Tomaba mi desayuno junto a Ricardo y Josema cuando apareció Braulio G. Noriega [T. S. Norio], como si nada, con un sobre blanco en la mano y su sonrisa eterna, con su paz de ángel como salido de las minas de carbón y dispuesto a echarse a volar sin más. Nos abrazamos fuerte y continuamos el rito del café con conversación de puesta al día. En el sobre traía el número 504 de “La última canana de Pancho Villa”, que bajo el título hermoso de “La compañía de Mimo Rodin vuelve a Salamanca” recoge un gozoso poema de Norio [que me dedica… mil gracias, amigo] y unas hermosas fotos realizadas por Belén Artuñedo sobre estatuas de Rodin. También me dejó la décima edición del diccionario cananero, realizado para entregar a la gente del Encuentro de Editores Independientes que se celebra este puente en Punta Umbría. Cambiamos cromos y bajamos a mi estudio para ordenar los días de ausencia con una mirada rápida a las cosas pendientes. Luego se fue. Le quiero yo a este tipo. ••• Hay un claroscuro en e...
Bitácora de Luis Felipe Comendador