme como una madre, alerta a cualquier ruido, tensa como el arco que eres, pura mantis con sueño, luz felina hacia adentro, como una digestión. Yo, herido, rasgado de ti, seré harapo en las sombras, capibara vencido por tu hambre, crisálida pendiente del cremáster finísimo hecho por tu saliva, dependiente absoluto del arañazo próximo y el mordisco siguiente. Y este calor que arrasa y me deja sin aire… y ese infierno de al lado –a cualquier lado– que me hace dudar de mi conciencia, de mi ‘ser hombre’ junto a todos los hombres… quizás un largo vi...

Sordos...

Sordos tartufos, ladinos, de inflamada polla mientras van a misa y miran las curvas de esmalte lunático de una viuda tierna… sordos de New Albany, en 1987, también ciegos de ese dios terrenal de los vientos calientes… sordos cándidos con su astrolabio sin usar en el aparador de casa, con una palangana en la que lavarse los pies cuando atardece, con una tisana de arce entre las manos y los ojos enfocando la nada por unos lentes redondos… sordos generosos de Kaş, entre miel y almendras, domados por el olor a jazmín, adormecidos por el lento vagar de las olas que no saben romper ningún vínculo… sordos macondos detenidos en aquella edad del hielo al peso, cuando los hombres eran verdes y las mujeres transparentes… sordos aluniceros con gomina en el pelo los domingos, con baraja española rinconete, con su risa de alud y un golpe pendiente cada noche… sordos de Pulp Weird Tales , hechos por arquetipos como el hijo del herrero de Cimmeria que esposó con una Zenobia par a la JRJ, astra...

Hablando conmigo.

A veces tú y yo somos demasiados viviendo en el mismo lugar… 

Ya vuelven los esclavos a sus tumbas...

Ya vuelven los esclavos a sus tumbas y apenas han sacado provecho de su carne… pero no se sienten esclavos y en ese ‘no sentirse’ radica su pobreza. Vuelven al polvo viejo, a la tos, al diario dormir y despertar que les marca su tiempo de esclavísimos, a la sopa sin más y a ese pensar en que lo tienen todo de esa nada tangible de los afiches, los spots de la tele y los escaparates. Yo también soy uno más de ellos, un uno desdichado porque tuvo y no tiene, un uno despojado cada minuto de cada decimal intentado sumar con el curro diario, un uno que se sabe controlado, que se sabe con hilos que lo mueven, que se sabe capaz si tuviese un pequeño ápice de determinación, un uno como una bomba atómica a punto de estallarte en las narices, un uno singular al que no dejan ser, un uno absurdo desunido de cualquier otro uno que se acerque, un uno desquiciado con puños y potencia aún en los brazos, con ganas en el centro mismito de la entraña, con rabia y con ratitos de depresión profunda –...

Apunte para un poema.

Clepsídrame, mimosa de albornoz de rizo, assumpta de perfil, cláusula incierta de lo que ha de venir, gominola neoclásica y discreta (del mismo Minos)… clepsídrame con ese gota a gota que es puro caligrama, tan Tzara, tan épater le bourgeois , tan collage Dubuffet, tan Banksy en la pared que hace esquina hacia el bar… clepsídrame y déjame el bigote domador, la barba Trotsky y el sexo algo Duchamp… y hazme un relieve al gusto Khajuraho, Iakshí planetaria de silex y de piel, hazme un busto Rodin en diorita, un biceps femoral de acero corten y déjame sedente en la escalera… clepsídrame Ravel tan repetido en este tempo invariable en que te pienso, te pienso, te pienso… y cocodrilos, medusas, hipocampos, relleno de sostén, orzas, espátula, cal viva, tigres, tamarindos, masmédula sin más, cuello, razones, escorzo, niebla, arder y hasta feniletileno en un frasquito… y que lo abras despacio… y me evapore… clepsídrame y que el tiempo se detenga por esta falta de agua y me destiempe y me ...

Las cinco estaciones...

Primavera, verano, otoño, invierno y revolución… las cinco estaciones de Luis Vidales que necesita un pueblo, cinco estaciones bien marcadas con sus ciclos de nubes y tormentas, con sus calores agrios y su frescor de noche, con sus nieblas densísimas y sus caídas bruscas de temperatura. Me encanta la poesía hispanoamericana, y no solo la que hacen los popes latinos y los publicados, sino la que hacen los poetas escondidos en sus espacios vírgenes y tallados para la nada (dejo nota de algunos nombres de ‘unos’ y ‘otros’, hoy peruanos, para quien quiera buscar obra y leerla intentando buscar y sentir lo que yo he sentido… Emilio Adolfo Westphalen, Martín Adan, Xavier Abril, Carlos German Belli, Leopoldo Chariarse, Francisco Bendezu, Américo Ferrari, Carlos Oquendo, Sebastián Salazar Bondy, Blanca Varela, Javier Sologuren, Alejandro Romualdo…)… y así las cinco estaciones tramitando el cuerpo con su cadena enganchada al mundo (hay un librito -creo que ya inencontrable– que me ince...