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Mostrando entradas de 2019

Dudo de lo que soy...

Dudo de lo que soy por lo que fui y, por tanto, dudo de lo que es por lo que fue. Hubo un tiempo de higos y castañas en el que todo se arbitró en mí como futuro, donde el luego, el mañana, el pronto, el ya verás…, eran marbete constante y meta, hasta que caí en la cuenta de que el futuro es muerte (bien que lo explicó el profesor García Calvo en múltiples ocasiones –‘el futuro es un vacío que no nos deja vivir’–), una muerte total que siempre ha manipulado el poder con maestría y sin moral alguna –y ahora más–, ingeniándoselas para que lo entendiéramos como bienestar y posibilidad de crecimiento, cuando era –es– siempre trampa, una trampa terrible de la que no puedes salir hasta que desapareces, una trampa en la que la araña pérfida del capital te sorbe todos tus jugos hasta dejarte absolutamente seco. Por eso dudo de lo que soy y de lo que fui, y dudo hasta con emoción intensa de lo que es y de lo que fue. Con el tiempo, ya condenado inexorablemente a esa muerte total y sistémica escri…

Yayo

Mario siempre me llama ‘yayo’ y, cuando lo hace, lo dice como mínimo tres veces seguidas (‘yayo, yayo, yayo’) y yo me deshago y hasta me estremezco. Ser consciente de que, en una mente que se está haciendo, floreces como imagen y hecho, como definición y capacidad, como sujeto activo e identificable, como signo y familia… Ser consciente de que te has conformado como pieza indiscutible en esa cabecita tierna y que, además, te reconoce y te nombra ya no solo por tu presencia, sino por tus cosas (esas cosas cercanas a ti que le han llegado por los sentidos) y es capaz de recordarte en la distancia solo por un color o por un objeto… Es la ostia sin hache. Y en respuesta a esa mente haciéndose, la mía (mi mente) se llena de emociones indescriptibles, de sensaciones de satisfacción, de temor, de amor intensísimo, de gozo completo. Mario ha llegado para quedarse y ocuparlo todo con ansiedad, para enseñarme a diferenciar lo que tiene importancia de la que no la tiene, para descubrime capacidades…

¿Quién propicia la voluntad?

La voluntad te elige y luego te ata en un azar de vida del que puedes sacar partido como hombre. Yo puedo jurar que jamás fui un tipo de voluntad sólida, más al contrario, pierdo aire enseguida con todo lo que hago, pues cualquier proyecto que inicio debe ser breve en el tiempo para que sea posible (un dibujo, dos horas máximo; un poema, no más de media hora). Sin embargo, con el tiempo llegué a encontrar un espacio en el que crecer con voluntad, que no es otro que el de la cooperación, y todo porque está lleno de acicates diarios y distintos que van renovando con una frecuencia óptima las ganas de seguir. También, como incentivo, casi todos los días me miro en el espejo de la gente a la que admiro y quiero. En ellos encuentro alimento constante para mi voluntad. Como ejemplo, uno entre los mil que podría describir, están mis amigos Nacho y Montserrat, constantes siempre en su puesta en valor de los aspectos más positivos de la vida. Implicados con constancia en cualquier causa justa, d…