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Mostrando entradas de octubre 6, 2013

Ezra...

Ezra, a pesar de su pensamiento fascista y antisemita –me alegré de leerlo antes de conocer su pasión por Mussolini–, fue capaz de poemas mágicos y, sobre todo, me embelesó saberle miembro de la Generación Perdida... aquello me impactó cuando era jovencillo... ‘hostia, tú, ser miembro de la Generación Perdida’, le decía a mis amigos más cercanos, a los que tenían afición a la lectura, como yo la tenía... y luego... ‘fíjate, si fue colega de Tzara, de Duchamp, de Léger... un tipo con esas amistades debía ser como un dios... un dios menor, sí, pero un dios’... esos indicios eran parte de mi pasión por la literatura, pues en ellos veía la aventura nueva, esa aventura que antes radicó en Salgari o en Verne por lo patente de sus historias... y la aventura nueva consistía en pertenecer a algo minoritario y escondido... y rozarse con tipos realmente apasionantes... por aquella época –mis primeros años universitarios– solo podía ‘rozarme de vista’ con Aníbal Núñez o con Manolo Díaz Luis... ta…

Agustín...

La última vez que vi a Agustín, yo estaba colocando unas lonas en la fachada de un edificio junto a la carretera nacional antigua, la que pasa por la ciudad... cruzó la carretera con parsimonia a pesar del tráfico y me vio enseguida... ‘¿trabajando, Felipe?’... ‘Ya ves... ¿y tú?’... ‘Pues podría decirse que también; vengo a ver si encuentro una pieza eléctrica para arreglar un aparato de casa’...  Me interesé por su salud... ‘Ya ves, hecho una pena y sin demasiadas ganas’... luego hablamos casi telefónicamente de cómo iban las cosas, de la crisis, de Alberto... ‘nacisteis en mala época, y mira que hubo un tiempo en el que parecía que no iba a ser así, pero las cosas se tuercen y ya ves’... me sonrió con aquella sonrisa dulcísima que siempre me regalaba cuando nos veíamos, me apretó la mano y se despidió con un... ‘venga, cada uno a su tarea’... y hoy ya no está, porque siempre se marchan los mejores, los que realmente saben lo que es la vida y pueden darnos pistas válidas para ir traz…

Nada que no venga. Nada que no se marche...

Nada que no venga. Nada que no se marche... así descubrí una noche la poesía de Odysseus Elytis mientras se me oxidaban los ojos con el suave oleaje de aquella novia que esperaba un barco en la roca más mojada... y me metí sin más en esa estética de mascarón poético llena de caracolas y de vientos etesios, de estambres de deseo y de hombres sin ningún destino... recuerdo que escribí entonces algunas notas en mi cuaderno, unas notas que no encuentro, pero que andan difuminadas en mi memoria... sé que disfruté aquella primera lectura y también sé que en los días siguientes esbocé algunos intentos de poemas que quedaron perdidos junto a aquellas notas... hoy he vuelto a sus versos (tengo entre mis manos ‘Orientaciones’ en una edición de 1996 con traducción del amigo Ramón Irigoyen) como en busca de la transparencia a través de este hermético y suave surrealista... y me quedo mirando en sus ventanas.
Y me pregunto por qué ardo en la poesía con la que está cayendo, por qué vivo en ella si t…

Y ser todo lo que me posee.

Decía... la realidad no puede ser un hecho irrevocable... debemos negarnos constantemente a que lo sea, debemos darle aire al compromiso para asestarle una buena puñalada al mundo que nos toca... no podemos aceptar la domesticación como si nada, no podemos quedarnos en ese ridículo sentido de la vida que nos han grabado a fuego desde chicos... sería mejor estar muertos que permanecer en esta inútil comedia sin intentar salirnos del papel que se nos ha impuesto... debiéramos hacer diariamente el duro trabajo de poner en evidencia la mediocridad de los demás y no desalentar en ese empeño nunca... poner en vergüenza a quienes se resignan y se deciden vencidos... ¿sabéis que no se puede nada contra quien lo ha perdido todo?... de ahí exactamente parte la dignidad, ese valor que se olvidaron cuando planearon las nuevas formas y usos del hombre actual... y yo pensaba que me apetecía morir serenamente, sin el agrio color de quirófano en mis pupilas... morir a cámara lenta y saberme en el bor…

Notas de mi cuaderno de octubre.

Aquí se dicen las cosas solo una vez, pero no sucede lo mismo en otros lugares, así que no culpéis a nadie por esta esterilidad de palabras y de gestos... aquí cada cosa se dice una vez y basta... y también se responde solo una vez... y también basta, pues cada palabra de más sobra o modifica lo dicho, así que no culpéis a nadie por decir solo una vez lo que precisa o por responder solo una vez a vuestras preguntas... aquí se dicen las cosas una sola vez, aquí se hace todo a la primera, aquí un sí es un sí y un no es un no, sin medias tintas, aquí se llega siempre justo a la hora de la cita, aquí se da la palabra y se cumple... así que no culpéis a nadie por hacer las cosas justo como se hacen aquí, no culpéis a nadie por no dejarse a la insistencia ni al juego absurdo de convencer... y así hasta lo más primoroso del desastre en el que existe solo el ‘es’ y no se da jamás posibilidad al ‘puede ser’... la claridad adorna, pues es como el brillo que queda en los ojos después de amar. Qiz…

Mis libros...

Mis libros son ahora el único lugar donde estoy tranquilo (Cortázar es un genio que dijo lo que digo y seguro que también dijo todo lo que diré)... y al dorso estas estaciones marcadas con compás, estos cambios de ciclo trimestrales capaces de darles a mis calles luces y sombras que las hacen parecer diferentes (tan solo parecer)... e inventariar las camisas con cada ciclo, los pantalones, las mudas, los zapatos... inventariar cada uno de los sentimientos de canto y de perfil y guardarlos doblados en la cómoda vieja como esperando que algún día les llegue un sigiloso signo de libertad, una mañana, un grito... no sé... y ser de las campanas pesadas, pesadísimas, que tañe el cura abajo... o de cada vestido blanco... o de cada pelo oscuro mecido por el aire cambiante, o de cada pupila, o de cada apuro al oler un perfume... o de cada pájaro... otros días no... porque otros días uno se siente negro, como con hollín... y solo un vaso de leche calma... esos días también guardo las sonrisas, …