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Mostrando entradas de agosto 25, 2013

Me volvió el trazo bruto...

Me volvió el trazo bruto (no el grueso, que no es lo mismo) junto a las ganitas de sábanas frías y tormentas, de ventoleras y bufanda... yo siempre busco los cambios de ciclo en los cambios de estaciones, me cambia el carácter, el ánimo, la forma de ser y estar... y es que este verano me ha dejado a purito pelo, agotado, con menos peso y con unos nervios a flor de piel que jamás había tenido... así que quiero nubes y chubascos, rincones calientes donde quitarme el frío... y una tensión nueva que me deje capaz de afrontar lo que venga con rabia y dos cojones... y volver a leer, a escribir, a entrar en relación con mi mundo de verdad, no con esta mierda hecha de deudas y de pesas falsas... si en promedio no soy un mal tipo ni me meto con nadie que no se lo merezca, pues que me dejen, coño, que dejen que desarrolle mis potencias y mis ganas en soledad, que me dejen vivir así, en silencio, apartado en esta ‘soledad del solo’ (qué bien me conoce mi amigo Morante a pesar de que me tenga por…

Palabras para Claudia...

Recibo por sorpresa carta de Claudia, aquella adolescente que me dejó marcado durante un encuentro en Mérida (aquellos ‘encuentros con autores’ que, cuando no gobernaba el PP, se hacían en los institutos de educación secundaria) y a la que escribí durante algún tiempo en mi diario bajo el título ‘Palabras para Claudia’... y ya no es una adolescente, ni mucho menos, que es una mujer joven y dinámica con la cabeza bien estructurada y con un cúmulo de experiencias que le van poniendo angostura en esto de vivir. Claudia primero me emociona al recordarme aquel encuentro... 
«Recuerdo aquella charla en la biblioteca, a la que a punto estuvimos de no ir, por culpa de los exámenes. Aquel relato introductorio sobre alguien que murió en alguna corrida de toros. La primera vez que un adulto nos reconocía que “los mayores” también hacen el amor y nos recomendaba no llegar a casa antes de la hora acordada para dejar tiempo a nuestros padres en “lo suyo”. Y, sobre todo, la firma en el pequeño poemar…