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Lo bueno se vive y lo malo se escribe.


22 de enero de 2009
Me salió ayer sin querer durante una conversación en la que me animaban a escribir algo en tono optimista. Respondí sin más: “lo bueno se vive y lo malo se escribe”. Enseguida apunté la frase en mi agendita de aforismos y luego me puse a pensar en esa autocompasión que tanto exploto en mis cosas. En fin, uno es así y ya está.
Y que barrí el día con el gesto torcido –hoy sí había trabajo que hacer– y quejándome aún de la riñonada puñetera, pero algo mejor, y que llegó a visitarme el alcaldote de Morille, Manolillo Ambrosio, acompañado de un colega, y que les conté mis cuitas de pequeño empresario con problemas, y que también vino Paquito Montero y charlamos un rato, y que entre todos acabamos de alzar el librillo del Casino Obrero [otra vez con premio para Gabrielete Cusac, otra vez, otra vez... je, je... como el disco de Martínez Sarrión], y que regresé a casa con una bandejota de pasteles porque hoy cumple añotes mi Felipón adolescente y grandorro... y que cenamos y le cantamos a voces el cumpleañosfeliz y el felizentudíaamiguitoquediostebendiga [manda güevos, yo deseando que a un hijo mío le bendiga dios], y que me reí mientras llenaba la tripilla con pasteles de queso con grosellas y yemitas reales.
Un beso, hijo grandote.

Comentarios

  1. Me parece genial el aforismo, yo también llevo siempre a cuestas esa libretilla pequeña pero útil,y que felicidades al padre por la parte que le toca, y felicidades al hijo!

    Un abrazote
    Marian

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