sábado, enero 03, 2009

LAVS DEO.


3 de enero de 2009
Ayer le prometí a Guillermo que iríamos todos a desayunar juntos a la pastelería Italia, que mi chico flipa con los desayunos pantagruélicos [igualito que yo, a qué negarlo], y quedamos en madrugar para que no tuvieran atascado el lugar esa horda de madrileños y portugueses que vienen al mochileo o al esquí proforma.
A primera hora de la mañana ya estaba mi Guille en pie esperando como un campeón a que yo saliese de la ducha [Felipe se rajó por ardor de cama y Geles dijo que desayuna mejor en casa, por lo que la cosa se quedó en dos, los dos glotones de la casa]. Nos manducamos colacao con bollería y un enorme zumo de naranjas recién exprimidas... mmmmm... y compramos unas palmeritas de huevo y unos donnuts para que los desayunaran en casa Geles y Felipón [el secreto del paquete es que también había goloseo para Guille en su interior].
Dejé a Guille en el portal de casa y me fui hasta mi viejo estudio de Colón en busca de una preciosa edición de “El Parnasillo”, con la antología poética de Bocángel en dos tomos, que me regaló Luis Alberto de Cuenca el 2 de julio de 2005 en uno de los encuentros que tuvimos por aquellas fechas [me lo dedicó el colega “Para Luis Felipe, con la devoción milenaria de Luis Alberto”]. Pues buscando esos tomos deliciosos del que escribió “Cautiváronme dos ojos / como Dios hizo un Argel...”, me topé con una bolsa blanca que alguien había depositado sobre mi vieja Underwood. La tomé y enseguida supe que contenía un libro gordote. Lo saqué de la bolsa y tuve que sentarme en la sillita de mi biblioteca para no caer desvanecido al suelo. Era una edición de 1702 conteniendo la parte primera de las “OBRAS DE D. FRANCISCO DE QUEVEDO VILLEGAS, Cavallero de la Orden de Santiago, Señor de la Torre Iuan Abad. DEDICADAS A LA MVY ILVSTRE ACADEMIA DE LOS DESCONFIADOS DA LA EXCELENTISSIMA CIVDAD DE BARCELONA”. La edición es del maestro impresor Jayme Suriá y rezan como lugares de venta, en Barcelona, la casa de Jayme Suriá en la Calle de la Paja; la casa de Iuan Piferrer, en la Plaza del Ángel, y la librería de Iayme Batlle. Contiene un prólo de Fray Miguel Zugarramurdi y los imprimatur “Die 19. Octobris 1702. / IMPRIMATUR. / Romaguera, Vic. Gen. & OFF.” y “ Die 19. Octobris 1702. / IMPRIMATUR. / De Senjuft, & Pagés, Cancel.”.
Toqué el libro con incredulidad, pasé sus páginas [algunas con restos inequívocos de carcoma, pero limpias de hongos y humedades], leí algunos párrafos con auténtica curiosidad y me detuve en el índice de contenidos, que es el que sigue [sic]:

• EL Sueño de las Calaveras.
• El Alguazil Alguazilado.
• Las Zahurdas de Pluton.
• El Mundo por Dedentro.
• Hiftoria, y Vida del gran Tacaño.
• Vifitas de los Chiftes.
• Cartas del Cavallero de la Tenaza.
• Libro de todas las cofas, y otras muchas mas.
• La Culta Latiniparla.
• El Entremetido, la Dueña, y el Soplon.
• Cuento de Cuentos.
• Cafa de los Locos de Amor.
• Carta de las calidades de vn Cafamiento.
• Carta de lo que fucedió en el viage, que el Rey nueftro Señor hizo a Andaluzia.
• Vida de Marco Bruto.
• El Romulo, traduccion del que efcriviò el Marquès Virgilio Malvezzi.
• Carta de Luis XIII. Rey de Francia.
• Tira la Piedra, y efconde la mano.
• Vida de San Pablo Apoftol.
• Vida del Bienaventurado Fr, Tomàs de Villanueva.
• Memorial por el Patronato de San-Tiago.


Y pasé la mañana entera rendido a la escritura del maestro Paquito Q., descifrando su ingenio poderoso, riendo con sus continuos golpes bajos a Garcilaso y subidito a una nube de las buenas.
Con mi tesoro, como un Frodo temiendo convertirse en Gollum, corrí hasta mi estudio nuevo, pues en el viejo hacía un frío de cojones, y volví a disfrutar como un crío tocando, acariciando páginas, leyendo aquí y allá, riendo de satisfacción...
No sé quién lo ha dejado donde lo encontré, pero para mí supone el mejor arranque del año que pudiera imaginarme. Jo, estoy absolutamente emocionado.









viernes, enero 02, 2009

Los goznes de la espalda.


2 de enero de 2009
Como escribía el bueno de Carlos Barral en su poema “Evaporación del alcohol”, empiezan a ‘notarse los goznes de la espalda’, chirrían las rodillas igual que lo hace el coche [hoy lo dejé depositado en el taller de Vicente para ver qué le pasa], la cabeza no aguanta ya el trasnoche, las manos se aturullan con un no sé qué eléctrico que las deja entumidas por segundos, el cuello cruje [y no es vejez, que es solo fruto de un jodido frenazo hace unos meses] y hasta mi pie derecho ha perdido una uña fruto del golpe seco de una máquina.
¿La cabeza?... a su jodida bola, intentando flotar o huir o encontrar un olvido decente sobre el que hacer dos pausas.
El año empezó así, como si nada, con avería en el coche, como he dicho, y un hervor a tartana en el chasis del cuerpo, y un montón de clientes pidiendo calendarios, y ese tipo del banco que me llamó hace un rato para decirme no sé qué de que no hay saldo [ayer tampoco había, pero no me llamó porque era festivo].
En casa, todo chuli, pues nos llegó la niña para pasar dos días [no le vimos el pelo, pero la casa mordía su presencia en cada esquina] y tramitamos juntos –todos– las cenas y comidas, los juegos de la Wii, las pelis de la tele, el turrón y las risas, los brindis con champán...
Al mundo también le suenan mucho los goznes de la espalda, con los judíos matando en la tierra usurpada y metiendo tensión con su chispa de guerras y conflictos mundiales, con la falsa esperanza negra que es Obama [para el que no lo sepa, será más de lo mismo, pero con mejor cara, que en esa Roma yankee solo manda el dinero y los que lo poseen... quizás cambien las formas, que no es poco], con la gente olvidada haciendo el día entero alrededor de un pozo o huyendo por caminos de barro hacia el siempre peor... ¿a qué darle más vueltas, si no puedo hacer nada?
Para salvarme un poco, me reúno en mi estudio conmigo y hago un rol de proyectos de supervivencia:

• Escribir cada día dos horas como poco.
• Mantener la ilusión intacta de los proyectos SBQ solidario y trabajar en ellos con la sonrisa puesta y sin saber de obstáculos.
• Dibujar si decaigo.
• Mirarme lo del cuello antes de 2010.
• Intentar otro año de empresario mediocre.
• Editar cuatro libros ajenos que me gusten [ya tengo a J. M. Cumbreño y a J. A. Sainz en cola de impresión].
• Viajar por fin a México si la AECI lo quiere y me da facilidades.
• Leer poesía a diario.

En fin... pasar entretenido el tiempo que me venga y tener siempre un as en cada manga para salvar las crisis pequeñas que me lleguen.

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LA FUGA DE ANTOINE DOINEL

Fue la lluvia
y mirar desde el furgón
los rostros vegetales del gentío,
el medir las mañanas en el suelo
según la luz corría de baldosa en baldosa,
el eco de tu voz en las paredes
–sin respuesta jamás–
y esa curiosidad que es como el hambre
por ver el horizonte de los héroes.

Te preguntaste si en el mar habría
una salida neta del silencio
que rezuma el ser uno entre los hombres.
Te quisiste matar por un segundo,
y comprendiste al fin
que hay un abrazo tuyo
pendiente de entregar
y otro que espera
a sopesar tu escuálido volumen.

Pues claro que la vida te interesa,
¿a qué si no esta huida de lo inhóspito?

Colette en bañador
merienda al fondo.

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jueves, enero 01, 2009

L’art n’est pas chaste.


1 de enero de 2009
La niña que salió a la noche vestida como una mesita camilla, repintada, olorosa, como virgen putón del loliteo, esta mañana quizás esté pidiendo en urgencias Norlevo o Postinor... o lo mismo no se atreva, porque la dormidita me flocó los ojos con una edición Gallimard de Dominique Dupuis-Labbé [“Picasso érotique”] y el día que contiene el final y el principio se me hizo rustidera entre “Suzanne et les vieillards” y “Le Rève”.
La niña de lunares, la niña, pintada y de lunares, la niña, con medias negras tupidas y unas braguitas rojas se fue hasta el ron barato con tacones. La niña con el pelo hecho bucles, la niña, y una diadema y un bolso negro y esa fiebre...
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Salí a la noche, justo después de las uvas, porque el jodido estómago me pedía un tratado de no agresión, y lo hice con Antonio, que también va mayor, como casi todo lo que me rodea, y fuimos a felicitar a You, pero no pudo ser, pues andaba currando como un esclavo, que lo es, que lo es, que lo es [ha tenido que trabajar las noches de Nochebuena y Nochevieja quizás porque es negro o musulmán o un paria o, simplemente, uno más de todos los que no tienen suerte con la aplicación tácita de los convenios colectivos o sectoriales... en fin, en fin, en fin...]; y le dejamos una notita de afecto sobre su ordenador de explotado, mientras una pareja con hija monamona se hacía fotos “Hola” junto al florero hortera de recepción [pijos repugnantes con crisis de gusto y telarañas en la entrepierna]. Y que nada, que volvimos a la calle para hablar simplemente, para darnos noticia de la herida de edad mirando ese desastre de los padres que tiemblan y que olvidan, que tienen miedo y comen porque les va la vida en ello, sabiendo que algo va mal y soportándolo.
Y felicitamos al bonito de Antúnez, que nos quiso invitar a probar ese ron venezolano viejo mezclado con Perrier, pero que rehusamos, porque era mejor la calle medio sola y mojada... y volvimos a casa, y se me puso el sueño en las pestañas como una máscara y medio me cabreé porque los críos no querían dejar de jugar a la Wii y yo estaba partido, con una sensación de no hacer nada que me mata... y que nos fuimos prestos a dormir para olvidar el día, las armas, los beodos... y la niña niña con sus lunares y su braguita roja y su pose Degas y sus medias tupidas...
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CANTO AL EXCESO

Hijos de la fiebre,
que habréis de ser el polvo repetido
o el humus que alimente
a la amanita o a la russula
un otoño cualquiera,
podad la vida con la afilada hoz
de vuestro aliento
–no con el fino cuchillo de plata
ni con la cimitarra tocada de marfil–,
sed parte de la hoguera
que se enciende con el alcohol barato,
lamed los ácidos nucleicos
mientras estén calientes,
arded en la ictericia del hachís
y que el desorden mismo
sea el corcel que os lleve
a destruir las leyes indecentes
del que apaga la luz.

Hijos de la fiebre,
sabed que cada anciano muere solo
y todo su resumen
es mansa incertidumbre y voz vencida,
que el gris está apostado en la próxima esquina
aguardando ese paso seguro que daréis
y no habrá vuelta atrás
ni miradas posibles.

Soy la sal de Adit,
Isak Borj,
la paura.

lunes, diciembre 29, 2008

Mi hija rebonita.


Mi Mariángeles cumple 21 y es el primer año de su vida que no estamos juntos.
Felicidades, hija, y un abrazote gordo de todos los que habitamos la casa que vas dejando vacía.
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Recuerdo ahora un poemita infantil que le escribí a mi hija cuando cumplió cuatro añitos y que lo mantiene enmarcado desde aquel día sobre su mesilla [empezaba así: “Mariángeles, chichitas blancas, / de la luz chispita alegre...”... no lo continúo porque es algo íntimo y suyo] y la estoy viendo con su vocecita divina hablando sin parar, que aprendió pronto y con mucha corrección, sentada sobre la alfombra del salón, rodeada de juguetes y mirando embobada el vídeo de anuncios de juguetes que le grabamos la Navidad anterior [le encantaba mirar ese vídeo y se lo pedía siempre todo]. También recuerdo, y sonrío solo, sus días de ballet, que fueron muchos, y cómo fueron conformando su cuerpo y sus gestos con esa pose hermosa que lleva en su periplo de mujer... y sus constantes caídas por haber heredado mis tibias giradas [siempre se hacía los chichones en el mismo punto de la frente]. La recuerdo en mi cama a primera hora, con su pijamita y los pelillos revueltos, o unos años antes, tomando el bibe de mi mano mientras veíamos la tele del dormitorio, o riendo a carcajadas ella sola mientras seguía las cómicas historias de Los Aurones con aquel tontorrón que se descuajeringaba siempre [creo que se llamaba Gallofa].
Mi hija, mi tesoro, la que es exactamente igual que yo en todo, todo, todo... mi niña de nata... la que hoy no está aquí para embromarme y hacerme esas cosquillonas que tanto me mosquean mientras me dice con voz socarrona: “parrooo, que vas mayoooor”.
Te quiero, hija. Te queremos.

domingo, diciembre 28, 2008

Cromatografía de la luz.


28 de diciembre de 2008
Después de 14 días trabajando sobre una lámina irregular de cartulina verjurada crema de 69 x 24,5 centímetros [aprox.] y dos bolis “STABILO point 88 fine 0,4” vacíos, con las muñecas agotadas de tanto trazo y con la cabeza medio limpia de los mil malos rollos pequeños que me acucian, he terminado por fin mi “Cromatografía de la luz”, una representación de nueve mujeres desnudas sobre un jodido fondo de escritura [es lo que más me cuesta rematar, ese tipo de fondos realizados con grafías pequeñas y mezcladas] de las que una está dando a luz una lámpara de filamento incandescente. He vuelto a mis dibujos de línea marcada [ya empecé con ellos en mi nuevo diario gráfico hace unas semanas bajo el título de “Busca mi olor”, del que llevo rematadas 19 páginas], entre otras cosas, porque quiero retrotraerme a esos años en los que intentaba cierta poesía social y en los que siempre hacía este tipo de dibujos, empezando por dibujar mujeres en posiciones lascivas y terminando inexorablemente con el dibujo de monstruos irritados que devoraban todo y por ahorcados orinando tulipas encendidas o enredaderas llenas de flores con cinco pétalos. Nunca he sabido por qué realizaba aquellos dibujos, aunque sí fui siempre consciente de que cuando remataba mis dibujos más oscuros era justo cuando emanaban los poemas más intensos. El caso es que he entrado en ese frenesí de nuevo para buscarme “Los 400 golpes” que necesito, y he entrado por la luz de siempre, por el dibujo simple que empiece a estimular el cambio mental que necesito, pues aún sigo en la vena de los “Dientes de leche” y las palabras se van a ellos como un imán, sin que mi voluntad pueda hacer demasiado al respecto.
¿Hacia dónde quiero ir? Veamos:
Sé que la poesía social siempre ha tenido un fuerte componente narrativo y cierta épica [tampoco hay que ocultar su jodida salsa de doctrina]; es por ello que se aleja de la poesía lírica, que juega con las emociones y los símbolos, con esa llamada ‘emotividad subjetiva’ creada para definir la mismita nada del poeta, o por lo menos eso es lo que vienen diciendo desde hace años los estudiosos de culos planos que viven de estas tonterías con magros sueldos universitarios [aunque, si lo pensamos bien, ¿qué puede resultar más emotivo y simbólico que la denuncia de, por ejemplo, la cara de un niño muriendo de hambre en Biafra, con todo lo narrativo, doctrinal y épico que se nos quiera poner el poema?].
El caso de la cosa es que quiero llegar a conseguir poemas sociales que contengan la voluptuosidad poética de mi idioma, es decir, aunar mi planteamiento moral y mi pensamiento ético con la postura más lírica que he aprendido a volcar sobre el papel.
Mi duda radica en si seré capaz de armar poemas claros [la poesía social debe ser una poesía clara –entendible por el receptor al primer golpe–, lo que no quiere decir que tenga que ser una poesía mala] en los que exista altura lírica.
En ello estoy... y es jodido.