Ir al contenido principal

Entradas

¿Lo peor que me pueda pasar?…

¿Qué es no poder pagar el IVA comparado con no tener un pedazo de pan que llevarse a la boca o pasar los días sin techo y sin esperanza alguna? Pues que no poder pagar el jodido IVA es una suerte inmensa que ya desearía el 70 % de la comunidad humana como su mal mayor. El sistema colapsa desde hace unos cuantos años y los colapsos del sistema acaban siempre con las civilizaciones dominantes (es ley histórica y hasta prehistórica), y no hay nada que se pueda hacer cuando el colapso arranca, nada que no sea esperar a que los coletazos del poder se lleven por delante lo menos posible y que el daño capacite a los dañados para arrancar de nuevo. El proceso es largo y llevará varias generaciones de tiempo, pero estoy convencido de que es inexorable. Ante el decurso de los acontecimientos, ante los últimos estertores de la fiera capitalista y ante la destrucción que se avecina, poco podemos hacer… O nada. Quizás tan solo nos esté permitido intentar el juego de lo paliativo volviendo la cabeza a…
Entradas recientes

Como una sed

Para la mayoría, vivir es como una sed que nunca quiso saber que el hipogeo es solo catacumba, y empeñarse en seguir a pesar de las taras y los ecos, pensando siempre en que tu tumba permanecerá vacía –cenotafio– porque tu porte es ad infinitum y más allá no importa. Así las cosas, a qué negarlo, ‘tener’ es importante, tanto como atesorar y engurruñarse avaro apretando tus cosas. Es un canon erróneo, no lo dudes. Vivir, a mi modo de ver, en esta sociedad que ya colapsa, consiste en poner en riesgo la vida, que no es otra cosa que aportarle valor de final y satisfacción de paso, y jugar a que las ‘cosas’ sean manejables, intercambiables y capaces de una felicidad común y compartida. Vivir es detallar la amanecida en los ojos despiertos, agotarse en la noche con un asonrisa de satisfacción, reír como en un cuarto de espejos en el que las sonrisas se multiplican, abrazar y que te abracen, entregar los minutos y las horas a una normalidad justa en la que la competencia solo vibre en términ…

Por donde piso, antes cagaron las palomas…

Por donde piso, antes cagaron las palomas… Es por eso que soy consciente del decurso de mis pasos, de dónde vengo y hacia dónde voy… Es por eso que sé que cada paso va a dejarme trazado por ese guano primigenio que me hizo hombre y que va a deshacerme. Ser consciente de estar ocupando el espacio defecativo de las aves me hace más vitalmente mortal y me otorga cierta serenidad de ánimo para acometer el paso siguiente. Y es que no somos mucho más que parte del detritus, pero sobre todo no somos las absurdas normas que nos autoimponemos, la moral que nos aprieta ni las ridículas obligaciones a las que nos sentimos atados. Y es que nunca podremos ser engranaje, porque somos azar puro, un azar marcado por el empecinamiento de ser más y mejor siendo menos y peor.
Por donde piso, antes cagaron las palomas… Y seguirán haciéndolo después de mi paso.
También después del tuyo.
En el entretanto, no se me ocurre una opción mejor que el humanismo y la sonrisa.

Montse, Nacho y su pandilla de utópatas...

Yo no puedo con Montse y Nacho, porque me sobrepasan y me superan, porque me tienen ganado y perdido desde que los conozco, porque no he aprendido a decirles que no, ni sé cómo aprenderlo. Cuando algo se tuerce, los tengo aquí, justito a mi lado, empecinados e inconvencibles, armando guerras preciosas y metiéndose/me en líos locos. Yo sé lo que valen y sé cómo quieren, sé lo que intentan y me supera todo lo que consiguen –me supera y también me preocupa–. Yo solo sé que los quiero muchísimo, como a todos y a cada uno de los que siguen sus pequeñas utopías, y que me dejan siempre jodidamente en deuda –como todos y cada uno de los que los siguen y participan en esas pequeñas utopías–. Y yo solo quiero que sepan –que sepáis todos– que tengo una vida hermosa y colmada, que no me falta nada y me sobra casi todo, que soy un tipo feliz cada día, y que lo soy porque sé determinar qué es lo importante y lo que no tiene importancia, que soy un espécimen del primer mundo y gozo sus ventajas –ya …

QUE YO ME VALGO...

Ahora que mi Mario camina y yo empiezo a gatear, con el deber incumplido y todo por barrer, con la sonrisa siempre –¿por qué no?– y un punto de angostura al fondo del paladar –como el mejor pisco–, siempre mejorando lo presente y medio ausente del trastodo…, me encuentro con que de un intento de disculpa, por mi falta de concentración, me achuchan los colegas con más fuerza que nunca y con más cariño que el que yo puedo procesar, y me jode un punto no tener palabras para el exacto agradecimiento, ni siquiera para hacerles comprender que no pasa nada y que fuera del cariño, que ése lo tomo hasta el último sorbito, debo ser yo quien tramite cada uno de mis fracasos, igual que gozo de mis tontos éxitos.  Saber que te quieren los colegas es la ostia sin hache, una ostia inexpresable, como ya he dicho, molona, erizadora, bruja, instigadora de alguna que otra lágrima de purita alegría… Todo debiera quedar ahí, porque así debiera ser para no obligarme a ‘obligarme’ y para no hacerme sentir ‘m…

¿CÓMO SERÁ MORIR?

Hoy, después de colocar los restos del naufragio mercadillero de ayer, me pregunté de pronto cómo será morir mientras hacía esa cuenta de años que te indica que empiezas a estar en esa cuerda floja mantenida en un extremo por el descenso físico y en otro extremo por el cansancio y la puñetera ataraxia. ¿Cómo cojones será morir?, me dije, si persisto en respirar a la vez que me fumo hasta los papeles de escribir, si no me quiero ir porque me falta tiempo para 'ser' lo que quiero 'hacer', si estoy llegando a una plétora de entendimiento que precisa meses y años para consumarse en los hechos precisos. ¿Cómo será morir dejando pendientes tantas cosas que quedan por hacer y deshacer?, me dije.
Sé con certeza que no me da miedo la muerte (aunque solo pido que no duela) porque mi vida ha sido y es intensa, porque soy consciente de cada bocanada nueva de aire y la aprecio tanto que sé gastarla con ganas, porque intento cada segundo darle sentido a la vida, porque me agoto de f…

MATABUELOS

Se despertó matabuelos y apoyó su cabeza en mi pancita. Yo estaba grogui, pero enseguida le acaricié con mi mano derecha y noté que el pañal estaba a tope. Fue entonces cuando levantó su cabeza y la acercó hasta mi cara. Me miró con curiosidad y yo le hice un gesto infantil al que respondió con una sonrisa indescriptible que mostraba sin pudor sus cuatro dientecillos. Apretó su mejilla a la mía y le besé no sé cuántas veces, hasta que se zafó y empezó a darme pellizquitos en el pecho –él muestra su cariño siempre con pequeños pellizquitos–. Volvió a sonreírme y dijo algo incomprensible con gesto interrogativo, como invitándome a jugar. Yo encendí la tele con el mando y él me lo quitó de las manos. Se quedó extasiado mirando los anuncios durante un minuto y luego empezó a cambiar los canales como un poseso hasta que desconfiguró la tele, que quedó con un mensaje de alarma. Entonces matabuelos me miró a los ojos y se lanzó con fuerza hasta mi moflete derecho para darme un beso. Yo pensé …