lunes, septiembre 08, 2014

...y aguarda...



Dibújame tu paz en las arruguitas gestuales de mis ojos… o tus guerras pequeñitas, que da igual si es tu mano la que traza… posa tus dedos como labios en mis mejillas y deja que deslicen como culebrillas nerviosas por mi rostro… mírame fijamente mientras tanto… a los ojos, en los ojos, con los ojos… y aguarda.
La costurera del cuadro ‘Los paraguas’, de Renoir, me mira preguntando, casi me taladra mientras le da lo mismo la lluvia y se recoge el vestido con una elegancia inigualable… es un rostro perfecto en el que me detengo con mucha frecuencia, un gesto dulcísimo y quizás algo triste, pura belleza que golpea y busca toda la pasión que contengo… que me miren así todo el día es lo que quiero y que el resto no exista, como el atento caballero que busca en el cuadro la atención de la chica… algo parecido me sucede también con ‘La chiquita piconera’, de Julio Romero de Torres, o la mujer de ‘The dream’, de Tamara de Lempicka…

Mírame como la costurera de Renoir, como la piconera y como la mujer de sueño Lempicka… funde esas tres miradas para mí… y aguarda.




Sin dientes.



Mis cuatro incisivos superiores saltaron por los aires en 1972… estaba jugando un partido de baloncesto y, en un salto, me hicieron la cama y caí de cabeza, quedándome sin esas cuatro piezas dentales tan necesarias con catorce años. La verdad es que entonces fui un héroe entre mis amigos, pues aquella circunstancia de lucha en la zona por atrapar un balón le aportaba a mi accidente cierta historia épica que sonaba muy bien entre los muchachos… ¡Joder, Pipe, qué cojones tienes!, me decían… y yo me sentía fantástico, a qué negarlo… pasé varias semanas sin dientes y sin vergüenza por no tenerlos (gracias a la admiración que aquello produjo) y tuve que hacer múltiples visitas a varios dentistas que le proponían a mis padres soluciones diversas a mi melladura… al final, me llevaron a la mejor clínica de la época en Salamanca, a la clínica del doctor Terrón, que me sacó los restos de las cuatro piezas y, en varias sesiones, me colocó un puente sujeto por dos aros de oro a mis caninos superiores… y así pasé algunos años, hasta que el puente hizo aguas y hubo que cambiarlo hasta tres veces. La verdad es que me adapté enseguida a mis prótesis fijas y he convivido con ellas sin demasiados problemas justo hasta la semana pasada, cuando intentaba un muerdo generoso a un bocata de salchichón de Guijuelo y mis dos caninos superiores, los que durante todos estos años han servido de columnas pilares a mis diversas prótesis, partieron justo a ras de encía y me dejaron sin mi armamento frontal al completo y como huerfanito. Llamé inmediatamente a mi amigo Esteban (mi médico odontólogo) y me atendió con premura y mucho afecto (se lo agradezco encarecidamente) consiguiendo ponerme en un par de días una nueva prótesis (ahora movible y con medio paladar, que mis anteriores prótesis eran fijas y sin paladar) que por lo menos me ha dejado ‘dignidad en la cara’… y digo ‘por lo menos’ porque esta circunstancia ha cambiado mi humor, mi seguridad y mis hábitos alimenticios y de higiene dental.
Cuento esto porque en mi vida me había sentido tan frustrado como en estos días (y sé que os parecerá una tontería), pero podéis creer que nunca había sentido una caída de moral tan de golpe y tan puñetera… y me he sorprendido mucho, porque siempre he tenido muy en cuenta que esto tendría que suceder y creí que estaba preparado para que no me me afectara lo más mínimo… pero la realidad no ha sido como yo la había imaginado. Primero he sentido una incapacidad carbona para comer (cortar y masticar me resulta poco menos que imposible con y sin prótesis), luego, con la nueva prótesis en mi boca, he perdido la capacidad de pronunciar las fricativas y las eses se deslizan en mi boca de una forma cómica… y toda la comida que meto en mi boca me sabe a plástico (el jodido plástico del que está hecho el paladar)… y me tengo que quitar la dentadura para dormir y mi gesto envejece como veinte años de pronto, y se queda como exento de mí, me deshace toda la condición estética del rostro y me cabreo como una mona mientras me miro, y me irrito y luego decaigo mientras sopeso con mi lengua interminablemente el daño del enorme vacío que siento en mi boca.
El resumen es que he perdido de golpe un alto porcentaje de calidad de vida, que no como con gusto, ni le saco partido sensorial a los alimentos, que tengo que volver a aprender a pronunciar montones de palabras, que no estoy nada seguro cuando hablo y que me siento muy mayor por momentitos, lo que me deja sombrío y malhumorado… y sé que es una tontería y que hasta puede ser un síntoma cabrón de falta de seguridad y hasta de madurez… pero no puedo evitarlo mientras peleo por adaptarme pronto a la situación y que se me olvide que he perdido nuevas potencias.

¡Ay!… tonto de mí.

domingo, agosto 31, 2014

Carta a mi amigo José Luis Morante.



Hoy hablé por teléfono con mi amigo José Luis Morante y me quedó el azúcar de su afecto constante junto a cierto sentimiento amargo por este cabrón ‘cómo nos va’. Me dice JL que le asusta mi nihilismo de los últimos tiempos, que a ese manso acoger, que siempre me ha otorgado, le nota una sazón amarga que atornilla… y que está preocupado por mí. Es hermoso que un amigo te muestre su amistad como JL lo hace siempre.
No te preocupes, amigo grande, pues la experiencia aploma y regala tablones a los que agarrarse durante los constantes naufragios. El tiempo de los hombres está mi contra, pero no el tiempo de los sueños, ni el de la intensidad, ni el de la pasión. Van pudiendo con mi inestable economía, pero yo me voy haciendo cada día más fuerte en la mirada interior y en el saberme cierto. Sé netamente hacia dónde voy, conozco a cada uno de los hijos de la gran puta que propician cada una de las ruinas y no les doy importancia, porque no la tienen… igual que no le doy importancia a sus cosas y a sus números, porque es su vida de mierda y no la mía. En el fondo soy ahora un poquito más feliz que antes –cuando la mentirosa abundancia–, ya que le voy poniendo foco a muchas cosas que siempre sentí nebulosas y lejanas… sé quiénes son mis amigos y quiénes no merecen ni siquiera mi desprecio, sé donde anida la lealtad y conozco cada uno de los puñales que pretenden clavarme por la espalda… y ya apenas me importan las cosas, pero disfruto como nunca de las miradas, de los abrazos, de los gestos sinceros… y he aprendido a tomar decisiones jugándomelo todo cada día –te sientes muy vivo al percibirte precario, amigo–… y sé quién es el ruin y quién tiende la mano cuando se precisa, que ya es saber mucho.
El nihilismo del que hablas no me hace daño, todo lo contrario, me ayuda netamente a instalarme en el hombre que soy y no en el que quieren que sea… ahora me importa el ‘valor’ de quienes me rodean y no el valor de lo que me rodea… sé hacia dónde quiero ir y qué quiero hacer… y voy a ir justo hasta donde me apetece y voy a hacer exactamente todo lo que deseo hacer… me pueden quitar lo que quieran, pero nunca podrán bajar ni un ápice la intensidad de mis potencias ni la energía de mi sonrisa, porque la moral establecida es tan falsa como esos jueces incorruptibles (?) que la administran… yo no le he hecho nada al sistema para que me haga lo que me está haciendo… al contrario, he estado en él cumpliendo cada una de sus normas con fidelidad durante años, conduciendo por la derecha y sin salirme de la vía sin sobrepasar la velocidad establecida, pagando cada uno de los impuestos y las derramas, trabajando como un cabrón para no obtener nada más que números rojos… pero ya te digo, JL, es su vida y no la mía, y sé que todo se sostiene por quienes lo sostenemos, no por quienes nos gestionan, así que me he borrado del ‘sostener’  con el fin de sobrevivir para apuntarme directamente en la lista de vivir… y sé de qué hablo porque conozco la miseria desde la primera fila de este salón de actos… el mundo no se hunde, amigo, es ‘su’ mundo el que se hunde, y eso es causa de verdadera felicidad, solo falta que muchos tipos como tú lo perciban y lo procesen… y que tomen la decisión de jugársela a ‘no estar’… y los veremos caer en su locura de monedas y suicidarse con dosis excesivas de temor a perder lo que es nuestro.
Mi último intento de seguir en el sistema consistió en trabajar para pagar recibos de energía de quienes no pueden pagarlos… y se me echaron encima como buitres (es lo que son) intentando desestabilizar este karma con ataques ruines… pero no saben que sus golpes van contra sí mismos y que a mí me resbalan. He detenido ese intento, pero me ha aportado datos tangibles de que estamos gobernados –desde lo local hasta lo mundial– por prevaricadores, ladrones, analfabetos compulsivos, hipócritas, esbirros, mamapollas, hijos de puta, gandules, egoístas insensibles y viejas celestinas… gente sin sangre que acabará en las cloacas más inmundas a poco que pasen unos meses, oportunistas que no tienen la valentía de mirarte a los ojos cuando los descubres.
Yo no he hecho nada mal dentro del sistema y el sistema ha decidido eliminarme… pues feliz que me voy al percentil de los inservibles… yo sigo echando una mano en lo que puedo a quien lo necesita, sigo escribiendo con auténtica pasión y estoy aquí para dar la cara cuando sea preciso, que no tengo vergüenza ni motivos de vergüenza. Roban a manos llenas y yo lo digo alto y claro… colocan a dedo a sus hijos en puestos que no se merecen y yo lo digo alto y claro… utilizan el poder para elevar a los suyos y apisonar a quienes no comulgan con su bazofia y yo lo digo alto y claro mientras ellos leen, escuchan y se esconden en sus despachitos de mierda –de los que pronto van a sacarlos a empellones–. En ‘su’ mundo me siento vejado, pero en el mío soy absolutamente libre y me siento feliz y colmado.
No creo en su sistema ideológico, y menos en sus partidos políticos –verdaderas cuevas de ladrones en las que se disputan los últimos despojos como fieras–, pero creo en ti y en gente como tú… en Javi Viadero y Sol, en Concha Bueno, en Lorena, en Luis, en José Luis y Caty, en Cecilia y Adrián, en Mayca, en Joan… creo en personas con nombre y apellidos, con la sonrisa franca y decente, con la mirada crítica y la actitud valiente… a gente como vosotros no os pueden vencer jamás si os pasáis al apartado de la vida y les jodéis su movida de supervivencia.


Te quiero, amigo. Abrazos.

sábado, agosto 30, 2014

Y todo porque Tattoo leyó a Leopardi...

Retrato de Flush, la perrita de Julia y Paco Castaño.

A Tattoo siempre le gusta ponerlo todo en un contexto y relacionarlo, sobre todo en sus asuntos de lectura y de música. Yo soy de otra manera, leo a Laforgue, a Shelley, a Stevenson… y solo leo a Laforgue, a Shelley, a Stevenson… sin ninguna consideración a su tiempo, a su espacio o a los escritores encajados en alguna estética pareja… los leo exactamente para mí, en ‘yo’ y sin más afán que bañarme en sus palabras… y a Tattoo esto le sorprende –y yo diría que hasta le espanta–, no entiende que no sepa indicarle paralelismos entre autores o que apenas atine a ubicarlos en alguna estética… eso de que yo le recomiende un libro y solo le diga que me ha gustado, creo que le desquicia… pero yo soy así y Tattoo termina aceptándolo, no sin cierta perplejidad acompañada de algo de recriminación por mi falta de perspectiva… y yo le digo siempre que la trama de autores no me interesa, como no me interesan el decorado personal y social de esos tipos que escribían como ángeles y lo más seguro es que fueran engolados insufribles o verdaderos hijos de la gran puta… me interesa tan solo lo que despierten en mí sus palabras… y Tatto sonríe, pero sin darme la razón. Él busca siempre un todo encadenado y yo me conformo con minúsculos destellos que me hagan temblar. A él le sirve su sistema y a mí me sirve el mío… entonces me abraza fuerte y se va, no sé si a enfangarse en la bebida o a encerrarse en su cubículo de Felipe Rinaldi… pero siempre, antes de irse, me deja preguntas pendientes, preguntas que no verbaliza, pero que me llegan nítidas y me dejan alerta de curiosidad por mí mismo.
Algo que Tattoo me dijo ayer, me llevó sin quererlo a una reflexión larga sobre el ‘igualarse’ del hombre con sus ‘demás’. Mi amigo me hablaba de una lectura que había hecho de Leopardi y que le había resultado interesantísima… y de pronto dijo: “no es igual leerlo como yo lo he leído ahora”… y se me quedó marcado ese ‘igual’ diferenciador entre tiempos distintos y estados de ánimo dispares… y no sé por qué comencé a darle vueltas al asunto en mi cabeza hasta llegar a plantearme el valor de lo ‘igual’ en diversos estadios de la vida. Fue entonces cuando comencé a elucubrar sobre la igualdad entre los hombres, sobre el valor que puede tener esa igualdad en el desarrollo de las sociedades humanas y su enorme potencia de progreso para los hombres como individuos y como grupo… ‘estoy como una cabra’, me dije, pero perseveré en el asunto mientras maquetaba un libro horroroso sobre la historia de una cofradía local… ‘la solución de hombre pasa por igualarse en un término que convoque cubrir todas las necesidades básicas de cada uno y que aporte valor de evolución positiva al conjunto humano’, me decía… y eso lo tenía –lo tengo– meridianamente claro… entonces, ¿cómo igualar a los hombres para conseguir un punto de partida positivo?… igualar por abajo es realmente fácil… lo hacen los norteamericanos y los judíos con verdadero conocimiento de causa… se destruye un país entero, se derruyen todas sus construcciones, se borran de unos bombazos todos sus servicios, se cierran los canales para recibir alimentos o medicinas… y ya tienes a un pueblo entero igualado por abajo, todos empezando desde cero, juntos, unidos, cabreados con un enemigo común y con un sentimiento constante de solidaridad hacia el otro –porque necesita exactamente lo que tú necesitas y si no se trabaja en común, no se sale del agujero… ahí todo es de todos, porque no hay nada–, y desde ahí se crece con fuerzas renovadas, con mucho dolor, pero se crece (nada más hay que fijarse en la Alemania o en el Japón de posguerra… y en su evolución hasta nuestros días… y hoy ese proceso está vivo en Gaza). A lo que se ve, este igualarse por abajo es realmente posible, pues ya se ha experimentado con éxito por los perros imperiales. Igualarse por arriba lo tenemos mucho más crudo, pues quien debe ceder ante los que no tienen son los que más tienen, y eso solo se consigue con revolución y con sangre, y también duele y siempre se ha fracasado en esos intentos por parte de quienes lo han puesto en marcha. La verdadera solución creo que está en igualarse en un término medio, no producir más de lo que puede consumirse, no dejar ni una vivienda deshabitada, no permitir que a nadie le falte comida, educación, vivienda, sanidad… todo bajo unos parámetros en los que ninguno tenga demasiado y que a nadie le falte nada para vivir con dignidad… y esto a lo mejor sí que es posible sin tener que tirar de bombas de racimo y de napalm, es posible con una camada de políticos que no tengan como norte el hijoputismo y el robo (como la mayoría de los que están ahora en el juego miserable de la gestión de las sociedades) y con una masa humana que los empuje hasta el infinito y uno más…


Y todo porque Tattoo leyó a Leopardi.

jueves, agosto 28, 2014

También deseo...





Me desespera el orden, lo bien puesto no sé para qué… otra cosa son los escaparates de las tiendas, ahí intentan vender… pero yo, ¿qué voy a vender en mi mesa?, ¿qué voy a vender en los estantes de mi biblioteca?… si todo lo que hay ahí es para mí… y el orden, como digo, me desespera… y eso lo llevo hasta mi forma de ser y estar. Alguna vez me llamaron ‘pijo desaliñado’ porque siempre voy con ropa y objetos de marcas conocidas, pero impecablemente desarreglado, con todo dejado a su justa caída sobre mi cuerpo, suelto… el pantalón arrugado y flojo, las camisas por fuera y con un regazado de mangas absolutamente casual… mi madre siempre me dijo: ‘eres un Adán, pero te quiero tanto’… ahora me lo sigue diciendo con los ojos cuando voy a verla y me atusa el cuello de la camisa o me sube el pantalón hasta la cintura… luego me besa en la mejilla… y a veces me siento como Traveler, un verdadero hombre de acción que ha hecho de todo y que casi nunca ha terminado nada, precisamente por esa desesperación que me produce el orden (y la constante necesidad de terminarlo todo enseguida, para qué negarlo)… también, como Traveler, tengo la pluma fácil –probablemente sea lo que tengo más fácil junto a lo de ir al baño– y eso a veces es una ventaja, aunque otras veces es un gran inconveniente, ya que mis problemas mayores siempre han surgido de mi facilidad de expresión y de su uso… si tienes facilidad para algo, pues que te gusta usarlo, ¿no?… y hasta sientes que tienes la obligación de hacerlo.
La verdad es que en el fondo estoy seguro de que deseo ser un solitario por mi aversión al orden… pero un solitario acompañado, entiéndeme bien, no un asceta ni un estilita… un solitario al que le gusta que le visiten y que le abracen, pero siempre con el tiempo medido, sin abusar… y fruto de ese gusto por la soledad me viene lo de mirar… me encanta mirar… y también lo hago con desorden… siempre goloso, que el mirar goloso me impele a la poesía, y eso me fascina… miro siempre con hambre –puedes sumarle los calificativos que quieras… física, estética, sensual, crítica…– y saco mis conclusiones de todo lo mirado… es como un juego adictivo, una sensación similar a la que sienten los muchachos con los juegos cibernéticos… y la verdad es que siempre, absolutamente siempre, obtengo placer de ello… mirar es la hostia de las hostias… mirar e imaginar en lo mirado lo que me apetezca… pero siempre con desorden, como ya he dicho.
Ahora ando metido entre números durante casi todas las horas del tiempo ‘útil’ de mi día, números que nunca cuadran y que me exasperan, números que en sí son el justo orden y que se suceden constantes contra mi felicidad… pero ya he aprendido a dejarlos en un apartado estanco y echar a volar cuando me place.
También deseo, deseo con verdadera pasión… y eso no es una estética.

martes, agosto 26, 2014

Si al final me voy a morir, ¿no?...





Si al final me voy a morir, ¿no?, como todos… y entonces quizás pareceré bueno o hasta lo mismo pareceré exactamente lo que soy: un trozo de carne puesta a orear con ciertas intenciones –algo, por otra parte, que no conseguirán muchos de los que están, serán o fueron–… y recuerdo a la mujer sentada frente a mí, sin mirarme ni un segundo a los ojos durante toda la conversación absurda que mantuvimos… yo pensaba, mientras me hablaba, que a esa mujer le quedaba grande el despacho mínimo en el que conversábamos, su puesto político multiplicado por dos y, por supuesto, el sueldo público que se lleva cada mes a sus bolsillos… sonrió un par de veces con una de esas sonrisas de cuchillo que asesinan… una de ellas fue para decirme que a los comerciantes les molesta que vendamos en la calle… pero repetidamente echaba la responsabilidad sobre otro para intentar quitarse de encima el peso de mi sola presencia en su espacio… y yo no fui desagradable en ningún momento, lo juro, porque con los años ya lo he entendido casi todo y me he sosegado hasta el punto de no preguntar, como hacía antaño, por qué a mí no y a otros sí (me refiero al trabajo… y también me refiero a mi propia existencia)… para qué preguntar a quien me odia por sistema, por ideología y quizás hasta por feromonas… para qué preguntar, si sé que se van a alegrar por mi tonta curiosidad… el caso es que con mi trabajo se ha frivolizado mucho y se sigue frivolizando… pero es su mierda, la mierda en la que nadan cada día mientras se creen que es puro perfume… y yo, ya digo, lo he entendido casi todo hace tiempo… he entendido que cada uno mira primero por lo suyo, luego mira por los suyos y, si se avergüenza, mira un par de segundos al mes por los demás (con conmiseración, por supuesto, que de justicia esta gente sabe poco o nada)… y todo termina en una cadena de favores a través de los cuales se van apropiando del dinero, se van apropiando impunemente de los puestos de trabajo cómodos y bien remunerados, se van apropiando de la gente y de las cosas de la gente mientras sonríen y se inflaman por derrochar el dinero público a su antojo, con el solo control de los ‘suyos’, en bobadas que les atraigan votos para perpetuarse… les jode que alguien como yo diga en público que en la ciudad (ya de apenas trece mil habitantes) se mueren entre treinta y cuarenta personas al mes, que muchas familias no pueden pagar la luz o el agua y que son multitud los que necesitan apoyo alimentario… y les molesta porque eso es fruto de su gestión diaria, y porque amanecen cada día para ocultarlo con fiestas y banquetes, con charlotadas y carnavales, con procesiones y compañías de revista… les jode que alguien como yo diga que en nuestra zona hay un índice alarmante de suicidios… e intentan tapar sus carencias sociales con causas tan políticamente asépticas (presumidamente, que todo tiene sus sesgos) como el cáncer o el ‘Día de Caridad’… y a veces pienso que todo esto es solo escritura, pura invención de un aprendiz de geómetra de palabras que cree que vive y tan solo escribe, de un tipo con bolsillos llenos de llaves y mecheros, siempre con un paquete de tabaco empezado y algunas monedas sueltas (ya no es tiempo de billetes para mis bolsillos), de un hombre que aún recuerda la geometría de las baldosas del colegio y que a ratitos se considera el purito dueño del tiempo… yo, yo mismo, que fui un mocoso con paraguas automático que iba a comprar hielo al mercado para la abuela o cisco al carbonero con un cubo de cinc… yo, que, golpeándome la cabeza con la mano, a veces me decía –aún me digo– ‘¿estás ahí, Felipe?… ¿hay alguien?’… yo, que iba a la pescadería con mi madre y me quedaba absorto mirando los ojos abiertos de los peces muertos mientras pensaba en que quizás los peces beben aire.
Sé que al final voy a morir, como todos, aunque no igual, porque cada uno tiene su muerte única y a solas, y que jamás podré ver los peces del Quai de Mégisserie, pero no me importa demasiado, porque he aprendido a imaginarlos… quizás por eso no me importe seguir empecinado en las cosas que imagino, empecinado en hacerlas realidad o en creerlas realidad, y quizás por eso quiera también no saber si estoy enfermo de algo o de nada… nunca, jamás quiero saber si estoy enfermo, solo pensar que, como mucho, ando cansado y todo pasará con la dormida próxima… sí, he aprendido mucho en estos años, he aprendido que el hombre no se merece a esos hombres de ahí, que mi ignorancia es mía, como el odio que me profesan –un odio que es trofeo de salón para mi casa–… y hacer, hacer cada día sin cansarme, hacer para que el otro sea en mí y yo sea en el otro, hacer para no tener que gritar de lástima por mí, para no tener que llorar de impotencia jamás, para no sentir vacío más allá de este vacío obligado que ya es.

Hoy estoy leyendo “La energía de los esclavos”, de Leonard Cohen, en una edición de Visor de 1974, y tengo los ojos verdes para quedarme con el poema ’61’ de Leonard:

Visto de negro.
Tengo los ojos verdes
cuando me da la luz de determinada forma.

Si otros intentan escribir esto,
a muerte con ellos,
muerte a cualquiera que rompa los sellos de este poema
en el que estoy vestido de negro.

Y benditos sean los ojos
que huyan de esta página.
Librad a un hombre de ojos verdes
de su miseria y su ira.


Pues eso.



lunes, julio 28, 2014

Como ser y estar...



Es tan fácil como ser y estar, como tomar consciencia de lo efímero y pelear la sonrisa diaria del de al lado –que es la tuya también–, como plantearse no acumular y disfrutar todo lo que sea compartir, como dejar de esperar y ponerse a hacer poquito a poquito… el mundo es pura lógica y absoluta simplicidad, y es por ello que debemos ser lógicos y simples, que debemos vibrar con lógica en cualquier planteamiento y en cualquier solucionario, y que debemos volcarnos en la sencillez de nuestros procesos… pero ‘ellos’ no quieren más que procesos complejos que lo enfanguen todo, quieren dificultad, quieren élites preparadas para su jodida dificultad y su diseñadísima falta de lógica.
Pero si el mundo es prácticamente un sistema binario, un sistema combinatorio de unos y ceros, de síes y noes, de blanco y negro, de frío y caliente, de grande y pequeño, de dulce y salado, de rugoso y liso, de hambre y saciedad, de suma y resta… ¿a qué tanto interés por lo complejo?… en lo complejo es donde vive la trampa, el robo, el acaparamiento, el proceso de poder, el interés, la usura… y el engaño capaz de hacerte sentir, por ejemplo, un sentimiento de patria para morir por ella (cuando realmente mueres por la necesidad urgente de ‘ellos’ de vender armas para multiplicar su dinero, de vender armas que destruyan para luego edificar sobre las ruinas y multiplicar su dinero)… de lo complejo salen las normas de conteo electoral que proporcionan representación y poder fuera de toda lógica… de lo complejo emana la información mediatizada para quitar y poner (me hace gracia escuchar a la mayoría de los periodistas más mediáticos explicarnos que los políticos cometen los mayores fraudes económicos… cuando ellos están cometiendo fraudes mucho mayores, cada una de sus palabras y cada uno de sus silencios son fraudes acreedores de cadena perpetua)… complejas las vías de comunicación, las leyes que las regulan, complejo el universo judicial (preparado exactamente para que salga siempre a flote el que realmente delinque y se pudra en sus mazmorras el infeliz), compleja la sanidad y su curia de empresas farmacéuticas (ellos disponen sobre la vida y la muerte a su antojo), compleja la enseñanza, complejísima la banca… ¡Ya basta, joder!
Un hombre duerme, se despierta, orina, necesita comer y beber diariamente, echa unas horas a procurarse las necesidades del día, disfruta de su ‘ser hombre’, defeca si la constipación no ataca, hace el amor si puede, vive con otros y comparte, se comunica… y pocas cosas más… cosas llenas de simplicidad y de lógica, asuntos que se procesan con sencillez, con pequeños intercambios de pericias, con apoyos chiquititos del de al lado… el hombre no necesita corbata (¿para qué cojones sirve la corbata?) ni absurdos paritarios, ni intereses compuestos… el hombre no necesita goteras macroeconómicas ni zapatos de charol con hebillas doradas, no necesita más mercado que en el que están las patatas, las lechugas y los tomates; no necesita abogados (ese jodido oficio de mentir siempre) ni asesores fiscales… el hombre solo necesita comer y beber, dormir, orinar y ciscarse cuando apriete… y sonreír junto a otros hombres cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo.
Vayamos de nuevo hacia el hombre sencillo, el lógico, el hombre sin complicaciones, el hombre humanista, el sabroso hombre humanista… 

¿Es tan difícil?

lunes, julio 21, 2014

'Celos del viento'


A pesar del daño, que es grande y a veces insoportable, aún me quedan pequeños espacios para la felicidad.
Hace unas semanas contactó conmigo uno de los editores que más admiro por su trabajo delicadísimo y su envidiable gusto estético (Segundo Santos) para solicitarme algún material mío que editar en su nueva colección "Manantial de papel". Sopesé la idea a partir de una maqueta de la colección que me hizo llegar por mensajería urgente y decidí rescatar varios dibujos de 'Por lo menos estás vivo" y aunarlos al amor de un haiku al que le tengo un cariño especial y que hasta hoy permanecía inédito.
Hoy volvió a llegar el mensajero con un paquete sorpresa que contenía la delicia que os muestro en las fotografías... 'Celos del viento' ya es una realidad que verá la luz para el lector y el diletante el día 1 de septiembre de 2014, en edición limitada, numerada y firmada... os juro que llevo todo el día sonriendo y acariciando mi tesoro.
Como digo, le edición es de bibliófilo y limitada, por lo que, si deseáis contar con uno de estos ejemplares preciosos, podéis hacer vuestra reserva escribiendo a mi editor y solicitándola con antelación a su salida editorial... pues me da en la nariz que en quince días van a agotarse los ejemplares.

SEGUNDO SANTOS EDICIONES
info@segundosantosediciones.com

Dirección: Calle de los Caballeros, 2 (bajo)
16001 · Cuenca · Spain
Teléfono: 969 234 467
Móvil: 667 645 893



sábado, julio 19, 2014

Decídeme...

© foto de Russell Lee

Decídeme, como haces con las peras dulces cuando las llevas a tu boca, hazme presa en tus dientes de ocelote y tira de mis músculos con ansia, brújula de ojos grandes y un misterio de Gog en tus pupilas hartas de luz y noches… luego vete a dormir sobre los helechos verdes de la fronda, allí donde anidan los momentos de luz de Pisarro o Degas y los torvos ofidios afilan sus opistoglifos componiendo mil miedos… duerme como una madre, alerta a cualquier ruido, tensa como el arco que eres, pura mantis con sueño, luz felina hacia adentro, como una digestión.
Yo, herido, rasgado de ti, seré harapo en las sombras, capibara vencido por tu hambre, crisálida pendiente del cremáster finísimo hecho por tu saliva, dependiente absoluto del arañazo próximo y el mordisco siguiente.

Y este calor que arrasa y me deja sin aire… y ese infierno de al lado –a cualquier lado– que me hace dudar de mi conciencia, de mi ‘ser hombre’ junto a todos los hombres… quizás un largo viaje a mis cenotes interiores… o un viaje hacia afuera –uno Cravan–, sin regreso posible, mirando los pantanos pasar desde una camioneta destartalada y roja, y fumar mansamente mientras algún monzón se instala en mi cabeza y me llueve de todo lo distinto a esto que tengo y soy… que nada es lo que era.

jueves, julio 10, 2014

Sordos...



Sordos tartufos, ladinos, de inflamada polla mientras van a misa y miran las curvas de esmalte lunático de una viuda tierna… sordos de New Albany, en 1987, también ciegos de ese dios terrenal de los vientos calientes… sordos cándidos con su astrolabio sin usar en el aparador de casa, con una palangana en la que lavarse los pies cuando atardece, con una tisana de arce entre las manos y los ojos enfocando la nada por unos lentes redondos… sordos generosos de Kaş, entre miel y almendras, domados por el olor a jazmín, adormecidos por el lento vagar de las olas que no saben romper ningún vínculo… sordos macondos detenidos en aquella edad del hielo al peso, cuando los hombres eran verdes y las mujeres transparentes… sordos aluniceros con gomina en el pelo los domingos, con baraja española rinconete, con su risa de alud y un golpe pendiente cada noche… sordos de Pulp Weird Tales, hechos por arquetipos como el hijo del herrero de Cimmeria que esposó con una Zenobia par a la JRJ, astrados por su locura enferma de querer ser lo que jamás será… sordos de guindas al marrasquino Luxardo, como tu lengua a veces, delicada y dulcísima… sordos pitiusos para perderse en sus blancos insulares con olor a fragarias… sordos muy Sharon Tate, tan asesinaditos como abruptas secuencias Polanski… sordos de tutti frutti Little Richard, frenéticos, rockámbulos, hermosos… sordos tracios nadando el Evros desnudos, como evangelinas sin tutú… sordos vintages como mujeres andróginas, gordezuelas, blancas… sordos cismáticos de sí mismos, en tranquilo desacuerdo, buscándose en el error… sordos capaces, pero quietos… todos sordos de sí y hacia sí, del otro y para el otro… sordos naturales, displicentes, fantásticos… y dejándose hacer constantemente por el ruido que no oyen… sordos para el desastre total que ya se aviene, egresados a la vida para perderla sin remedio… sin remiedo.