Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de 2014

El último mohicano...

El último mohicano, que se me apareció en el sueño de anoche, me miraba fijamente y sonreía porque, me dijo, todo es susceptible de mejorar, pero también de empeorar... y aquí siempre la mesa puesta, el jabón reposando en el platito del baño, los calcetines recién lavados y estirados en la mesa (éste con ése, aquél con el de más allá), la tele en stand by hasta el próximo lavado de cerebro, el mechero en el bolsillo izquierdo, la calefacción aguardando a que la cosa baje de dieciocho grados… el día y sus balizas más comunes… ya apenas encuentro pan de tahona y lo que era un buen roce entre vecinos, ahora es una fila en algún súper mirando a la cajera cómo arrastra tus compras con un gesto veloz hasta el depósito donde espera el carrito… balizas generales de esta pobreza nueva (muy distinta a esa otra que es más verdad y también más sonrisas a pesar de la nada)… ¿si envejezco y no muero, quién cuidará de mí? –me digo–, si no tengo futuro en los parámetros sociales de ahora mismo… un a…

57 años no son nada…

A primera hora me llamó mi hijo Yousouph para felicitarme y de pronto empecé a oír a los niños (Aisha y Seydou) cantar a dúo y a gritos… “Cumpleaños feliz, chúpate la nariz, y si no te la chupas, chúpate un calcetín”… y luego esas risas infantiles irrepetibles que resumen todo lo que he hecho en mi vida… y me digo… ‘esto lo hice bien, muy bien’… y siento cómo el tiempo utilizado no ha sido baldío, y sé que he crecido junto a otros hombres, que me he hecho como yo quería hacerme, que estoy y soy a pesar de los golpes constantes. Sí, sé que soy el perdedor, el hombre agotado en el medio absurdo creado por el error social y económico, el cuesta abajo, el de la ruina lenta e inacabable… pero también soy un tipo feliz y empeñado en dos o tres cosas capaces de sacarme del lodo con facilidad, un tipo que mantiene amigos y vínculos, un tipo capaz de obtener satisfacción de muchas cosas pequeñas que para otros pasan desapercibidas… y eso es mucho,  a qué mentirme… y también me siento querido …

¿Qué tengo que no me tengo?

¿Qué tengo que no me tengo? –me pregunto– y luego me descyrano para hacerme un Melchior Sternfels von Fuchsheim de pacotilla –lo dicen mi pantorrilla, mi muslo con su muslera, mi ingle derecha y torera y mi nalga de asturcón–… ¿dije cartón?… no, qué coño, dijiste ‘asturcón’, madroño. El caso es que me despierto –medio muerto–, me desperezo y empiezo a intentar salir sin daño del lecho que hace el engaño de una mortaja de paño, pero que tan solo es lecho, con su catre y su colchón, con sus sábanas lamidas, con dos mantas ‘Mora’ heridas y un voluptuoso edredón… digo que me desperezo y dejo caer al suelo de baldosas frigorosas mi cuerpo desencorchado mientras me agarro los flancos para sujetar los trancos de este dolor que me habita… ya en el suelo, se me agita la mente del despertar –es decir, que el baldoseo enfría mi cuerpo reo y me entran esos ‘memeos’ que dan al desabanar–. Levanto mi brazo fuerte buscando un apoyo sólido, hago palanca y, estólido, busco en quince movimientos encon…

Un poema ciático.

No está la dulce Ipsitila en la casa, no está desde hace años. Recuerdo que me topé de golpe con el poema 288 de Catulo mientras era estudiante de Biológicas en la Universidad de Salamanca y sonreí como un chiquillo mientras corrí a leérselo a mi amigo Juanito Montero… luego llegaron Marcial, Ovidio, Giorgio Baffo, Aleister Crowley, Drummond e incluso Espronceda. La poesía erótica y pornográfica caló en mí de tal forma, que me hice coleccionista atento de poemas lúbricos y me encantaba leerlos en reuniones de amigos… pero hoy no está la dulce Ipsitila en la casa porque me duele la pierna como su puta madre por un azar pinzero y cabrón del ciático… oye, qué cosa… un dolor sordo y profundo que comienza en el centro de la cacha (llamémosla nalga) y  la rodea hasta llegar a la ingle para bajar a su bola por lo más profundo del muslo y anidar en el gemelo como un calambre a medias y continuo que no te deja andar… y menos pensar en otra cosa que no sea ‘tengo nalga, ingle, muslo, gemelo… t…

Estos ojos de lana vieja...

Estos ojos de lana vieja, que necesitan lentes, están como alambrados ante el mundo y todo lo ven fósil y bostezo, y ya no diferencian entre lecho y helecho (al fin y al cabo ambos hacen cama) ni entre un paraíso y un paraeso… pero el detrás es carne y huesos y miasmas, un yo de esa amalgama medio descolocado con los años, un antes paradigma que huye con fervor del paradogma, un mecanismo simple que ha perdido los ángulos de enfoque, pero que adentro  sabe y procesa las imágenes a la usanza fotógrafa de entonces… luz roja… papel Negra… negativo enfocado a puro ojo… segundos de luz neta contados a la usanza milcientoúno, milcientodós, milcientotrés… luz roja nuevamente… revelador… agua… fijador… agua… y secado en ventana para ese satinado que ahora es inencontrable… y así se va sabiendo que todo es espejismo cuando no es pura siesta, que la Ofelia de William Waterhouse fue solo el recorrido de un ardor personal con margaritas, que Anna de Noailles no fumaba Gauloises o que Georges Bad…

El viento...

Y de pronto el viento como en ‘La noche estrellada’ de Van Gog o como el mismo Céfiro soplando a la Venus Botticelli en la Galería de los Uffizi… y los cabellos volados haciéndole un flou al rostro redivivo de ese eterno y continuo que se llama ‘mujer’, y respirar de nuevo imaginando neto el cortejo dionisíaco y transformado por un segundo en el satyrisci último bailando como un loco al son de címbalos y aulos… es día de amazonas y lluvias racheadas, de un ‘llevatelotodo’ incontenible y plástico, coral, ambulatorio… y me siento fantástico notando este valor de inexorable que deja el ventarrón, porque me asumo libre y hay un azar de faldas que pueden levantarse, porque me noto ingrávido nadando en su marea de soplidos, porque me impele a todo, y digo a todo/todo… este viento me aloca y hasta me desescombra, me deja semibípedo y volado, me despega y me arranca como una Kawasaki Vulcan S, me parábola entero, me muellea, me cimbra y me acabala… y hasta me aplaza un poco los impuestos. Es…

Ni un solo aplauso...

Ahora mismito truena afuera, llueve con ganas raras. No hace frío. Ahora mismito truena adentro, lloro con ganas raras. No hace frío.
Se alza el telón lamido… telarañas… y un foco acusatorio me sorprende sentado como el moho en una silla antigua que no importa… tampoco importo yo, inoportuno siempre en el proscenio… al fondo, una película quemada –en blanco y negro– se proyecta en silencio… yo vomito apoyando la frente entres mis brazos… el foco acusatorio languidece y lo que era contraste duro y sable, se transforma en tamiz… entonces hablo mirando fijamente a alguien del público… “Qué frágil era entonces y qué poco creía en que lo era. Qué hondo deseaba, cuánto fulgor había en mis ojos eléctricos, cuánto charol mi vida, cuánto ébano… pero pasó la iguana lentamente desplomándolo todo… sigilosa, se llevó mi cabello, devoró mi mirada indagatoria, succionó mi sonrisa siempre franca hasta dejarla mueca, chupó mi espalda y corvó todo el gesto de mi cuerpo, trituró mis riñones y orinó en …

Una pregunta que me hago cada mañana y cada noche.

¿Por qué ha de ser difícil cada día, si llevo doce lustros ensayando este papel de hombre adocenado, si ya sé qué conviene o no conviene, si sé quién es el turbio o el castrado, si conozco al dedillo cada acción/reacción, cada exacto “ya es tarde”, cada barrera y foso…?, ¿por qué ha de ser difícil cada día si sé cada “tendríamos”, si recito al dedillo las leyes y los salmos que no fueron escritos, si el bancario diario no pasa aún de los treinta y yo soy un mordaz quincuagenario, si sé lo que me gusta y no me gusta y ya me da lo mismo la rima consonante que el verso libremente desquiciado?…  ¿Por qué cuando amanezco, después de tantos meses respirando, me tropiezo a la mínima con el aire que sopla justo al salir de casa… y caigo, y quedo oscuro como un nublado viejo, y me siento más nada que la nada, limitado por todo, distinto –muy distinto– del sueño que soñé hace diez minutos?… ¿Por qué, si sé quien soy –que llevo conociéndome nosecuantosmil días–, dudo al pisar la calle y no sé h…

Hojas secas...

Hojas secas alfombrando este otoño hasta el gris pasajero de mañana, hojas secas con ese olor a laca de las peluquerías en los sábados, con ese fulgor siena de las hojas premuertas y un puntito Topor en la mirada y en ese hangar del bosque despojándose, con ese azar de antro entre las sombras, con ese viaje al púrpura que me trae el rouge fundido en las mejillas… hojas secas que son como unos cromos repetidos de nostalgia, con su ignición de rojo en los bordes dentados, con su falta de viento y ese ahogo de las nieblas pendientes y borrascas con su lluvia de espejo y su filtrado ambiguo del paisaje… hojas secas y ser el capitán de quince años de este barco varado tierra adentro, y ser Nemo o sencillamente el fulgor y un beso suave en las manos que esperan, abiertas, las primeras gotas de una lluvia perlada de visillos y ojos… y luego Billie Holiday disolviéndome adentro con esa mermelada vibrando en mis oídos, Billie haciendo un deseo en mi cabeza y una pipa de kif entre las manos, u…

Pensando en T. (QEPD).

Este otoño enfermizo que se enfrenta a mis ojos cuando salgo, a mi piel cuando respiro, es también algo interior. Hoy escuché a Salvador Pániker decir que ‘la muerte solo es un problema para los jóvenes’… y sentí de pronto el otoño por dentro, arañando y tejiendo… sentí efectivamente que la muerte no me preocupa en absoluto y que voy desprendiéndome poquito a poco de este ego territorial y absurdo que llevo trabajándome cincuenta y siete años, que eso tiene también algo de muerte, una de esas muertes positivas y tan lentas como mis quemados Chester filter… pero de pronto se me vino el mundo encima y lloré mientras alguien me tocaba la espalda y me decía que ‘creyendo en Dios es todo mucho más fácil’… y lo mismo tiene razón, aunque quienes creían en Dios a mi lado estaban bastante peor que yo ante el desastre de ese cuerpo deshecho mientras estaba haciéndose… en fin, murió un muchacho y ya está, a qué darle más vueltas. Este río de horas arrastra animales muertos, restos del bosque viej…

...y aguarda...

Dibújame tu paz en las arruguitas gestuales de mis ojos… o tus guerras pequeñitas, que da igual si es tu mano la que traza… posa tus dedos como labios en mis mejillas y deja que deslicen como culebrillas nerviosas por mi rostro… mírame fijamente mientras tanto… a los ojos, en los ojos, con los ojos… y aguarda. La costurera del cuadro ‘Los paraguas’, de Renoir, me mira preguntando, casi me taladra mientras le da lo mismo la lluvia y se recoge el vestido con una elegancia inigualable… es un rostro perfecto en el que me detengo con mucha frecuencia, un gesto dulcísimo y quizás algo triste, pura belleza que golpea y busca toda la pasión que contengo… que me miren así todo el día es lo que quiero y que el resto no exista, como el atento caballero que busca en el cuadro la atención de la chica… algo parecido me sucede también con ‘La chiquita piconera’, de Julio Romero de Torres, o la mujer de ‘The dream’, de Tamara de Lempicka…
Mírame como la costurera de Renoir, como la piconera y como la m…

Sin dientes.

Mis cuatro incisivos superiores saltaron por los aires en 1972… estaba jugando un partido de baloncesto y, en un salto, me hicieron la cama y caí de cabeza, quedándome sin esas cuatro piezas dentales tan necesarias con catorce años. La verdad es que entonces fui un héroe entre mis amigos, pues aquella circunstancia de lucha en la zona por atrapar un balón le aportaba a mi accidente cierta historia épica que sonaba muy bien entre los muchachos… ¡Joder, Pipe, qué cojones tienes!, me decían… y yo me sentía fantástico, a qué negarlo… pasé varias semanas sin dientes y sin vergüenza por no tenerlos (gracias a la admiración que aquello produjo) y tuve que hacer múltiples visitas a varios dentistas que le proponían a mis padres soluciones diversas a mi melladura… al final, me llevaron a la mejor clínica de la época en Salamanca, a la clínica del doctor Terrón, que me sacó los restos de las cuatro piezas y, en varias sesiones, me colocó un puente sujeto por dos aros de oro a mis caninos superi…

Carta a mi amigo José Luis Morante.

Hoy hablé por teléfono con mi amigo José Luis Morante y me quedó el azúcar de su afecto constante junto a cierto sentimiento amargo por este cabrón ‘cómo nos va’. Me dice JL que le asusta mi nihilismo de los últimos tiempos, que a ese manso acoger, que siempre me ha otorgado, le nota una sazón amarga que atornilla… y que está preocupado por mí. Es hermoso que un amigo te muestre su amistad como JL lo hace siempre. No te preocupes, amigo grande, pues la experiencia aploma y regala tablones a los que agarrarse durante los constantes naufragios. El tiempo de los hombres está mi contra, pero no el tiempo de los sueños, ni el de la intensidad, ni el de la pasión. Van pudiendo con mi inestable economía, pero yo me voy haciendo cada día más fuerte en la mirada interior y en el saberme cierto. Sé netamente hacia dónde voy, conozco a cada uno de los hijos de la gran puta que propician cada una de las ruinas y no les doy importancia, porque no la tienen… igual que no le doy importancia a sus cos…

Y todo porque Tattoo leyó a Leopardi...

A Tattoo siempre le gusta ponerlo todo en un contexto y relacionarlo, sobre todo en sus asuntos de lectura y de música. Yo soy de otra manera, leo a Laforgue, a Shelley, a Stevenson… y solo leo a Laforgue, a Shelley, a Stevenson… sin ninguna consideración a su tiempo, a su espacio o a los escritores encajados en alguna estética pareja… los leo exactamente para mí, en ‘yo’ y sin más afán que bañarme en sus palabras… y a Tattoo esto le sorprende –y yo diría que hasta le espanta–, no entiende que no sepa indicarle paralelismos entre autores o que apenas atine a ubicarlos en alguna estética… eso de que yo le recomiende un libro y solo le diga que me ha gustado, creo que le desquicia… pero yo soy así y Tattoo termina aceptándolo, no sin cierta perplejidad acompañada de algo de recriminación por mi falta de perspectiva… y yo le digo siempre que la trama de autores no me interesa, como no me interesan el decorado personal y social de esos tipos que escribían como ángeles y lo más seguro es q…

También deseo...

Me desespera el orden, lo bien puesto no sé para qué… otra cosa son los escaparates de las tiendas, ahí intentan vender… pero yo, ¿qué voy a vender en mi mesa?, ¿qué voy a vender en los estantes de mi biblioteca?… si todo lo que hay ahí es para mí… y el orden, como digo, me desespera… y eso lo llevo hasta mi forma de ser y estar. Alguna vez me llamaron ‘pijo desaliñado’ porque siempre voy con ropa y objetos de marcas conocidas, pero impecablemente desarreglado, con todo dejado a su justa caída sobre mi cuerpo, suelto… el pantalón arrugado y flojo, las camisas por fuera y con un regazado de mangas absolutamente casual… mi madre siempre me dijo: ‘eres un Adán, pero te quiero tanto’… ahora me lo sigue diciendo con los ojos cuando voy a verla y me atusa el cuello de la camisa o me sube el pantalón hasta la cintura… luego me besa en la mejilla… y a veces me siento como Traveler, un verdadero hombre de acción que ha hecho de todo y que casi nunca ha terminado nada, precisamente por esa dese…

Si al final me voy a morir, ¿no?...

Si al final me voy a morir, ¿no?, como todos… y entonces quizás pareceré bueno o hasta lo mismo pareceré exactamente lo que soy: un trozo de carne puesta a orear con ciertas intenciones –algo, por otra parte, que no conseguirán muchos de los que están, serán o fueron–… y recuerdo a la mujer sentada frente a mí, sin mirarme ni un segundo a los ojos durante toda la conversación absurda que mantuvimos… yo pensaba, mientras me hablaba, que a esa mujer le quedaba grande el despacho mínimo en el que conversábamos, su puesto político multiplicado por dos y, por supuesto, el sueldo público que se lleva cada mes a sus bolsillos… sonrió un par de veces con una de esas sonrisas de cuchillo que asesinan… una de ellas fue para decirme que a los comerciantes les molesta que vendamos en la calle… pero repetidamente echaba la responsabilidad sobre otro para intentar quitarse de encima el peso de mi sola presencia en su espacio… y yo no fui desagradable en ningún momento, lo juro, porque con los años …

Como ser y estar...

Es tan fácil como ser y estar, como tomar consciencia de lo efímero y pelear la sonrisa diaria del de al lado –que es la tuya también–, como plantearse no acumular y disfrutar todo lo que sea compartir, como dejar de esperar y ponerse a hacer poquito a poquito… el mundo es pura lógica y absoluta simplicidad, y es por ello que debemos ser lógicos y simples, que debemos vibrar con lógica en cualquier planteamiento y en cualquier solucionario, y que debemos volcarnos en la sencillez de nuestros procesos… pero ‘ellos’ no quieren más que procesos complejos que lo enfanguen todo, quieren dificultad, quieren élites preparadas para su jodida dificultad y su diseñadísima falta de lógica. Pero si el mundo es prácticamente un sistema binario, un sistema combinatorio de unos y ceros, de síes y noes, de blanco y negro, de frío y caliente, de grande y pequeño, de dulce y salado, de rugoso y liso, de hambre y saciedad, de suma y resta… ¿a qué tanto interés por lo complejo?… en lo complejo es donde vi…

'Celos del viento'

A pesar del daño, que es grande y a veces insoportable, aún me quedan pequeños espacios para la felicidad. Hace unas semanas contactó conmigo uno de los editores que más admiro por su trabajo delicadísimo y su envidiable gusto estético (Segundo Santos) para solicitarme algún material mío que editar en su nueva colección "Manantial de papel". Sopesé la idea a partir de una maqueta de la colección que me hizo llegar por mensajería urgente y decidí rescatar varios dibujos de 'Por lo menos estás vivo" y aunarlos al amor de un haiku al que le tengo un cariño especial y que hasta hoy permanecía inédito. Hoy volvió a llegar el mensajero con un paquete sorpresa que contenía la delicia que os muestro en las fotografías... 'Celos del viento' ya es una realidad que verá la luz para el lector y el diletante el día 1 de septiembre de 2014, en edición limitada, numerada y firmada... os juro que llevo todo el día sonriendo y acariciando mi tesoro. Como digo, le edición es…

Decídeme...

Decídeme, como haces con las peras dulces cuando las llevas a tu boca, hazme presa en tus dientes de ocelote y tira de mis músculos con ansia, brújula de ojos grandes y un misterio de Gog en tus pupilas hartas de luz y noches… luego vete a dormir sobre los helechos verdes de la fronda, allí donde anidan los momentos de luz de Pisarro o Degas y los torvos ofidios afilan sus opistoglifos componiendo mil miedos… duerme como una madre, alerta a cualquier ruido, tensa como el arco que eres, pura mantis con sueño, luz felina hacia adentro, como una digestión. Yo, herido, rasgado de ti, seré harapo en las sombras, capibara vencido por tu hambre, crisálida pendiente del cremáster finísimo hecho por tu saliva, dependiente absoluto del arañazo próximo y el mordisco siguiente.
Y este calor que arrasa y me deja sin aire… y ese infierno de al lado –a cualquier lado– que me hace dudar de mi conciencia, de mi ‘ser hombre’ junto a todos los hombres… quizás un largo viaje a mis cenotes interiores… o un …

Sordos...

Sordos tartufos, ladinos, de inflamada polla mientras van a misa y miran las curvas de esmalte lunático de una viuda tierna… sordos de New Albany, en 1987, también ciegos de ese dios terrenal de los vientos calientes… sordos cándidos con su astrolabio sin usar en el aparador de casa, con una palangana en la que lavarse los pies cuando atardece, con una tisana de arce entre las manos y los ojos enfocando la nada por unos lentes redondos… sordos generosos de Kaş, entre miel y almendras, domados por el olor a jazmín, adormecidos por el lento vagar de las olas que no saben romper ningún vínculo… sordos macondos detenidos en aquella edad del hielo al peso, cuando los hombres eran verdes y las mujeres transparentes… sordos aluniceros con gomina en el pelo los domingos, con baraja española rinconete, con su risa de alud y un golpe pendiente cada noche… sordos de PulpWeird Tales, hechos por arquetipos como el hijo del herrero de Cimmeria que esposó con una Zenobia par a la JRJ, astrados por s…

Hablando conmigo.

A veces tú y yo somos demasiados viviendo en el mismo lugar…

Ya vuelven los esclavos a sus tumbas...

Ya vuelven los esclavos a sus tumbas y apenas han sacado provecho de su carne… pero no se sienten esclavos y en ese ‘no sentirse’ radica su pobreza. Vuelven al polvo viejo, a la tos, al diario dormir y despertar que les marca su tiempo de esclavísimos, a la sopa sin más y a ese pensar en que lo tienen todo de esa nada tangible de los afiches, los spots de la tele y los escaparates. Yo también soy uno más de ellos, un uno desdichado porque tuvo y no tiene, un uno despojado cada minuto de cada decimal intentado sumar con el curro diario, un uno que se sabe controlado, que se sabe con hilos que lo mueven, que se sabe capaz si tuviese un pequeño ápice de determinación, un uno como una bomba atómica a punto de estallarte en las narices, un uno singular al que no dejan ser, un uno absurdo desunido de cualquier otro uno que se acerque, un uno desquiciado con puños y potencia aún en los brazos, con ganas en el centro mismito de la entraña, con rabia y con ratitos de depresión profunda –solo r…

Apunte para un poema.

Clepsídrame, mimosa de albornoz de rizo, assumpta de perfil, cláusula incierta de lo que ha de venir, gominola neoclásica y discreta (del mismo Minos)… clepsídrame con ese gota a gota que es puro caligrama, tan Tzara, tan épater le bourgeois, tan collage Dubuffet, tan Banksy en la pared que hace esquina hacia el bar… clepsídrame y déjame el bigote domador, la barba Trotsky y el sexo algo Duchamp… y hazme un relieve al gusto Khajuraho, Iakshí planetaria de silex y de piel, hazme un busto Rodin en diorita, un biceps femoral de acero corten y déjame sedente en la escalera… clepsídrame Ravel tan repetido en este tempo invariable en que te pienso, te pienso, te pienso… y cocodrilos, medusas, hipocampos, relleno de sostén, orzas, espátula, cal viva, tigres, tamarindos, masmédula sin más, cuello, razones, escorzo, niebla, arder y hasta feniletileno en un frasquito… y que lo abras despacio… y me evapore… clepsídrame y que el tiempo se detenga por esta falta de agua y me destiempe y me quede a…

Las cinco estaciones...

Primavera, verano, otoño, invierno y revolución… las cinco estaciones de Luis Vidales que necesita un pueblo, cinco estaciones bien marcadas con sus ciclos de nubes y tormentas, con sus calores agrios y su frescor de noche, con sus nieblas densísimas y sus caídas bruscas de temperatura. Me encanta la poesía hispanoamericana, y no solo la que hacen los popes latinos y los publicados, sino la que hacen los poetas escondidos en sus espacios vírgenes y tallados para la nada (dejo nota de algunos nombres de ‘unos’ y ‘otros’, hoy peruanos, para quien quiera buscar obra y leerla intentando buscar y sentir lo que yo he sentido… Emilio Adolfo Westphalen, Martín Adan, Xavier Abril, Carlos German Belli, Leopoldo Chariarse, Francisco Bendezu, Américo Ferrari, Carlos Oquendo, Sebastián Salazar Bondy, Blanca Varela, Javier Sologuren, Alejandro Romualdo…)… y así las cinco estaciones tramitando el cuerpo con su cadena enganchada al mundo (hay un librito -creo que ya inencontrable– que me incendia en e…