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¡Despertad!

Ayer, mientras veía un documental de Greenpace sobre la Antártida, una de las personas que participaban, refiriéndose a una alta reunión de ministros de los países del primer mundo, dijo algo así como: ‘…mientras hablaron de cambio climático y de la necesidad de hacer algo, parecía que todos estaban de acuerdo, hasta que se hizo un silencio y comenzó la política. Entonces el acuerdo se rompió sin más, sin explicaciones de cada voto negativo’. ‘Hasta que comenzó la política…’. Y es que padecemos una casta de políticos infames a nivel global que está sostenida por las grandes compañías, por la banca, por las farmacéuticas, por los sátrapas del petróleo y la pesca a gran escala… Los votamos en un acto de pretendida democracia y jamás sirven a los intereses generales, que siempre debieran ser intereses humanistas, pues tan solo lo hacen en favor de quienes mueven los hilos económicos mientras ‘descartan’ a más de medio mundo y explotan al otro medio. Me parece insultante su desprecio a la
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Soy un hedonista feliz

Cada día soy más de la fórmula hedonista de moral que enunció Nicolás de Chamfort y que reza: “Goza y haz gozar, sin hacer daño ni a ti ni a nadie, he aquí toda moral”, y lo soy porque cada día entiendo menos el ‘sacrificio’ personal anudado a los perfiles de sufrimiento, eso del ‘sufro para salvar’ me parece un absurdo propio de quienes pretenden confirmarse –afirmarse– como ‘héroes’. Gozar salvando sería mucho más adecuado, pero, claro, si gozas en el proceso de salvación, lo de ‘héroe’ lo llevas bastante complicado, dado que la heroicidad precisa indefectiblemente del sufrimiento para el gozo. La vida nos pone ante el mundo y nos reclama actitud en el paso. Desde este punto, puedes plantearte se un ‘triste’ y armar tus estrategias como tal, llenándolo todo de seriedad y esfuerzo trabajado (sufrido), intentando así ‘ser’ sin gozo del paso o solo con el gozo del posible reconocimiento a futuro. Por otra parte, puedes plantearte gozar de todo lo que se pone ante tus ojos y hacerlo con

Esas preguntas nuevas, coño.

¿Cuál debe ser la dosis vacunativa contra el afirmacionismo negacionista?, ¿y contra el negacionismo afirmativo ponderado? ¿Qué cepa virulenta es la más indicada para el nepotismo de rebaño? ¿Hay respuestas mitocondriales interactivas capaces de desnublar las mentes de los tertulianos procovidtarras? ¿Por qué se respira mejor en las UCI’s que en el campo abierto? ¿Las terceras olas son de marea alta o de marea baja?… ¿Y las segundas olas? ¿Dios tiene que ver algo en todo esto?… ¿Y Iker Jiménez? ¿El cáncer ya no es para tanto?… ¿Y los infartos?… ¿Los anticuerpos aplanan las curvas o las enderezan?… ¿Y los anticuervos? ¿La asintomaticidad es un bulo o una bula? ¿Cuarentenas de quince días o quincentenas? ¿Cómo se desescala una curva en un estado de alarma con toque de queda y sin crampones? ¿Cuál es la tasa de gel hidroalcohólico para poder conducir sin problema? ¿Se incuba la inmunidad o se sucuba? ¿La nueva normalidad será más de rebaño o menos? ¿Los virólogos son personas normales o s

Tener un Felipe en mi vida...

Tener un Felipe en mi vida es una de las mejores cosas que me han pasado. Con orgullo puedo decir que a mi lado ha crecido hasta hacerse un hombre digno, cabal, completo, sensible siempre con los demás, cariñoso, comprensivo y, sobre todas las cosas, una bellísima persona. Estoy muy orgulloso de mi hijo. Siempre juntos. Pero qué bien conjugaste siempre el verbo 'querer'. Gracias por ello, mi chico.  

Una entrevista que nunca se publicó

Hace un par de años que me llamaron de Madrid para hacerme una entrevista. El periodista que me visitó fue encantador y pasamos una mañana muy agradable. Me entrevistó y me envió esta prueba de la entrevista por si deseaba corregir algo... Y hasta hoy. Nunca supe más. ••• Hablamos por teléfono y me pareció un tipo entrañable –ya estaba avisado de que lo era, pero siempre dudo hasta poder comprobarlo–. La voz un poco oscura, como acatarrada, me invitó a visitarle en su imprenta y no dudé en aceptar su invitación. Concertamos fecha y hora, y ése fue el punto de partida para empaparme de sus escritos y de sus cosas con el fin de llevar preparada una entrevista que no le decepcionase a él y que me colmase a mí. Pasaron los días y juro que, a medida que leía, me iba dando cuenta de que no tendría tiempo suficiente, pues LF es un escritor poliédrico, indefinible y cambiante al que no soy capaz de ubicar en un estilo, en una forma o en una tradición. Leía y leía, y los saltos al vacío eran co

¡A la mierda!

Ahora resulta que la muerte existe y no habíamos caído ni en su ser ni en su estar. ¡Vaya! Y también acabamos de descubrir que los muertos de ahora son distintos de los de antes, incluso que algunos muertos de ahora son contabilizables y otros no, hasta el punto de que quienes tramitan las muertes contabilizables tocan el mármol de los héroes y los otros no. Esto es una mierda pinchá en un palo traída por los que nunca supieron tramitar la educación en términos de humanismo y no en términos de competencia. Morirse es normal, como vivir. Recuerdo ahora al doctor Piñuela, un bejarano de la época de la invasión francesa que dijo descubrir un específico contra el cáncer. Su problema consistía en que todos sus pacientes pasaban de tener la ‘sangre oscura’ a la ‘sangre clara’, pero se le morían siempre en el proceso curativo. Piñuela decía que su avance consistía en que morían sin cáncer, que ya era mucho, pues eran muertos de otra clase, una clase que a él le llenaba de un mérito absurdo. N

Que ya les vale, coño...

Han pasado ya dos semanas y sigo sin llorar, con la sonrisa de mi madre colgada de los ojos y con toda una serie de gabelas devenidas de la desaparición. Debo contar algo al respecto, porque me consta que le sucede a mucha gente que ha pasado por un proceso similar. En noviembre, después de mucho papeleo, logré enviar la solicitud de ayuda a la dependencia para mi madre. Me contestaron a los tres meses de que había sido aceptada y que en breve recibiría la visita de un trabajador social para valorar a mi madre. El tiempo pasó y la dependencia de mi madre era cada vez mayor, por lo que realicé algunas llamadas, tanto a la oficina de Diputación (que siempre me indicaban que era cosa del servicio municipal por la zona en la que habitan mis padres) y a los servicios sociales municipales, de los que solo recibí promesas y jamás pisaron la casa de mis padres. Al final, justo tres días antes del fallecimiento, se presentó un trabajador social de Diputación (un buen tipo, amable y comprensivo