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Mostrando entradas de abril 7, 2013

Lamer la mano hasta que quede blanda...

Lamer la mano hasta que quede blanda, como si lamieras una herida, pero sin herida... incluso como si lamieras la mano, pero sin mano... o buscarte mujer en los pliegues del cuerpo para encontrar de una vez el secreto que de puro iguales nos hace distintos, para entender de pronto lo que nunca pudiste entender. La mesa puesta... los platos preparados con su brillo de platos... los cubiertos dispuestos sobre la servilleta... un frutero con naranjas en el centro... y las sillas, como ataúdes diarios, esperando a su muerto...  Miro la mesa y me quedo abatido, cada día, cada comida, cada cena, cada desayuno... y no presiento esporas capaces de cambiar esto como debe cambiarse... entonces me voy al baño, me encierro, bajo mis pantalones y me siento en el váter para pensar, que es como mejor pienso, y hago mi lista repetida durante meses: Sanidad: universal, coño, universal.Alimentación: completa y para todos, coño, para todos.Formación: obligatoria y gratuita, coño. Vivienda: universal tambié…

Sintagmas... sintagmenos...

Queda la usura para ir agotándonos las provisiones, una usura que ya nos tiene otra vez en los años cincuenta del siglo pasado y promete seguir su viaje al mundo de los saurios con intención liberal y garras para emponzoñarlo todo... y encima se van muriendo los buenos... José Luis Sampedro lo hizo ya, no sin dejarnos un magnífico legado que me gusta resumir en esa respuesta tan suya: ‘¿Libertad en un mundo dominado por los mercados?... vaya usted al mercado sin dinero y luego me dice la libertad que tiene.’... y eso, que queda la usura que propició en su día –y entre otros–  la finada Dama de Hierro (reina de los ladrones en su día y ejemplo de pequeños rateros como todos los que conforman la estirpe aznara, el mundo de caquerío pesoero o los hurtadorcillos catalanes, vascos y gallegos). A este paso terminaremos reproduciéndonos con espermatosaurios y ovulodontes para que nuestros hijos vuelvan genéticamente a vestir harapos y a jugar en la arena, entre la basura, con dos velones de m…

Me miro, y no soy yo...

Ayer, en el marasmo mercadillero (el marasmo siempre ha sido un déficit de calor), tuve que tomar la decisión salomónica de gastarme mis dos únicos euros en un café calentito para echarle algo de ánimo al cuerpo tiritero/titiritero que aguantaba las horas en la espera de vender algún libro por un ‘nada’ a los pocos viandantes que transitaban la zona. Me alegré enseguida de contar con amigos, pues cuando hice el gesto de pago, el camarero atento me dijo que el café ya estaba pagado por un colega (¡¡¡¡biennnnnnn!!!)... pero todo se torció en un desencuentro raro... uno de los presentes se dirigió a otro amenazante y, en un tris, se les fueron las manos y salieron del bar a montar un escándalo en la calle... y me quedé absorto (más de lo que ya lo vengo estando desde hace unos meses), sin saber qué hacer ni qué pensar... solo se me venía a la cabeza que el personal está tenso, medio armado ya contra cualquier gesto torcido, cabreadísimo y violento. Volví a mi puesto entre libros, al jodid…

Mis manos...

Clorhídrico el humor... y la lluvia encerrándome en estancias pequeñas mirando como ido este pasaporte a ninguna parte que ahora son mis manos... tienen el gesto como de pedir calma... o lo mismo el de pedir de un pobre de Lacoste en la tetilla... son mis manos, unas manos grandes y venosas, con las uñas mordidas y alguna mancha de tabaco entre los dedos... aún capaces de lo que tenga que ser, aunque no quiero que sean golpes... Siempre he querido a mis manos, las he querido mucho más que a cualquiera otra parte de mi cuerpo... y las he educado en tactos y gestos muy dispares para hacerlas lo mejor de mí, para que sean la expresión de todo lo que soy y de lo que deseo ser... pero ahora están lúgubres, oscuras, temerosas del trazo y de la letra, están como agotadas de no poder con todo... y las miro con los ojos blandinos, como pidiéndoles que vuelvan a ser manos creativas, elegantes, orgullosas de ser mis dos heraldos.