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Apunte para un poema.



Clepsídrame, mimosa de albornoz de rizo, assumpta de perfil, cláusula incierta de lo que ha de venir, gominola neoclásica y discreta (del mismo Minos)… clepsídrame con ese gota a gota que es puro caligrama, tan Tzara, tan épater le bourgeois, tan collage Dubuffet, tan Banksy en la pared que hace esquina hacia el bar… clepsídrame y déjame el bigote domador, la barba Trotsky y el sexo algo Duchamp… y hazme un relieve al gusto Khajuraho, Iakshí planetaria de silex y de piel, hazme un busto Rodin en diorita, un biceps femoral de acero corten y déjame sedente en la escalera… clepsídrame Ravel tan repetido en este tempo invariable en que te pienso, te pienso, te pienso… y cocodrilos, medusas, hipocampos, relleno de sostén, orzas, espátula, cal viva, tigres, tamarindos, masmédula sin más, cuello, razones, escorzo, niebla, arder y hasta feniletileno en un frasquito… y que lo abras despacio… y me evapore… clepsídrame y que el tiempo se detenga por esta falta de agua y me destiempe y me quede a vivir en un segundo tuyo que no sepa pasar, en ese espacio justo entre el tictac, inquieto pero quieto, Iquitos, Cambi a Simba, Arusha, Gorfan, vals… clepsídrame y duda de la noche y sus farolas, de las calles vacías que son tan como yo, de los locales cerrados a las dos, del noctívago solo que va de esquina a esquina buscando que la noche sea eterna… clepsídrame y muéstrame tus pulpos, cada pozo de ti, cada garganta ciega, cada talud de carne, cada santuario cárstico y cada escorrentera… sacúdeme en tus cuevas y escárbame este lirio que me crece en el vientre… clepsídrame, catástrofe pequeña de mí mismo, Rusia de invierno, espiral singular de Alberto Hernández, clarisa por la calle, indigerida, impar, cosmogonía entera y única, galaxia por hacer, planeta inhabitado y habitable… clepsídrame a la tres, cuando la siesta; a las cuatro en puntito, cuando la puerta se abre y chirrían las fallebas; a las cinco, cuando empieza a gestarse la tormenta fugaz; a las seis, con la merienda… clepsídrame y déjame muy gato mirando hipnotizado tus faros de Plymouth Barracuda del 67, esperando sin más que me atropelles, que me arrolles como a esos transeúntes que cruzan sin mirar las carreteras… clepsídrame y deja que me quede calimérico (pollito de un sin más) haciéndome preguntas inocentes sobre lo que ha de ser, mirándome hacia abajo como precipitándome… clepsídrame con colores Max Ackermann, con versos Watanabe, con un bluegrass Bill Monroe o un trazo de Carl Barks… clepsídrame, y que se rice todo sobre esta piel antigua, que manen los volcanes su lava de satén, que se desborde el Sena y el Riff sea el edén mientras miran absortos Américo Vespucio, Dorantes, Nemo, Horacio, Lara Croft, Víctor Jara, Cortázar y Allan Quatermain.

Clepsídrame, si quieres… que yo me dejo hacer.

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