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Mostrando las entradas etiquetadas como GUILLERMO SUCRE

La poesía es una extraña indisposición.

Salamanca no es una ciudad bonita si vas a ella como suelo ir yo: al hospital o a dejar a los hijos a su suerte. Ayer hice una de esas visitas roncas y me afectó psíquicamente y físicamente. Viajamos para trasegar todas las cosas de Mariángeles a su nueva residencia helmántica y ya el viaje de ida estuvo lleno de silencios larguísimos. Ya en Salamanca, encontré aparcamiento justo a la puerta del edificio donde residirá mi hija [tengo para esto una flor en el culo], descargamos y subimos hasta el piso cuarto con cierta emoción contenida [mi hija va a residir justo al lado de donde vivió sus duros años poéticos Aníbal Núñez… espero que se le pegue un poquito de aquel espíritu]. La vivienda es desoladora: techos altísimos, luz macilenta, pasillos infinitos, sensación de desalojo, suciedad y un silencio tenso. Y si ya hablo de la habitación donde mi hija pasará sus días y sus noches, pues me dan ganitas de ponerme a gritar: en un aproximado espacio de tres por cuatro metros hay un armario,...

Si quieres venir...

SENTADO SOBRE EL COFRE, HABLO A LA DIOSA Si quieres venir, has de saber que jamás piso tierra sagrada y que palpo la vida con las manos abiertas, que bebo la leche fría en el tazón blanco y dedico las mañanas a acumular la savia que haga crecer un árbol hermoso sobre mi tumba, que transito desnudo el espacio que dejan las mujeres para impregnarme del viento de sus danzas, que en la noche apago las orillas y recojo el horizonte, que colecciono almendras con vocación de ojos y me baño en el jugo que vendimio en los vientres. Debes estar dispuesta a repararme con el cuchillo oxidado, a conquistar mis axilas rebeldes con tus dientes blanquísimos y a buscarme el envés con perversión y signos. Debes estar dispuesta a admitir mi evidencia e incluso a suplantarme si me vieses cesando. Debes estar dispuesta a beberme, a chuparme, a poseer mi espalda, a anular mi esplendor con dulces resistencias, a vigilar mi sueño sin tocarme los hombros, a buscar los matices de mi nuca afeitada, a custodiar m...