Siempre me hizo gracia esa vena salvadora y grandilocuente que acompaña al poeta [‘Nos corresponde a nosotros, poetas / estar al pie de las tormentas de Dios, / con la cabeza desnuda, / para apresar con nuestras propias manos el rayo de luz del padre, a él mismo / y hacer llegar al pueblo envuelto en cantos / el don celeste.’ F. Hölderling] y que le hace suponerse a sí mismo un ser superior con una misión altísima que cumplir. Patrañas, todo patrañas. La poesía es del hombre y para el hombre, del uno para el uno en primer lugar y sobre todas las cosas y, después, puede que llegué a ser del uno para los demás, pero sin dioses por medio, sin trajes largos ni bandas sonoras de rayos y truenos. La poesía es fundamentalmente vía de escape del pensamiento individual y, no se sabe cómo [algunas veces sí], puede llegar a ser materia de consumo común y hasta ser susceptible de esa gloria humana que anuda peanas absurdas. Es en nuestra sociedad actual y consumista, engañada de forma global y sib...
Bitácora de Luis Felipe Comendador