sábado, febrero 07, 2009

Hogueras y vanidades.



7 de febrero de 2009
Uno, que toca casi todos los palos y aprendió a sonreír en cualquier sitio, pasa del frío al calor con la facilidad de los ángeles y consigue volatilizarse en una suerte de sublimación personal que alcanza límites insospechados. Ayer, por ejemplo, me tomé unas cervecitas en mesa chica junto a mi Fabio querido, junto a Carlos Therón [goyeado dos veces hace unos días por la Academia de Cine], junto a la niña Mombaça [le di un traguito a su cerveza sin querer... lo siento, hermanita, y estaba rica], junto a un tipo estupendo que conocí en Morille y del que no recuerdo el nombre y junto a mi Mariangelona [estaba feliz, pues había venido todo el camino hablándome de la obra de Carlos, de que lo había conocido en Béjar durante las jornadas de cine español, de que había visto su peli y le había encantado, de que le encantaría coincidir con él y hacer amistad... y se lo encontró de sopetón como un tipo encantador y normal, cerveceando y riendo... así que disfrutó mi chica]. Andaban los pericos perpetrando la forma de presentar [en andas] a Fernando Arrabal, que lo traen a Morille para que entierre obra en el cementerio de arte que allí se ubica. Charlamos distendidos, juramos en arameo al nombrar a algunas personalidades salmantinas y nos dieron las 7:30 horas sin querer... tuvimos que salir por patas del hermoso contubernio para llegar a tiempo al sarao pendiente. Al salir del garito, mi mari se dio cuenta de que no se había hecho una foto con mis colegas y que le apetecía mucho, así que volvimos sobre nuestros pasos y los foteé a todos de un plumazo.
Y tuvimos que cambiar el chip mientras atravesábamos la Plaza Mayor salmantina, trocando el gesto auténtico y relajado por ese otro, más churriguera, que está a la defensiva y siempre alerta. Yo partí desde casa con la convicción de mi calidad de cero a la izquierda en este sarao [no es mi tono, no es mi gente, no son mis formas, no es mi habitat...]. Entramos en el Café Novelty y ya estaban allí los ponentes del acto. Enseguida vi a Paco Castaño y me tiré al abrazo, pues hacía cien años, como poco, que no veía al perico, y le guardo sin taras en el fardo de los afectos grandes [el primer toque de atención lo noté en que no me presentaron a nadie, que andaba Paco Novelty atendiendo con afán a José Antonio Pascual y a su nube de amigos, y pasó de mi cuerpo y de mi espíritu... yo lo traía clarito de casa y no me hizo mella, pues sé que siempre fui un poeta menor que tiene imprenta y que resulto peligroso porque estoy como una puta cabra... tampoco obligo a que me quieran, ¿eh?
Y de El Novelty al Casino de Salamanca, un lujo decimonónico patinado de pieles auténticas y pintura de labios, lleno de señorones a la antigua con esposas de fieltro y cartón piedra. Allí me encontré a gente buena y amiga [estaban Willy y Gonzalo Alonso Bartol] junto a otros desconocidos llenos de enjundia en el gesto y mucha pose, gente de la universidad con cargo, birrete y silla, libreros primorosos de relubrón y pelas, rubias de bote, adinerados con olor a dehesa y multitudes, escritores de pela, rataplanes de los de figurar siempre, vejetes semiegregios y pocas almas cándidas.
Saludé a Antonio Colinas [y lo encontré mayor, por lo menos más mayor que la última vez que nos vimos, que ya tiene su lógica], a Hilario y a su hermana [que ya no se acordaba de mí ni de Mª Ángeles], a Isabel [que andaba representando], a Rufino y su gente, a la hermosa Marina [que andaba de consorte haciendo los honores], a Alberto Estella, a Uje Civieta [tiene pinta de ser muy buena gente este pintor de aguatintas]... y por fin me presentaron a José Antonio Pascual [correcto el tipo y muy educado en todo momento].
Foto para la prensa [tomé el centro sin más] y a la mesa de ponentes [aquí tomé la izquierda extrema, mi lugar natural en la movida].
Intervine el primero para contar mi deriva de editor raro y sin pelas, para explicar mi mundo y mis ganas, para dejar denuncia de que las instituciones provinciales y regionales nunca tuvieron en cuenta mi trabajo editorial y ni uno de mis títulos [pasan ya de 200] figuran en los fondos de las bibliotecas institucionales de la provincia... también enseñé algunas de mis ediciones, para que el personal supiese que no hablaba de mentira [sonrieron a veces, rieron abiertamente otras, y quedé en pura anécdota entre tanto boato]. Después llegó el turno de Paquito Castaño, que leyó un romance simpático y larguísimo con fases brillantes dedicadas al colega Novelty [no estuvo mal su asunto], luego intervino José Antonio Pascual, profesoral y extenso, muy atinado a veces y otras veces pasando con alegría por la frontera del exceso [lo peor fue su monotono, su falta de énfasis en la exposición], pero lo hizo perfecto y muy trabajado. Terminó Paquito Novelty, y lo hizo con brillantez e ironía [me gustó su trabado discurso]. Mediado el acto, vi entrar a Paco Ortega como una isla a la deriva... nos sonreímos y me dio la impresión de que todo se hacía más cercano con mi hermanito canalla entre la gente.
Acabamos el acto con esos parabienes de rigor, cañita rapidísima en Novelty, hamburguesa a mordiscos por la calle y vuelta a casa con mi Geles y el bueno de Antonio Turrión, que se vino de copiloto en este rallye.
Después de todo, no estuvo mal la cosa, aunque cada día me gustan menos estos fastos con oropel y risas de mentira. Sé que no es mi lugar [lo repito mil veces cada cinco minutos cada vez que reincido], pero también sé que debo estar sin ser para dejar algunas puertas entornadas.
Lo peor para mí es aguantar algunos comentarios que me asombran y me encienden [Pascual tuvo uno ayer que me dejó mareado... al ver el libro “El peso de la ausencia”, de mi amigo Antonio Gómez, una edición de la que me siento muy orgulloso, comentó con cierta sonrisa irónica: ‘libros sin nada dentro, perfectos para los que no saben leer’], y sentir cómo hay un desprecio tácito [quizás un ninguneo] al tipo de poesía que me gusta y práctico, y, por ende, una sensación de que para estos colegas no existo.
Quizás sea una sensación equivocada [si es así, pido disculpas], pero me siento extraño entre esta gente sobrada de recursos lingüísticos y flema[s], con una idea poética anclada hace tres siglos en su mar literario, con un feeling de élite indolente, con pasta en el bolsillo y mano con cualquier institución que se imagine. Un mundo decadente que me gusta mirar de tarde en tarde, aunque me cansa.





viernes, febrero 06, 2009

Como un crío chico, coño.


6 de febrero de 2009
Me despertaron bien temprano los gritos de Guillermo: “¡está todo blanco, papá!”, y me tiré a la nieve como con hambre, bien pertrechado, eso sí. Tomé mi cámara y dediqué la mañana a captar la belleza blanca de mi tierra helada [también hice un muñecote de nieve en la muralla y le tiré unas bolas apretadas a unos críos que jugaban entre risas]. Ya en el parquecito de La Antigua, me pegué dos costaladas que me han dejado algo repercutidos los lomillos. Hacía años que no veía nevar así y he disfrutado como un crío chico, coño.
Ahora me pondré en carretera para ir a Salamanca [toda una aventura espacial como está el día] y ver a Fabiete y besar a mi Mariangelona... y presentar el libro que le he editado a Paquito Novelty [“Haceros cargo”]... me encantará también abrazar después de muchos años a Paco Castaño y saludar a José Antonio Pascual, al que aún no conozco en persona.
Hasta mañana.

jueves, febrero 05, 2009

Que se me muestre o que se me dé la muerte.


5 de febrero de 2009
No es este galopar, que son las huellas de la herrumbre anterior las que detienen... no es el alimentarte entre los sobresaltos, que es el vómito sepia y las arcadas... no es siquiera escapar, que es esa cruz de víctima que llevas en los ojos...
Y encuentras en la vida esa preñez de gatos interiores que maúllan y atinan a arañar mientras te encojes... y hay que tomar partido y ser determinado en ocasiones... y hay que demostrar todo a cada instante.
Paseé el cementerio y sentí una intención irrefrenable de echarme a reír a carcajadas... tantos cadáveres de hombres que reprimieron su voz y sus acciones, que guardaron sus ganas para días postreros que nunca les llegaron... hombres desvanecidos por esa brusquedad que corta todo cualquier mañana limpia.
Habría que salir a cada día para resolverlo todo, a hacer que se sublime el hombre que quieres ser, a decir con la lengua desatada, a desmayarse por la falta de aire, a masticar ese salir como un resucitado de cada letargo.
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Subí con un cliente a tomar un café a media mañana y el bar hervía con gente municipal y algunos profes instituteros. Yo estaba haciendo negocio –el bar es un buen sitio para trabar asuntos y dejarlos cerrados– y ellos estaban en la cosa descansera [tan mal no debe ir España cuando el funcionariado mantiene sus horas de cañita con tapa, cuando mantiene la sonrisa y tira de monedero]. Y me parece bien, pues así el bar funciona y puede pagar a sus camareros y puede cumplir con sus proveedores [ahí seguro que me toca algo]. Todo necesita movimiento, que haya alegría y conversación, que haya soltura y se vea intención.
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La baba del mandril, ciego de sangre, metida la cabeza en la presa y tirando hacia afuera de las mejores tajadas... la baba del mandril entre blanca y rojiza, cayendo desde su morro azul de alimaña... la baba en sus falanges recién lamidas, en sus uñas de yeso, en su pelaje.
La mano del mandril y sus ladridos de perro vuelto en simio, atado a la torcedura del árbol donde festejan los omnívoros, haciendo sombra en el reseco esqueleto de abajo.
Los ojos rojos del mandril, ojos como de fiebre que dan miedo, ojos de confinado y de lechuza que desgarran y desazonan tanto...
La oscuridad del mandril en tregua, mientras monta a las hembras y humilla al derrotado simulándole un coito, sujetando su espalda sumisa y muy curvada.
Allí estaba, detrás de los cristales, contando las monedas y estampando los sellos delirantes en todo lo arbitrario... allí estaba, con una americana y una corbata nueva, tensando las arterias que socavan y buscan atropello... allí estaba sentado, como una meretriz con su sexo de asfalto ignorando que afuera laten los demás hombres.
Yo volvía de comer... los bancos cierran tarde.

miércoles, febrero 04, 2009

Verdes, hombres verdes.


4 de febrero de 2009
Leo a primera hora en ‘El Adelanto’ el artículo del colega Manolillo Ambrosio y sonrío.

“La Alquitara, el Café-Blues emplazado en la calle Gerona, número 10 de Béjar (en la que alternan casas de arquitectura típica y extraños edificios nuevos) y regentado por Miguel Ángel Sánchez Paso, no es el Guggenheim ni ninguno de esos modernos centros de cultura o arte de extraños nombres bisílabos y atrevido diseño, sino un modesto local que abre todo el día, en el que, con pretexto de servir tapas y copas, se montan exposiciones y conciertos, se discute y se filosofa o se queda uno en silencio. Como la limitación en recursos económicos de esta institución bejarana parece haberse suplido toda la vida con el esfuerzo y las ganas de quienes trajinan detrás de la barra y de los muchos amigos que pululan o se aposentan delante, aquí no se nota demasiado la crisis, circunstancia de la que habría que tomar nota.
En miércoles alternos se desarrolla en La Alquitara un magnífico ciclo de maestros del jazz y los viernes se suceden conciertos de temática variada. La tradición solidaria de Béjar tampoco se detiene: con la colaboración de El Sornabique, que recaba fondos para sus proyectos en África, el viernes pasado actuó, a la hora de las brujas, el grupo Obibasé, un prodigio de mestizaje de culturas, lenguas y ritmos. Nos había hablado del asunto Luis Felipe Comendador y allá fuimos Nuria y yo, cogidos de su mano, con la ilusión de los niños cuando los llevan de excursión. Durante la primera hora de actuación, percibí, en la música de Aboubacar Sylla y sus compañeros, todo lo que reza en el folleto (reggae, flamenco, jazz fusion); después, otros sones y matices que la prudencia, como las visiones desde la escoba, aconseja disfrutar en solitario.
Luis Felipe anda estos días empeñado en pasar desapercibido, en mimetizarse con la tierra como los sapos, según sus propias palabras, un empeño imposible y contradictorio, si me permite que se lo diga. ¿Cómo va a camuflarse un hombre grande, con esa melena y esas barbas, que va echando humo y soltando aforismos por todas partes cual lanzadora de cuchillos (Fidel Castra, Avar & Cía, De noche, todas las manos son gatos, Vasos, los pezones de esta noche), acompañado regularmente por un séquito de doncellas y que tiene puesto un faro-confesonario con megáfono en internet, a la vez punzante y benévolo con todo lo que se menea, por mucho que se refugie luego en la trastienda?
Entre el fondo del local y el público hay, en La Alquitara, una columna, cuadrada por más señas, que impide ver de manera despejada lo que ocurre en el escenario. Así se construye este país, siempre a remolque, siempre con pundonor, resignación o rabia, siempre con una columna de por medio, andaba cavilando yo, cuando Miguel Ángel, que se parece a su hermano José Antonio pero tiene mejor semblante de pueblo, escanció aguardiente en los vasos y brindamos por D. Alberto Segade, asiduo de La Alquitara, fallecido unas horas antes y a quien no tuve oportunidad de conocer. Quizá nuestro desconcierto entre el "no somos nadie" y el "vamos a arreglar el mundo", al que alude Luis Felipe, pueda explicarse por haber crecido con una columna sempiterna ante los ojos. En el fondo no veo tanta discrepancia entre nosotros: de una forma o de otra se trata de remover no la de La Alquitara, que es una columna impertinente pero entrañable, sino la otra, la que parece atravesarse, como un maleficio, desde que tengo noticia, en toda iniciativa o sueño.
Manuel Ambrosio
Sánchez Sánchez
Profesor de la Usal”

Manolillo es un campeón porque sabe mirar –debieron enseñarle en algún pueblo chico, que es donde se aprenden las cosas importantes–, porque sabe encontrar los asuntos que trazan el mundo por debajo, porque entiende de la parte de aquí, ésa que no le sirve de nada a las cuentas de resultados o a la feria mediática. Su columna en ‘El Adelanto’ es de las que dejan ver tanto como la columna impertinente de La Alquitara –que yo tras ella he visto muchas cosas–. Solo una nota al margen: yo no había vuelto a salir de mi escondite solitario desde el Festival Blues Béjar, allá por los finales de julio. La semana pasada lo hice dos veces seguidas, para asistir a los dos conciertos alquitareños, y tuve la suerte de encontrarme con mis amigos/as después de muchos meses y abrazarlos a todos a la vez que aceptaba sus invitaciones –así acabé la noche, beodillo y luciernaguete–, y eso no es un ‘séquito de doncellas’ [más atinado hubiera sido por parte de Manolín aplicarme un ‘sequito de doncellas’], que es mi gente hermosa, a la que quiero un montón y a la que no cuido como se merece por esta ampecinada soledad en la que existo mejor.
Me consta, porque me llamó a primera hora para contármelo, que hoy Miguel está feliz por las palabras de Manolo, que don Alberto habrá evocado nuestro sentido brindis por él mientras sus cenizas vuelan libres en estos vendavales que nos tocan y que el ‘séquito de doncellas’ sonreirá la mala percepción de ese alcalde con rizos y coleta.

lunes, febrero 02, 2009

Rabos de pasas.


2 de febrero de 2009
Crepita en la fragua política un ser que no entiendo. Un partido de pretendida ideología socialista dándole pelas a la banca mientras los obreros inician la caída a todo trapo... y todo se traduce en nada, o en demasiado, que solo hace falta echarle un vistazo a las cuentas de resultados de esos vampiros para darse cuenta de que hay que ayudarles, claro, coño, joder. Para ser honestos y un poco más socialistas, lo primero que habría que hacer es escuchar a Jesús Caldera [que está pensando y sabe de lo que habla] y aprovechar esa recomendación suya –que ha sido tomada como un exabrupto... nada más lejos– de nacionalizar la banca entera y dar salida a la financiación de la pequeña y mediana empresa con dos cojones.
Yo haría lo que sigue y por este orden:
1. Sí, nacionalizar la banca enterita.
2. Obligar a las administraciones a realizar compromisos de pago en fecha, admitiendo libramientos de letras.
3. Dar trabajo a los parados en función de lo que cobren, es decir, que cobren por algo, y no solo por derechos sociales adquiridos [lo mismo sirve para esos enormes fondos que se van a cursillitos de formación para el trabajo... que trabajen mientras se forman y cobran].
4. Revisar las enormes ganancias de la gran empresa y de la banca, y mandar a un buen inspector de la Hacienda Pública a cada una de sus casas para que se pongan al día con todos, pero de verdad.
5. Dar vidilla en los cobros de impuestos [la administración cobra a plazos fijos y con recargo en los retrasos, pero paga cuando le sale de la puntita del capullo].
6. Poner al día los derechos de los autónomos, igualándolos con los de los obreros [los autónomos no son solo los ricos, eh, que hay muchísimos más y bien jodidos... y encima son, desde mi punto de vista, los que sostienen en mayor medida el sistema].
7. Parar en los gastos suntuarios hasta ponerlos a cero [desde las meriendas universitarias a los saraos turísticos y religiosos].
8. Reducir los sueldos de los políticos al nivel de la calle... y los de los altos funcionarios al nivel de los normalitos.
9. Hacer más obras públicas, pero bien hechas... y que no terminen siendo una merienda de negros.
10. Investigar cómo se adjudican los grandes trabajos en las instituciones [que le pregunten a Miguel Ángel Rodríguez] y repartir de una puta vez.
11. Acabar con algunas fundaciones públicas que son pura vergüenza y destinar sus presupuestos a dar trabajo [alguna hay en nuestra CyL que es pura vergüenza en el gasto y en la tiradita].

La verdad es que no sé por qué de vez en cuando me dan estos jamacucos, pero me dan y digo tonterías. En fin...
Quizás sería mejor echar mi tiempo en darle vueltas a cómo puedo llegar a que me importe hacer felices a los demás para obtener mi propia cuota de felicidad, en cómo pasar de todo lo competitivo o en cómo saber diferenciar entre lo que es un sufrimiento real y un sufrimiento creado [y, por tanto, evitable]. La verdad es que vivimos diariamente en sistemas absurdos que no responden más que a una ética virtual, y en esos sistemas nos vemos infelices, incapaces, absurdamente negados si no seguimos sus ritmos y sus usos. Quizás sea ahí donde debamos poner la fuerza y las ganas, en descubrir qué es lo importante y qué no tiene razón suficiente como para anular nuestra sonrisa. Los hombres inventamos sistemas desde el hombre y hacia el hombre, sistemas creados desde la finitud con un buen decorado que sugiere infinitud, y eso nos trae frustración constante... trabajar para tener, trabajar para parecer, ser para un casi siempre imposible... todo frustración, siempre frustración. Y todo es tan fácil como asumir con tranquilidad el conocimiento de que nacemos, estamos y morimos... y que la actitud ante ese nacer, estar y morir debe ser alegre y positiva, rica en la búsqueda y asombrosa en cada día que sucede. Las tres partes del proceso contienen su gozo y su penumbra, y hay que crecer en ellos sin buscar paraísos que no existen, pero crecer al lado de los demás, de todos. sabiendo que somos lo mismo, exactamente lo mismo, el mismo proceso que empieza y termina.
Así las cosas, ¿qué supone en una vida deber ese dinero inventado por los hombres durante unos meses o tenerlo en tu bolsillo durante unas semanas?, ¿qué supone cuatro muebles negros y brillantes en el salón de una casa o la cómoda vieja de la abuela apoyada contra la pared?, ¿qué suponen unos zapatos de gamuza marrón o unas zapatillas de fieltro descosidas?... todo eso sirve en el ‘estar’, pero nada es definitivo ni infinito. ¿A qué, entonces, acumular, sobrepreciar las cosas y esconderlas para que cobren un valor absurdo que no tienen, un valor que lleva en su concepto frustración para muchos?
Hay que educar bien a nuestros hijos... hay está el principio... castigar la avaricia y la competencia, destrozar al que utiliza la audacia para la diferencia, normalizar la riqueza como delito y la posesión desmedida como asunto de lesa humanidad. Hay que formar a nuestros jóvenes en los valores de las expectativas comunes para que desarrollen su individualidad como parte indisoluble de la mejora de los demás, motivarlos a trabajar con intención común y sin temer jamás a lo inexorable, ya que lo que haya de suceder sin nuestra voluntad ha de ser aceptado sin más para crecer mejor [decía un amigo mío hace unos días que para qué pensar en la muerte si está claro que va a suceder, para que armar teorías sobre ella, si llegará sola y sin llamarla... proponía mi colega echar ese tiempo en hacer un mundo más habitable y más fácil, un mundo practicable por todos de la misma manera... y le doy toda la razón].
Comprender la fenomenología de la naturaleza en su conjunto y conocer la del hombre en particular, sin buscar con ello tener ventaja sobre los otros, sería un buen punto de partida.
O comer rabos de pasas.

domingo, febrero 01, 2009

Pétalos incompletos.


Aún andan cayendo los pétalos incompletos de la flor de Tomas Moro, aquella que tomó el nombre de utopía [luego existió como Ìtaca] y que nos ha servido para seguir andando, a pesar de que cada paso que das hacia ella te separa otro paso más. Yo siempre fui seducido por su eco, captado por su promesa y muerto de fe. Hoy vuelvo a necesitarla, vuelvo a necesitar que me impela su potencia y que me ilusione su consecución, vuelvo a necesitar su pulsión y esa tensión que siempre va pareja a ella.
Ahora quiero ‘intención’, la necesito para empezar de nuevo, y la tendré. Necesito idear una alternativa rebelde para creer y crecer en ella, trabajar ya en el ‘podría ser’ para que mis músculos pillen de nuevo el tono... y es que siento insatisfacción por todo mi cuerpo, insatisfacción y abulia [solo debe servirme la insatisfacción, solo ella]. Debo buscar lucidez para imaginar una realidad nueva, y ponerme a trabajar en ella como un jodido poseso, caminar, no parar nunca hasta conseguir un sueño sostenido y sotenible...
Algunos días soy un tío raro.
•••
Y de pronto, navegando en la red, veo con sorpresa el fruto de uno de mis trabajos, ése que me dio tantos quebraderos de cabeza en San Martín del Castañar. No quedó mal [http://www.abadiadesanmartin.com/index.html].

TRABAJO DE ESTA SEMANA EN EL DIARIO GRÁFICO DE UN SAVONAROLA:









La ciudad concisa.


Hoy, el viento hace de Béjar una ciudad concisa para el paseante, que se mueve a escondidas o a tirones sorteando las ráfagas mientras busca el refugio siguiente. Acechan las tejas como francotiradores y la enorme banderola de la Hospedería Real me lleva a un tiempo de lepantos...
Béjar es así todos los días, aunque no sople el viento con esa avaricia de llevárselo todo, y hay que vivirla a escondidas y a tirones, sorteando las ráfagas de insanía mientras buscas el refugio siguiente. Cada bejarano es un francotirador esperando a su víctima... y hay una calma chicha infinita que ha dejado los velámenes como sexos ancianos.
Y del parte de guerra diario... hoy queda el vómito que me hizo saltar a media noche de la cama con un ardor de estómago insoportable –con la edad, las resacas se hacen largas de cojones–, los dolores comunes –soportables–, las calles desabridas conteniendo esta crisis que aquí ya es infinita... y un olor a que nada es fiable ni contiene futuro [lo decía siempre don Alberto Segade tras sus gafas de pasta].
Y me acordé de pronto de Pepe Hontiveros, de esa actitud de hacer y salir adelante que siempre lleva encima, de ese tener recursos para todo y para todos, de esa capacidad constante de imaginarse el mundo y buscarle las vueltas. Quizás sea el prototipo del hombre necesario con cintura y recursos constantes [junto a otros que pongan en valor una actitud serena y reposada para hacer la mixtura imprescindible]. Pensándolo bien, conozco a pocos tipos como Pepe [y no es darle jabón, pues, como todos, tiene también sus luces y sus sombras]; sus virtudes son claras: arrojo, decisión, capacidad de ver que la ilusión tiene esquinas reales, audacia, millones de recursos para salir airoso, ardor en lo que hace, creer mucho en sí mismo y saber con fijeza que un paso debe darse para que todo crezca... Pepe es un poco el contrapunto de don Alberto, pero en el fondo existe algo par que me admira en ambos.
Quizás la solución esté en aunar trabajo sin ver ideología en cada gesto, pillar a diez hombres capaces que piensen en términos de acción/reacción, con mirada pragmática y gesto ilusionante... y lanzarlos al ser de cada día para que lo modelen. No sé... lo tengo poco claro... no sé si hacemos bien pensando tanto y permaneciendo quietos... no sé si ‘pensar’ en la mejor opción es lo peor, porque, mientras pensamos, todo va sucediendo.
En fin, que hoy hace viento... y todo sigue igual en la ciudad concisa... y esta resaca larga me indica que no vuelva a salir de parranda en unos meses.