Como escribió Tadeusz Ròzewicz, “yo me quito la poesía para ver más claro” [la cita encabeza, más completa, un poema muy hermoso de mi amiga Belén Artuñedo]... y yo también. Me quito cada poema como una laja que va dejándome purificado y liso. De cada desprendimiento poético voy aprendiendo algo, pero ese algo queda en mí, mientras que el poema es el pétalo caído, lo que muere y se hace objeto para el desgaste, lo decorativo que se hace sobra... Así, yo soy mejor en la medida en que me desprendo de mis poemas [mejor para mí, entiéndase], quedándome con el conocimiento que los propició y soltando el lastre de las palabras imperfectas para que rueden solas al soplo de cualquier viento, y se interpreten sin que yo ya tenga nada que ver en su juego de ensalada. Yo siempre sé lo que me lleva al poema, lo tengo muy claro cada vez que la llama se enciende... luego puedo frustrarlo por incapacidad expresiva o simplemente por mi falta de técnica o de estro... pero la idea cobra fuerza en mí y m...
Bitácora de Luis Felipe Comendador