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Entradas

Montse, Nacho y su pandilla de utópatas...

Yo no puedo con Montse y Nacho, porque me sobrepasan y me superan, porque me tienen ganado y perdido desde que los conozco, porque no he aprendido a decirles que no, ni sé cómo aprenderlo. Cuando algo se tuerce, los tengo aquí, justito a mi lado, empecinados e inconvencibles, armando guerras preciosas y metiéndose/me en líos locos. Yo sé lo que valen y sé cómo quieren, sé lo que intentan y me supera todo lo que consiguen –me supera y también me preocupa–. Yo solo sé que los quiero muchísimo, como a todos y a cada uno de los que siguen sus pequeñas utopías, y que me dejan siempre jodidamente en deuda –como todos y cada uno de los que los siguen y participan en esas pequeñas utopías–. Y yo solo quiero que sepan –que sepáis todos– que tengo una vida hermosa y colmada, que no me falta nada y me sobra casi todo, que soy un tipo feliz cada día, y que lo soy porque sé determinar qué es lo importante y lo que no tiene importancia, que soy un espécimen del primer mundo y gozo sus ventajas –ya ...

QUE YO ME VALGO...

Ahora que mi Mario camina y yo empiezo a gatear, con el deber incumplido y todo por barrer, con la sonrisa siempre –¿por qué no?– y un punto de angostura al fondo del paladar –como el mejor pisco–, siempre mejorando lo presente y medio ausente del trastodo…, me encuentro con que de un intento de disculpa, por mi falta de concentración, me achuchan los colegas con más fuerza que nunca y con más cariño que el que yo puedo procesar, y me jode un punto no tener palabras para el exacto agradecimiento, ni siquiera para hacerles comprender que no pasa nada y que fuera del cariño, que ése lo tomo hasta el último sorbito, debo ser yo quien tramite cada uno de mis fracasos, igual que gozo de mis tontos éxitos.  Saber que te quieren los colegas es la ostia sin hache, una ostia inexpresable, como ya he dicho, molona, erizadora, bruja, instigadora de alguna que otra lágrima de purita alegría… Todo debiera quedar ahí, porque así debiera ser para no obligarme a ‘obligarme’ y para no hacerme se...

¿CÓMO SERÁ MORIR?

Hoy, después de colocar los restos del naufragio mercadillero de ayer, me pregunté de pronto cómo será morir mientras hacía esa cuenta de años que te indica que empiezas a estar en esa cuerda floja mantenida en un extremo por el descenso físico y en otro extremo por el cansancio y la puñetera ataraxia. ¿Cómo cojones será morir? , me dije, si persisto en respirar a la vez que me fumo hasta los papeles de escribir, si no me quiero ir porque me falta tiempo para 'ser' lo que quiero 'hacer', si estoy llegando a una plétora de entendimiento que precisa meses y años para consumarse en los hechos precisos. ¿Cómo será morir dejando pendientes tantas cosas que quedan por hacer y deshacer? , me dije. Sé con certeza que no me da miedo la muerte (aunque solo pido que no duela) porque mi vida ha sido y es intensa, porque soy consciente de cada bocanada nueva de aire y la aprecio tanto que sé gastarla con ganas, porque intento cada segundo darle sentido a la vida, porque me agoto de...

MATABUELOS

Se despertó matabuelos y apoyó su cabeza en mi pancita. Yo estaba grogui, pero enseguida le acaricié con mi mano derecha y noté que el pañal estaba a tope. Fue entonces cuando levantó su cabeza y la acercó hasta mi cara. Me miró con curiosidad y yo le hice un gesto infantil al que respondió con una sonrisa indescriptible que mostraba sin pudor sus cuatro dientecillos. Apretó su mejilla a la mía y le besé no sé cuántas veces, hasta que se zafó y empezó a darme pellizquitos en el pecho –él muestra su cariño siempre con pequeños pellizquitos–. Volvió a sonreírme y dijo algo incomprensible con gesto interrogativo, como invitándome a jugar. Yo encendí la tele con el mando y él me lo quitó de las manos. Se quedó extasiado mirando los anuncios durante un minuto y luego empezó a cambiar los canales como un poseso hasta que desconfiguró la tele, que quedó con un mensaje de alarma. Entonces matabuelos me miró a los ojos y se lanzó con fuerza hasta mi moflete derecho para darme un beso. Yo pen...

ENTRE VÓRTICE Y GURRUÑO

ENTRE VÓRTICE Y GURUÑO. Ya andaba yo entre vórtice y gurruño cuando llamó el ciático a la puerta. Le dije que no estaba, pero, sin más, se alojó entre la rodilla y el costado, pasando por la ingle, y lo hizo como entró Pedro por su casa. Así pasé de lo derecho a lo torcido y de lo recto a lo quebrado. Fue entonces cuando reaccionó esa zona de mi cerebro en la que habita la atención, y de atender a lo exterior con ganitas pasé a poner foco constante al costado derecho, a la cadera derecha, a la ingle derecha y al interior del muslo derecho. Luego apareció esa cosa genética que heredé de mi madre: "si te duele, te ríes"... Así que entre risa y risa empecé a hacer esa rara ceremonia (que es como un galanteo de las aves del paraíso) de sentarme y levantarme con giros extraños y con esos 'sí, pero no' tan comunes a los ciáticos. Como soy un cliente fijo del pinzamiento molón y ya sé cómo encontrarle las cosquillas al asunto, paseé con cuidado por la imprenta –siempre ap...

NO SOY UN TIPO DE VERANO

No soy un tipo de verano. No lo he sido nunca, porque mis ojos claros se ciegan con la luz y me siento molesto y como amordazado, pues cuando no puedo mirar con foco y con contraste, tampoco me crecen las palabras. No soy un tipo de verano porque me quema el sol y mi piel blanca se cierra en escozor. No soy un tipo de verano porque me apisonan el ánimo los tumultos, las terrazas sin un lugar donde ponerme a orear, lo tipos despojados de obligaciones durante quince días jugando a la comparación con quien se cruzan. No soy un tipo de verano porque sudo y me agoto con cada grado, porque me cruzo de pronto con muchachos repletos de alcohol –o de lo que sea– saliendo de alguna fiesta y no entiendo nada. No soy un tipo de verano, y por eso me encierro en el averno de mi estudio huyendo del averno a ahí afuera y juego a ser Andrés Dorantes de Carranza en el Golfo de México, Tamerlán en Bagdad, Ciro el Grande en Sippar, Alejandro en Panyab o Trajano en Armenia. Sufro duros naufragios, acost...

Te invito a desayunar...

Te invito a desayunar, le dije, y se quedó perplejo, como si no entendiera que un tipo como yo, caucásico y primermundero, se acercasé a él sin conocerle y le ofreciera un café con churros. Aceptó con una sonrisa y su cara de hambre troco en satisfacción. Yo pedí un café con leche y un par de churros y él hizo un gesto con la cabeza para pedir lo mismo. Le indiqué al camerero que le sirviera dos porras y volvió a sonreírme. Tardó un par de minutos en beberse el café y envolvió las dos porras con unas servilletas. – Muchas gracias, señor. Yo las llevo a la casa si a usted no le parece mal. Mi esposa no ha comido nada desde ayer por la mañana, solo comió la niña un huevito al mediodía y un vasito de leche por la noche. Les llevo las porritas para que se las coman. Van a ponerse bien felices. Mientras hablaba, el camarero puso sobre la barra una tortilla de papatas recién hecha. Le pedí que hiciera tres bocadillos de aquella tortilla y que me los preparase para llevar. El hombre so...