A veces me lamento de no tener días demasiado desdichados, y lo hago bajo el pensamiento de que la poesía brotará de ellos. Y quizás me equivoco [Albertito Hernández siempre me habla de que no hay dolor creativo]. El caso es que cuando me llega un buen día, un día alegre, termino lamentándome porque no tengo la sensación de que haya sido un día productivo. Sé que todo esto es una tontería, una pose más para sumar a la estatua falsa de mí mismo. La realidad, la justa realidad, es que las cosas mejor trazadas son las que llegan sin buscarlas, sin forzar nada, de tal forma que hasta lo más despreciable, cuando llega con naturalidad, puede convertirse en materia poética. También es bueno aprender a confiar en que las cosas llegarán de una forma… ¿misteriosa? En esa espera se disfruta mucho, sobre todo porque de esa situación acaba salvándose uno de los propios defectos mientras se amarra a lo inconsciente como a una balsa. ••• Recibí desde la generosidad del colega Antonio Reseco unos cuan...
Bitácora de Luis Felipe Comendador