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Cuando la insatisfacción llega a un vínculo

Yo, que siempre he sido un solitario visceral en lo relativo a ciertos aspectos de mi vida, no acabo de entender bien que, cuando la insatisfacción llega a un vínculo, no seamos capaces de mirar con simplicidad y tendamos a hacerlo todo complejo.
La vida no es bonita si no nos dejamos querer por ella, si nos enredamos en poner tropiezos donde no existen más que voluntades simples y capaces de la sinceridad.
El amor, por ejemplo, es absolutamente cabrón si no has madura, es capaz de destruirte y destruir todo lo que tienes alrededor si no tienes el temple de respirar y ver con tranquilidad lo que tienes, lo que das y lo que se te está dando. Lo demás es accesorio, un accesorio jodidamente puñetero y capaz de romperlo todo para dejarlo en nada. Amar es darse y saber recibir, entender al otro y saber buscar siempre el término medio capaz de la satisfacción común. Pero, equivocadamente, todo se plantea como una guerra en la que alguien tiene que salir como vencedor con esos yo te quiero m…
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Suicidas

No sé por qué, esta tarde me dio por pensar en todos los suicidas que pasaron cerca de mi vida. Haciendo memoria, me salen dieciocho desde aquel primero de los tiempos de la discoteca Alekos hasta estos casi sesenta años que cabalgo. Pensándolo bien, son muchos, muchísimos suicidas cercanos para un tiempo tan corto y en un espacio tan pequeño (los dieciocho doblaron por su voluntad entre Béjar y Salamanca). Ésos, los que me tocan y recuerdo, que habrá otros muchos que se me olviden o que no me llamaron la atención en su día.
Hace años indagué con cierto encono en el trasunto de los poetas suicidas (fruto de aquella preocupación extraña nació un poemario que titulé 'Paraísos del suicida' y que tuvo su tiempo con buena aceptación y hasta con confusiones casi panegíricas –panegíricas para mí, claro–) y recuerdo que mi conclusión entonces fue que la mayoría de los poetas suicidas tomaron una decisión valiente, cuando no de una estética casi gloriosa hacia el después. Muchos de ell…

Escupiré sobre vuestra tumba

Ayer volvi a leer Escupiré sobre vuestra tumba, de Boris Vian, y enseguida se me vino a la cabeza la imagen del 'buen negro', ese tipo servil que profesaba admiración por sus amos blancos, y el enorme parecido con este 'buen blanco' de hoy, tan despreciable, que sigue aupando a sus amos mientras le humillan y le roban todo, absolutamente todo. El acierto de Boris Vian en esta obra, bajo mi humilde punto de vista, no es otro que el de tratar un tema digno del asco, cuando no del horror más insoportable, con un lenguaje que toca el sadismo para desconcierto del lector y que está exactamente a la altura de los sucesos reales que, aún hoy día, son de uso corriente. Me gusta mucho esa franqueza literaria de Vian, esa sinceridad lingüística y el enorme valor de utilizar un correlato par a la asquerosa realidad que se recrea.
Leyéndolo, pensé enseguida en esa venganza que el pueblo tiene pendiente con los banqueros, con muchos políticos y con todos esos ladrones de vidas que …

Todo fluye al ritmo exacto que marcan quienes no tienen conciencia.

No hay remedio. Algunos encuentran la dignidad en un acto final y otros, siempre dignos, viven un desencuentro por minuto. También hay quien jamás sabrá qué es eso (la dignidad). El caso es que discurren los días y todo fluye al ritmo exacto que marcan quienes no tienen conciencia. En lo general, les tocan los cojones el cambio climático, el hambre, la sed, las enfermedades venidas de la pobreza, la dolorosa diferencia en cualquiera de sus aspectos negativos..., y se creen inmortales porque sus monedas los hacen creer inmortales. Oye, que muere un rico y todo es perplejidad, llantos y loas, mientras que en el mismo instante han muerto mil pobres que a veces no merecen ni una lágrima cercana.
Nacer es un azar bastante cabrón, sobre todo si naces donde no hay ni va a haber nunca, y morir termina siendo un jodido descanso. Me duelen esos padres que se empeñan en que su hijo sea médico o dentista y les soportan veinte años de carrera (porque pueden) y esos otros padres que, sabiendo que s…

La soledad del corredor de fondo

Recibo sorprendido llamada de un buen amigo:

- Felipe, no sé si sabes que por segundo año consecutivo se te ha propuesto para el título de ciudadano ilustre y se lo han dado a otra persona.

- Muy bien –respondo–, siempre se agradece que alguien se acuerde de uno.

- Ya, pero es que me parece que el asunto no resiste la comparación, amigo. Este año se lo han dado a una buena profesional, a tu amiga Teresa, que sé que la quieres mucho, y el año pasado al Centro de Alzheimer.

– Mira, yo me alegro mucho por ellos, de verdad, pero el asunto me resbala totalmente, me da absolutamente igual.

– Pero a mí me gustaría que la gente supiese lo que has hecho en Béjar, lo que has intentado y lo que has conseguido.

–Yo creo que estás equivocado, colega. Lo que yo haya hecho con éxito o sin él, no lo he hecho por Béjar ni por los bejaranos. Faltaría más. Lo he hecho porque me apetecía, porque me lo pedía el cuerpo o porque me salía de los cojones y ya está.

– Ya, si te entiendo, pero no me parece justo.

– A m…

16 días sin Mario

Otra semana más y me deshago mirando tus mohínes por el móvil (hasta whatsapp ya me parece humano), tus sonrisas dormido tomadas con amor por esa atrapasueños que es tu madre, tus bostecitos leves, cada después del baño o la comida, algún abrir de ojos que me hace escudriñar en tu futuro e imaginar que miran a los míos para decirme fijos que son tuyos. A ratos llega gente con regalos que son fruto precioso de amistad y de afecto. Te quieren, Mario, y aún no te conocen (hoy te llegó un chupete, que me encanta, en el que se te nombra 'humanista pequeñito'). Y yo me pongo triste porque no tengo tiempo para estar a tu lado, y luego me contento imaginando todo lo que podrás ser y hacer, tus manos primorosas aprendiendo a entregar y a recibir, tus ojos ávidos dispuestos a mirar con criterio al mundo y a sus cosas, tu posibilidad aún sin estrenar... Sueño que haremos algo juntos y te sentirás grande a mi ladito, que sentirás con ímpetu las ganas de vivir y pondrás en mi frente una di…

Ocho días sin Mario

No sé cómo explicar que el decurso vital me sujeta al espacio que habito, que los proyectos urgentes me requieren al pie del cañón y que el trabajo de mierda que tramito a diario me impide hacer exactamente lo que debiera hacer. Cada día recibo fotos y vídeos de Mario: durmiendo, recién bañado, antes y después de la toma, tumbado como un rey con su pañal como único vestido..., y presiento a mi niño abrigado por sus padres, cuidado hasta el más mínimo detalle; pero me siento mal por no estar allí cada cinco minutos para contemplar su sueño, para asombrarme con cada uno de sus gestos o para colocar uno de mis dedos en su manita y sonreír mientras lo aprisiona levemente.
En todo caso, pienso en que sus padres ahora necesitan espacio, que nadie los moleste, y eso me calma un poquito..., y también me calma el tener muy claro que todo lo que hago también lo hago por Mario, para que algún día sepa que ser humanista es el camino correcto, que trabajar para un futuro con dignidad es un buen pl…