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Mostrando entradas de enero 18, 2009

Nombrar el mundo.

24 de enero de 2009
Cuando elevo la voz para hablar del mundo, no hago otra cosa que proponer mi mundo y contraponerlo a otras visiones individuales o colectivas. Y ni mi mundo es el todo, ni los otros mundos a los que me enfrento son un algo tangible y establecido. La idea emergente contra la idea imperante... dos irrealidades que solo pueden sostenerse en parámetros de poder.
Yo pronuncio el mundo para intentar tomar algunos de sus fragmentos para mí, pues sé que si tramito en absolutos fracasaría siempre... busco inercia de conocimientos ajenos que me hagan intuir la posibilidad del mundo que preciso para mí, y desde ahí camino entre sombras, medio a ciegas... así me asumo y me consumo, creo crecer y mermo, intento hacerme y me voy deshaciendo.
Y todo es fragmentario, incompleto, y todo queda, como este texto sin pies ni cabeza, posado en donde nada puede sostenerse.
Sé, en todo caso, que vivo en un descenso... un descenso vital, un descenso social, un descenso político y un descenso m…

Escribir con eficacia.

23 de enero de 2009
Dado el mundo en que vivimos, en el que lo que no resulta eficaz se toma por fallido, es curioso cómo nos hemos acostumbrado a decorar de eficacia todo lo vacío para darle salida a corto plazo [parten mis palabras de hoy de la interesante lectura de una conversación entre Fernando Colomo y Mariano Bayón, publicada en el nº 4 de la revista “Arquitectos de Madrid”, que amablemente me prestó hace unos días Guadalupe]. En todo se busca resultados contables o narcisos sobre cualquier argumento de armonía o necesidad. Y en literatura, en poesía, también existe esa tendencia generalizada [pues son síntesis del tiempo que nos toca], la de escribir con eficacia.
Los grandes editores saben muy bien cómo se manejan las tendencias, y es por ello que siempre venden nombres en vez de literatura, venden nombres que antes promocionan en los medios de masas por los caminos más inimaginados [escándalos, ridículos públicos, intimidades de lo más prosaico...] a los que obligan a cumplir…

Lo bueno se vive y lo malo se escribe.

22 de enero de 2009
Me salió ayer sin querer durante una conversación en la que me animaban a escribir algo en tono optimista. Respondí sin más: “lo bueno se vive y lo malo se escribe”. Enseguida apunté la frase en mi agendita de aforismos y luego me puse a pensar en esa autocompasión que tanto exploto en mis cosas. En fin, uno es así y ya está.
Y que barrí el día con el gesto torcido –hoy sí había trabajo que hacer– y quejándome aún de la riñonada puñetera, pero algo mejor, y que llegó a visitarme el alcaldote de Morille, Manolillo Ambrosio, acompañado de un colega, y que les conté mis cuitas de pequeño empresario con problemas, y que también vino Paquito Montero y charlamos un rato, y que entre todos acabamos de alzar el librillo del Casino Obrero [otra vez con premio para Gabrielete Cusac, otra vez, otra vez... je, je... como el disco de Martínez Sarrión], y que regresé a casa con una bandejota de pasteles porque hoy cumple añotes mi Felipón adolescente y grandorro... y que cenamos y…

Sé que tengo riñones.

21 de enero de 2009
Sé que tengo riñones porque hoy me duelen como puñaladas traperas.
Creo que anoche dormí cuatro o cinco horas discontinuas y se me fue la olla en terribles pesadillas que acabaron con la pregunta absurda de si sobreviviré a mis excrementos. El resto de la noche lo pasé en una suerte de autocompasión que me dejó amargo y tiradito.
Me levanté del lecho como con barba de diez días [el bigote, de más, que ya se traba en la sopa como un buzo] y metí este cuerpo de azufre quemado debajo de la ducha caliente... fue el mejor momento en muchas horas... el costado derecho latía por su puta cuenta y un dolor de agujas me hacía andar cojitranco por la casa. Cuando flojeo, me gusta mirarme desnudo en el espejo para encontrar el paso [el dado y el que dar], y me encontré mayor de cojones... con los ojos cansados y tumbados como limones sobre sus dos ojeras, con la barba reblanca y brillante por el agua y el jabón recientes, con el cuello empeñado en hacerse raudales de la lluvia d…

Prefiero sugerir que verificar.

20 de enero de 2009
Mientras que el filósofo ataca una dificultad en un término para buscarle la utilidad desde el pensamiento desarrollado, el poeta mesa esa dificultad para ofrecerla como significado en el campo de amapolas de un poema. El filósofo intenta cerrar verificando y definiendo, y el poeta intenta abrir sugiriendo. Ambos juegan con una materia ilimitada, escurridiza y peligrosa: la palabra.
Ante la inmensidad de la materia con la que se trabaja, el filósofo demostrará su excelencia cuando sea capaz de determinar todo lo que debe dejar de lado para centrarse en su objetivo [el campo de las palabras y los pensamientos está lleno de tentaciones físicas y metafísicas que acaban despistando con facilidad]... el poeta, sin embargo, será excelente en la medida en que sepa abarcar el máximo para compilarlo en la magia del verso.
Por eso prefiero la poesía a la filosofía, la explosión a la marca concreta, el juego del indicio al ajustado ardor de la definición exacta.
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Lo más bonito …

De lo fantástico.

19 de enero de 2009
Todo lo que me sucede es fantástico porque no tiene explicación antes de ser, no la acepta mientras es y no le cabe cuando ha sido. El problema es que a veces me olvido de ello y tomo por realidad tangible lo que es fruto de mi constante fantasía... entonces me doy de bruces contra la pared que son los otros.
Mi solucionario es fácil, bien fácil: no olvidar que vivo y sobrevivo en mis fantasías y perseverar en ello y en ellas hasta el último aliento.
Sé que no puedo acceder a demasiadas cosas ni a innumerables conocimientos, pero mi fantasía me da ‘posibilidad’. Si no está escrito el poema que necesito, simplemente lo escribo... si no existe la novela que quiero leer, sencillamente la transporto de mi cabeza al papel... si el mundo no me da las claves para que coincida con mis premisas ideológicas y estéticas, edifico un mundo propio y me pongo manos a la obra.
Así, desde lo fantástico, es posible hacerlo todo [o, como poco, comenzarlo todo]. Y ahí vibro, ahí disfruto,…

Hacia lo que está oculto.

18 de enero de 2009
Nos mueve siempre la curiosidad hacia lo que está oculto... de ahí el combustible para seguir cada mañana. Curiosidad hacia el otro, hacia las cosas, hacia los hechos que no nos explicamos... y amamos por curiosidad, odiamos por curiosidad, aprendemos y desaprendemos por curiosidad hacia lo que se oculta a nuestros ojos o a nuestro entendimiento... y también necesitamos la curiosidad y lo oculto porque nos excita su existencia posible o imposible.
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Decía Valéry que “más vale ser amado que ser comprendido”. Quizás esté muy por encima de la comprensión y el amor el ser seguido.
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Soy naïf en casi todo porque no estoy formado, y ser naïf en un tiempo complejo es demostrar mi inutilidad técnica y la incapacidad para ponerme en mi tiempo con solvencia... y encima lo muestro y lo demuestro... ¡estúpido vanidoso!
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Recuerdo ahora unas palabras del amigo Ariel Luque en su blog cinéfilo:. “poesía e imagen... algo así como un misterio”, y me pongo a recordar con cierta cosit…