*[Esta entrada tenía una imagen, pero he decidido quitarla...] Sé que es una maldad, pero no me resisto a contarla porque me arrepentiría de no hacerlo. Hace unos meses, cuando montaba obra propia como decoración de un hotel en un pueblito de la Sierra de Francia, durante uno de los descansos de aquel ajetreo decorativo, me acerqué a la plaza del pueblito para tomarme una Coke fría, pues hacía un calor del carajo. Para mi sorpresa, allí estaba uno de mis más admirados amigos sentado junto a una lindísima chica argentina a la que me presentó como su pareja. Yo, alegre de encontrarme a mi amigo, acepté la invitación de sentarme con ellos a tomar mi refresco y charlamos animadamente de cosas banales. Debo contar, antes de continuar con el relato, que tengo muy mala memoria cercana [y también lejana] en lo que se refiere a nombres, calles y números de teléfono, por lo que uso nombres icono que me sirven siempre para salir del paso. Si el objeto del olvido es un varón, lo llamo siempre ‘chi...
Bitácora de Luis Felipe Comendador