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Mostrando entradas de octubre 18, 2009

Juanito.

A primera hora llamé a mi Juanito para interesarme por su salud, que hacía un par de semanas que no tenía noticias de él, y me dijo que andaba paseando por el parque y que había quedado con Pepe y con Sonia para tomar un cafetillo… así que corrí hasta el parque para pasar un ratito con mi amigo del alma [echo mucho de menos su presencia diaria, pues siempre fue mi apoyo, además de un conversador extraordinario y un loco maravilloso]. Andaba Juanito con una muleta cuando lo encontré, renqueante, pues tiene la rodilla izquierda muy inflamada, y después de unas semanas todavía no se sabe lo que le sucede. Caminamos juntos, como antes, y nos pusimos al día de todos los avatares… él me contó su estado anímico y físico –siempre lo lleva todo con una sonrisa admirable y un ánimo que da envidia– y yo le puse al día de los asuntos SBQ, le expliqué cómo será mi viaje y le di algunos detalles sobre los proyectos… luego llegaron Pepe y Sonia [gente buena como no puede imaginarse] y juntos nos fui…

Dámaso Alonso

¿Cuánto podrá durar esto?... y averiguo sin más que el miedo es la pregunta, las interrogaciones cerrando unas palabras que buscan tiempo y cantidad.
Y el resto es presentir que un día no podré conciliar el sueño o que el teléfono sonará a media noche con un mensaje eléctrico que agote o que vuelva lo peor del pasado con su maleta hecha o la cara de la muerta que me ate en ansiedad y desconsuelo o que alguien querido se muera antes que yo o que el tiempo se extienda en mis tejidos hasta que no sea más que un trozo de algo…
En fin… hace frío esta mañana y apenas hay trabajo… me centro en buscarle a mi hija documentación sobre los romances que hablan del ciclo de la pérdida de España y la conquista de Al-Andalus en el periodo del 711 al 716… nado por los trabajos de Menéndez Pidal y Dámaso Alonso… y me disperso, pues encuentro mi ejemplar anotado de “Hijos de la ira”, un libro magnífico de Dámaso escrito en un tiempo de ruptura, con la censura nadando en el sistema y el mundo cultural muy…

Tennyson.

Siempre en camino, combatiendo a las noches con sus constelaciones y a las claras mañanas con una vela que desplegar al viento, sintiendo un hambre atroz que no es el hambre de los pobres de espíritu, buscando el mundo ignoto que te hará ser lo que has visto… y jamás detenerse, sabiendo que la chispa es el aire que entra y sale del cuerpo… y dejar en los hijos la frente del criterio mientras envejecemos, dejarles la medida anotada en el cartabón –pero no grabada a fuego–… y dejarnos llevar por el vigor que falte hasta donde la nave quiera sujetarnos.
Cargad, hambrientos de sueños, contra los días que restan… cabalgad vuestras monturas hasta agotarlas buscando el horizonte… que el polvo se zambulla en el aire siempre atrás, que no exista la palabra regreso en vuestro idioma ni podáis ver cómo crece el alerce que plantasteis un día…
Los rizos habrán de abandonar la calavera y no habrá mar de fondo entonces, ni besos atrevidos, ni siquiera un deseo que cumplir… entonces comprenderéis que n…

Carne.

Somos carne que acontece y se traba, que a veces se divide o descansa como las jarras de Morandi, carne roja que poco tiene que ver con la vida que llevamos o con la lógica absurda de los días urbanos… somos carne tapada por el fieltro o el algodón tintado, carne sin demasiada importancia para quienes trafican con ella, carne tierna a veces y también bien servida en la pose simétrica de los banquetes… somos carne ensayada y a veces también débil… carne que toma asiento y sorbe un café o se detiene en unas líneas, carne pasada que se pudre sin más una tarde de otoño y se amontona en el seco tictac de los relojes, carne que hizo lo que pudo y administra las muertes de los significados… carne sin más misterio que ese azar que cubre lo impalpable, carne como un vuelo de pájaros que apenas reconocen el último árbol que les sirvió de cobijo, carne que fuera intacta un día y que hoy ha sido escrita por otras carnes pares con embriaguez de lirios y promesas.
Las rosas del jardín posan espléndi…

Otra vez como la tullidita...

Otra vez el renglón seguido de los riñones, la manta eléctrica jugando a ser compañera de sofá y de cama, el descojonarme de risa por los artilugios que tengo que inventarme para levantarme de cualquier sitio, la mano marcando siempre el dolor [como sujetándolo], la quejita en la boca [me encanta], los gayumbos subidos hasta la marca de las orejas… otra vez limitado porque el viernes me quedé congeladito en Salamanca, porque el sábado me descargué con Felipe todo el material que Marqués de Valero le entregó a SBQ [que era mucho y pesado, así como 16 cajas grandonas llenas de libros], porque el domingo trasegué a medio gas con Manolo Casadiego, Youssouph y Adrián algunos asuntos mercadilleros, porque el lunes me descargué por la mañana todos los restos del mercata solidario [con el agravante de que mi padre se ha ido de vacaciones y se ha llevado la llave de la puerta a pie de calle de mi local, con lo que me ha tocado bajar y subir tres tramos de escalera para las cargas y las descarg…

Gregory Corso

Leo a Gregory Corso y me detengo en su referencia a “la triste y desesperada pistola de Verlaine, Pushkin, Dillinger, Bogart”… ¿por qué estos personajes en su poema “Bomb”?... me gusta y me sorprende… y quizás nada más. Luego, esa reflexión sobre la muerte, sobre la preferencia de los hombres por unas formas de muerte sobre otras… ¿no es solo muerte?... y, como tal, resulta una extravagancia preguntarse si morir cayendo de una pared mientras la escalas o hacerlo postrado por un cáncer… la muerte es muerte y una… y basta… y ya está.
Y puede ser en la justa hora en la que metes el chicle de menta en la boca, cuando vas a besar o mientras duermes, volando a cualquier parte o haciendo el repetido trabajo diario, sobre la nieve o bajo las vigas de tu tejado, saliendo de la escuela o entrando en el bar de copas, en la cama propia o en una ajena, comiendo magdalenas o sentado en el parque… solo muerte… y una… ¿y luego?... ¿habrá jamón y dulce de membrillo… o todo será mármol?... en todo caso,…

Llegó Malick.

Estoy realmente feliz esta mañana, pues a primera hora llegó Malick, después de su viaje a Gambia, y me dio todas las explicaciones que yo necesitaba, ya que me había quedado muy intranquilo con su marcha y con su forma de proceder entonces… así que nos dimos un abrazo fuerte y nos prometimos un “a seguir” que me llena de satisfacción. Tomando un cafetillo me explicó de forma somera su viaje, que había sido feliz estando después de tantos años junto a su familia y que había tomado las medidas oportunas para poner en marcha la construcción de la escuelita de Wuli Baro Kunda, abriendo una cuenta en un banco local y dejando las órdenes oportunas para comenzar con la construcción.
Así que estoy estupendamente esta mañana, aunque me siento realmente agotado después del día de ayer, que fue intenso y largo… y en un ratito llegará mi Guille de su periplo toledano… y ya entraré en euforia junto a mi chico.
En fin… un buen día, ¿no?

Sigue escribiendo...

Sigue escribiendo para tu satisfacción, viejo, en esos papeles perdidos de tu mesa o en los cuadernitos hechos a trasmano, que estás enamorado de tu vida y lo sabes… sigue siendo ese loco que pareces y escribe aunque no entiendas, escribe y sueña y revuélcate por dentro con esa magia de lo desinhibido, persiste en hablarte a solas cada tardenoche, después de cada tic y sus señales, siente el genio que llevas en las papilas y en el vórtice… y sé indisciplinado con tu escritura, que no existe la noche americana ni hay una luz que sepa llegar antes de que tú te des cuenta… sé un poco Kerouac, viejo, y lárgate a algún sitio aunque sea para llegar tarde y ser solo la sombra de lo que hubo… no mueras rancio o hecho, viejo, eso ni se te ocurra, que la muerte no es tan aborrecible si dejas algo pendiente… y aún puedes permitirte cualquier sueño…
La chica te saludó con deferencia antesdeayer, y lo notaste, narciso cabrón… notaste que la chica sentía algo especial que vino de tus palabras… yo sé…