sábado, marzo 07, 2009

Hoy, comidita escritorera.


7 de marzo de 2009
Hoy tengo comidita escritorera, y vendrá mi Morante, después de tanto tiempo [qué lástima que me pille en horas bajas, coño]. Quizás el encuentrito me saque de la mierda en la que está nadando mi cabeza otra vez, otra vez, otra vez... ya pienso que me estoy volviendo paranoico, pero no, que el enemigo es real, tangible y nada cándido. En fin, me buscaré un ‘sigamos’ y a tirar adelante.
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Anoto con sonrisa la visita relámpago de Mayca y Concha Bueno con cubata en la mano [gracias, chicas, por aguantar mis cuitas durante un ratito... y disculpas por ser tan mal recibidor].
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Estoy flipando con la lectura de “La dimensión oculta. Enfoque antropológico del uso del espacio”. Ando ahora por lo que Edward T. Hall denomina ‘el espacio térmico’, y me vienen a la cabeza mil historias sobre la interacción olfativa y la relación térmica entre un grupo de personas que se apiñan frente a un espectáculo [cualquiera]. Escribe el tipo: “... cuando yo era jovencito, al bailar observé muchas veces no solo que algunas de mis parejas estaban más frías o calientes de la media normal, sino que la temperatura de una misma chica cambiaba de vez en cuando. Lo cual ocurría siempre en el momento en que yo notaba cómo iba estableciendo un cierto equilibrio térmico con ella, creciendo mi interés por la chica sin saber realmente por qué...”. Me asombra, sobre todo, el grado de percepción que manifiesta Edward en todo lo que llevo leído, sus anotaciones precisas y llenas de intuición, su valoración del detalle más pequeño y la aplicación de éste en su proceso de introspección representa para mí un alto conocimiento de lo prepoético, esa situación perceptiva que lleva al poema y lo hace fluir. Desde luego, si tengo que anotar algo sobre este libro, creo que me basta con escribir la palabra ‘descubrimiento’ y luego entonarla en todos sus caminos posibles. Es un libro para conocer y conocerse, un libro para aprender a saber lo que sucede en el espacio que habitas, todo lo sucede, todo, todo.
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De lo leído, podríá escribirse algo así:

Un grado centígrado más en su pecho marcaba la justa distancia del deseo.
La urgencia de liberarse de ese grado centígrado se hacía obsesión, porque la moral es como la pleura o como un tic-tac en la noche cuando el resto es silencio.
Yo sentía el diferencial entre nuestros cuerpos y quería exprimirme y tomarla de almohada y sentir su fuego de aguardiente entrando en mi boca de napa. Sentir su calor me hacía subsuelo y aldaba... hasta burdel o iglesia llegué a sentirla.
Ella se dejaba y no.
La sugestión, entonces, tomaba el color de las fresas y los ponía en sus mejillas.
Medio grado centígrado más en su pecho.
Pensaba en las piedras en días de nieve, en los huesos pulidos del íbice sobre la pared, en el cajón de la ropa limpia, en la esponja del baño, en el andamio amarillo que subía hasta la torre vieja, en la pared recién revocada, en la piedad de un Viernes Santo... pero poco a poco su cabeza ardía y subía en térmicas inimaginables... la carne latiendo, las entrañas húmedas, el sonido blando de lo que no roza, un limón abierto, el vértigo mágico del éxtasis mismo...
Se dejó llevar e inició la danza... mordió, tuvo, apresó, se dejó caer, lamió, tembló, crepitó...
Sus grados de más se hicieron de menos después de aquel coito.
Yo aún guardo mis notas termométricas de aquel encuentro, el gráfico exacto de tiempo y gradiente, la cima y el valle de grados centígrados, el calor perdido y el calor repuesto de aquel sumatorio de cuerpos unidos. El proceso lógico del experimento arrojó la frase que anoté y escribo: “me quedé templado en el proceso físico que tramitó el cambio del calor al frío”... y una nota al margen que también repito: “el trabajo fue tan solo el preciso”.
No hemos vuelto a vernos.
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Acabé tardecito y solo me da tiempo a poner unas imágenes del día... jajajaja... me encanta.



viernes, marzo 06, 2009

Recelos.


6 de marzo de 2009
Me ha prestado G. un libro con muy buena pinta, “La dimensión oculta. Enfoque antropológico del uso del espacio”, de Edward T. Hall, y me he puesto a leerlo enseguidita... a ver si me arregla un puntillo el finde [gracias, G.].
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Aprende a prevenir, viejo, a establecer los muros que no deben pasar los hombres que tú decidas y a clavar normativas sobre el acceso a ti cuando estén recién encalados. No te conformes con el aire que te separa de los ruines... pon materia y altura, alambradas y minas, fosos y espinos.
El mundo no se hizo para tu talla.
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Quiero un mosto en vaso bajo
para la sed de esta tarde,
que apacigüe lo que arde
y silencie lo que rajo...

y desertar ya del cero
que me elimina y me anula
y desterrar esta gula
de fondo de monedero.

Quiero matar o matarme
para quitarme de enmedio
o aflojarme la mordaza

de todo el que me amenaza
con su avaricia de tedio...
Quizás me baste mamarme.

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No sé... pero tengo la sensación de que alguien me quiere hacer la cama, una cama con caída libre y hostia segura... quizás sea solo mi desbordada imaginación, pero siento cómo algo chirría justo a mi espalda... debe ser la edad –me digo–, pero tampoco me siento tan mayor como mi padre... y mira que hacía años que no recelaba de nadie, pero ahora lo hago –lo tengo medio claro, porque mi estómago se ha descompuesto como cuando sentía los tontos problemas prosaicos de los hombres como problemas graves y míos–... y es que la que parece venírseme encima tendría consecuencias para toda mi gente.
Ahora solo pediría que se me hablase claro, sin dobleces, que no se intentase conmigo la puñalada ni el rodeo... y yo prometo también claridad absoluta y franqueza para poner a cada uno en su sitio, que últimamente hay demasiada gente desubicada en muchos sentidos.
Sé que he sido empujado a lo que soy y a lo que tengo, que he seguido en algunas cosas el curso marcado por otros, que conozco motivos, hechos y razones y he callado; que no me siento mal del todo porque aposté a que todo sucediera, que peleé y peleo cada día con auténtica fe en que voy a salir airoso de la hora que vendrá, que he sido fiel y he puesto mi palabra... y cumpliré a pesar de esta crisis financiera que quiebra los deseos de cumplir a corto plazo, porque puedo decir con la cabeza alta que soy un tipo de palabra y cumplo hasta el final cuando me comprometo.
Recelo, coño, y eso no me gusta nada, me hace sentirme muy mal, pues ya no recuerdo las miradas hoscas ni la sensación de desconfianza en los que tengo cerca.
Aún me queda la duda de que todo sean imaginaciones mías, de que aún no he aprendido a juzgar a las personas con estos cincuenta y un años de gaznápiro que llevo a las espaldas... que sea así es lo que más deseo ahora, porque no tengo el cuerpo para tensiones, ni para defensas numantinas, ni para furiosos ataques... y menos para victorias pírricas.
Quiero que me dé todo igual, que el mundo fluya y la gente camine o se muera a su tiempo –yo incluido–, que campen las sonrisas y la mano en el hombro sea norma, que todo el mundo diga lo que crea que debe decir, sin guardarse las cosas en ese aparador de mierda que pone presión y busca estallido, el aparador de las dobleces oscuras, el de las ideas perversas, el del daño.
En fin, que hoy está nublado y a ratitos baja la niebla hasta los corazones de los hombres puros, que me duele la tripa y me la agarro, que no me encuentro bien, pero no importa.

jueves, marzo 05, 2009

Hoy volé en el ornitóptero.


5 de marzo de 2009
Justo acababa de hablar con la encargada de un programa de radio con cobertura nacional para escuchar de su voz bien modulada el último arte tahúr [primero me elogia, luego me invita a participar en su programa y termina pidiéndome mil euracos... porque ‘nada es gratis, amigo, y menos con los tiempos que corren’]. Me subí los pantalones con ese arte torero tan español, con movimientos acompasados de culete y rodillas, me remetí la camisa blanca [debajo llevo hoy una camiseta negra con un decorado jevi de lo más llamativo], sonreí y seguí alzando, como una premonición, un librito que lleva por título “No haber nacido”. Sobre mi mesa, dos cupones de la ONCE con el número 34279 para el sorteo del viernes, una cuartilla antigua con nota promocional de una edición de “Los hermanos Káramasovi” [“traducción directa del ruso y prólogo de Rafael Cansinos Assens”], una lata de Coke abierta desde ayer por la mañana, una botellita de Pepsi sin empezar, dos paquetes de Chester, una botella casi llena de Canasta, cinco cacahuetes que me dejó anoche Joselín, un rollo de papel higiénico, dos tijeras, nueve mecheros, tres pegatinas ilustradas con latas de sopa de tomate Campbell’s, un CD de Madeleine Peyroux y el último dibujo a lápiz que hice anteayer de un desnudo femenino. Pillé mi ejemplar de “Leonardo, el vuelo de la mente”, de Charles Nicholl, y busqué entre sus ilustraciones la que describe en dos posiciones distintas el ornitóptero y la que muestra a Bernardo di Bernardino Baroncelli ahorcado [la primera para intentar alzar el vuelo y la segunda para mostrarlo]. Oye, y que me apeteció volar de ambas formas...

I. ORNITÓPTERO

El mundo desde arriba es una histología extraña, un tratado herrumbroso de la piel de la Tierra... os veo como puntitos diminutos tramitando los ritos prosaicos del quehacer, andando y desandando el camino trillado en un bucle indecente de normalidad absurda... los campos, como recién peinados, entre el barullo de rocas y casitas [casiiiiitas de la coliiiiina, casiiiiitas de tic y tac, las casitaaaaas, pequeñiiiiitas... todas igual... las hay blaaacas, las hay rooojas, también de color azuuuul... jajajajajajajajaja...].
Soy la mosca que se posó ayer en un muerto, la del brillo irisado, la que se acurrucó toda la noche entera en el techo de la despensa, la casi sobrenatural, la que vive a lo sumo trece días... yo sé que todo pasa sin pena ni gloria, pues lamí el semen caliente y el pastel de la mesa, y soy la que puso hace apenas dieciocho minutos un mar de huevos en unas heces tiernas... no tengo culpa de nada, no siento culpa, aunque tengo impaciencia de sol y ando un poco molesta por este viento absurdo que me toma y me lleva... tengo sombra también, y la miro asustada con mis ojos compuestos... sé que habré de morir esta noche al calor de una lámpara.
El mundo desde arriba tiene ritmo, reluce, parece hasta armonía... ¡una térmica!... subo, subo, subo...

II. BERNARDO DI BERNARDINO BARONCELLI

¡Glup!... desde este vuelo no me está permitido hablar, ni reír, ni blandir, ni besar, ni morder, ni comer, ni dormir, ni desperezarme, ni follar, ni roncar, ni fumar, ni beber, ni acariciar, ni sentarme, ni correr... pero el hambre sin par de insentirme flotar... y esta erección final... y el orín en mis pies... y la mosca ritual que desova en mi piel... y el palor de mi tez... y la lengua alocuaz que se burla sin sed... y los ojos clavados como los de aquel pez entre el hielo picado...
El nudo que deshace una mano miedosa me transformará en cosa. Me poso, reposo... vuelo raso.



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miércoles, marzo 04, 2009

Aníbal Núñez siente la traición y jura...


4 de marzo de 2009
A primera hora, en el café que arranca el día, mi amigo Raimundo se presentó con un CD sorpresa que contenía mi soneto sobre Aníbal musicado por él [un verdadero placer escucharlo... gracias, amigo]. El mismo soneto había sido ya musicado y cantado por Jesús Márquez hace cuatro años en una versión que era muy de mi gusto, pero que no acabó entrando en la selección para el disco que hice con Jesús Márquez y que editó y produjo Paco Ortega para ‘El pescador de estrellas’, y acabó diluyéndose en ese olvido de maquetas que andan perdidas por mis cajones.
Escuchar un poema propio musicado y cantado, especialmente si es un soneto, deja una sensación extraña en la que sientes cómo lo que tú has creado ha tomado otro camino y se ha llenado de connotaciones y matices que no estaban en la idea inicial... la sensación es hermosa a la vez que extraña, como ver a un hijo crecer por su cuenta.

El soneto...

ANÍBAL NÚÑEZ SIENTE LA TRAICIÓN Y JURA

No voy a matar más de lo que puedo,

porque de verme dios estoy cansado.

Quizás me ahogue despacio en vino añado

en un rincón de bar tranquilo y quedo.

No voy a matar más a lo corsario,

porque el brazo se cansa y duele el dedo

de tanto disparar. Y ser Quevedo

me gusta mucho más que ser sicario.

El miedo que te ofrezco está en mi boca

porque hoy cambio las balas por palabras

que no saben de amigos ni banderas.

No voy a matar más, aunque no es poca

la amenaza de herirte. No me abras 

porque sé que otro tiene tus caderas.

Es curioso cómo Raimundo incide en los versos “porque hoy cambio las balas por palabras” y “porque sé que otro tiene tus caderas”, utilizándolos a modo de estribillo en diversas fases de la canción, que suena a himno... y Jesús, en un tono de balada que va subiendo en dos repeticiones del soneto sin su último terceto, acaba, rotundo, volcando la tensión del tema en ese “No me abras, porque sé que otro tiene tus caderas”.
Ninguna de las dos versiones responde a mi lectura recitada de ese soneto, ni en los énfasis ni en las cadencias, pero ambas lo enriquecen hasta donde yo no podía imaginar. Yo, durante el tiempo en el que escribí ese soneto, andaba en ritmo de tango... es más, llegué a escribir cinco tangos que aparecieron publicados en alguna revista literaria [ahora no recuerdo en cuál]... y siempre creí que era la mejor opción, ya que el tema es tanguero de verdad. Ahora no lo tengo claro.
En fin, es chulo verse interpretado.
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Vengan tentaciones hechas de cuerpos maduros, tentaciones de miércoles con su rara prosodia de ser centro de nada, con la muerte pequeña de los martes y ese río weekend sin remansos posibles... vengan a cobijar mis dedos mientras se me diluye la sintaxis... socávenme estos bosques hasta el gozo, tramando un abandono de mí mismo.
Cuando duermo, lo hago de frente y de perfil, como un recién fichado.
Vengan tentaciones con escándalo y bostezos, con carne como esclava, decidida a dejarse caer de bruces sobre otra columna vertebral, huesos sobre huesos de dos cordados resumiéndose... vengan tentaciones y tenga que preguntarme “¿hasta cuándo?”, vengan y se me pegue la lengua a otro paladar y sienta tal delirio....
Cuando despierto, estiro bien los brazos, como un recién nacido.
Vengan tentaciones y ese abrazo que toma por la espalda, y las manos buscando tus botones... son tantos, tantos... vengan como profanaciones y pereza, como páginas blancas que esperan mi escritura, como un rito sagrado en el que llenar el cuenco de la víctima con engrudo recién cocinado... vengan para tocar y oler, para lamer y atar...
Cuando camino, miro caderas hechas que tramitan los trancos de sus muslos, como un blasfemo nuevo.
Vengan tentaciones y me pillen dormido en mi escritorio, con la boca entreabierta y las manos posadas en mis piernas... vengan con fervor de cintura, con esas lucecitas que aparecen cuando cierro los ojos fuerte, fuerte... vengan como un sorbo de agua, y te vea desnudándote como lo hiciera Marilyn en esa imagen negra de Milton Greene... o como Nadia Gray bajándose las medias en ‘La Dolce Vita’... o como el strip-tease diario en Crazy Horse en los años cincuenta... o como la mujer del corsé que Horst P. Horst realizó para Vogue... o como las chicas de ‘Two at the Fair’ en los carruseles de Londres... o como las mujeres de Laure Albin Guillot en ‘Stockings Series’... o como las mujeronas de Elmer Batters... o como Laura Antonelli con manzana... o como Catherine Deneuve en ‘Belle de Jour’... o como Sophia Loren en ‘Ayer, hoy, mañana’, del gran Vitorio... o como Susan Player en ‘L’Initiatrice’... o como Jessica Lange en “El cartero siempre llama dos veces”.
Cuando me detengo, respiro hondo y cierro los ojos, como un muerto normal.

martes, marzo 03, 2009

¿Esto era la muerte?


3 de marzo de 2009
Jeroen Anthonissen van Aken, que fue un baluarte de lo anacrónico [andaba de gótico mientras el mundo buscaba el humanismo del Renacimiento], tañía en la simbología y en los secretos para armar una ‘tensión’ sobre la vida y la muerte, particularmente sobre la muerte. De tarde en tarde, cuando estoy entre chungalí y eufórico, me meto en su obra como en un teatro y percibo cómo se unen nuestros ‘simbolein’ [aquellas tablillas de cera que se rompían en dos trozos, quedándose con una parte quien la había realizado y entregando la otra a un amigo que debía viajar a otras tierras, de tal forma que, al pasar de los años, si los descendientes llegaban a encontrarse por un azar, pudieran, uniendo los dos trozos de la tablilla, identificarse y reconocer aquella unión como propia] y nos reconocemos hasta el punto de vibrar en un mismo tono negro y portentoso. Así, atados Jeroen y yo, me llegan noticias de la muerte, sus claves y sus nadas, su azar y su montura de huesos, su metáfora... y sé nítidamente lo que es, de pronto, sin más, mientras miro a los cuatro personajes que cruzan el puente en la tabla izquierda del tríptico las “Tentaciones de San Antonio”.
Jeroen, hijo de la gran puta, claro... la muerte es tan solo el miedo a la muerte.

lunes, marzo 02, 2009

Catulo, viejo cabrón... intenta sonreír en silencio.


2 de marzo de 2009
Otra vez en la lucha, y con ganas. La semana se presenta interesante, con asuntos de SBQ para trazar y trabar, con nuevos proyectos culturales [uno muy cerrado ya –iré contando– y otro a punto de comenzar]. En fin, que vamos tirando.
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Esta extraña manía de vivir que me entra cuando robo destellos de ojos o me enamoro de un papel o de una pintada a tiza en una puerta, cuando me da la risa por lo que oigo o me siento las manos sobre el pantalón como si fueran otras... soy porque ya no hay pañuelos de algodón en los bolsillos, porque ahora suenan las sirenas y hay angustia, porque hay un no sé qué en las borrascas que sabe a carcajada y en los espejos flotan una partida hecha de inercia tierna, algún viaje y un lecho con murallas en sus flancos.

Me gusta esperar a que la bañista emerja de la sangre con el cofre entre sus manos, que dé una bocanada y me mire hasta volverse loca, y me muestre su edad en el centro de sus pechos de adiós cuando abrazan... me gusta verla mientras se incendia debajo de su miedo y parece una persiana antigua o una puerta entornada... me gusta desearla con el sombrero negro puesto, mientras el oro cae de sus pupilas y suena a ropa usada... a veces pienso que es la esfinge y juego a olvidarlo todo en esta soledad con alas que no sabe de jaulas si no son de carey, como la inocencia.

Catulo, viejo verde, viejo cabrón... también estás ahí, riendo entre los féretros, mirando a los muchachos que se abandonan a los rayos del sol, como tendidos, como puestos a secar... los miras con fervor mientras limpias la sangre de la tajuela para sentarte en ella. Te encanta retirar la lluvia de sus pieles doradas con los ojos y pasarles el paño de lino por la espalda, como si fueran ángeles. Me gusta verte así, como el cuchillo de medianoche que corta el ojo.

El cofre de la bañista suele traer cenizas mezcladas con sombras familiares. Lo abre como un rito, lentamente, y lo pone sin más frente a mis ojos. Yo miro el contenido... pero vuelvo a sus ojos, a los ojos de sus pechos punteados en la lycra, a esas flores pequeñas que quizás sean amargas en la boca. Suele mirarme como se mira a un vaso vacío y me hace llamas. Con ella me adelgazo y busco el frío de su hoguera genital como un autómata.

‘Y llora con el cine y las cebollas... y ríe mientras miente...’ –la luz de G. Valverde se ha encendido hace un rato–... soy párvulo en las cosas que se deben decir.

Otros días, el cofre llega lleno de viandas... siempre me quedo las mejores tajadas de los muslos de mujer en salazón... y ella me mira al centro, donde las naves saben que la zozobra es cierta, me escudriña y siento que recela bajo su gorro elástico de goma... solo entonces le toco el vientre y me noto allí adentro en posición fetal, nadando en ese templo de cúpulas amnióticas. Siento cómo sonríe cuando lo hago y en sus ojos se borra cualquier duda.

‘Durante el duro invierno de 1992, en los campos de Kosovo, cuando Ares dormía en el Olimpo la siesta de costumbre, en ese mismo instante en que el vuelo de un misil detenía sus plumas asesinas, metálicas, en el tercio distal del hueso esfenoides de un ignoto soldado, a dos horas y pico de distancia de España, por ejemplo, en línea regular de un Boeing 359, que yo no sé si existe, un hombre, una mujer, transidos de delicias sicalípticas, hondas, concupiscentes, enlazaban sus cuerpos para después marcharse a consumar con rigor fisiológico, exquisito, las liturgias que estos casos requieren, los designios que sus propios orgasmos tiene previstos en circunstancias tales.’ –otra vez la luz de G. Valverde con su “Sombra a sombra”–... soy párvulo en las cosas que se deben tocar.

Risas, gruñidos... mientras la bañista se retira el bañador del cuerpo y se ofrece al tacto.

Catulo, viejo cabrón... intenta sonreír en silencio.

domingo, marzo 01, 2009

La tripita del glotón.


29 de febrero de 2009
Cuando viajo y me invitan a comer, aunque solo sea por educación, acabo todos los platos que me ponen. El caso es que el viaje a Almendralejo llevó adherida una comida opípara y deliciosa [detallazo de Antonio y Mar]. La disfruté como el glotoncete que soy y, tristezas de la edad, ayer pasé el día charlando con mi estómago en voz alta, potando y boqueando como los peces recién sacados del agua y visitando el baño como si fuera un santuario en el que hacer ofrendas a los dioses de las fosas sépticas... el caso es que a las diez y poco de la noche ya no podía con mi cuerpo y lo empujé a la cama. Me encajé entre mi almohada y un cojín, puse la tele y me tapé hasta la nariz. Zapeando –pues soy inquieto hasta para ver la tele–, me encontré de pronto con una entrevista a Mario Conde y me quedé ahí... el tipo tiene una puesta en escena interesante, una labia magnífica y una visión de la jugada con mucho que masticar. Me sorprendió que explicase que la situación de crisis financiera ya la había pronosticado él hace trece años en su discurso de nombramiento de doctor honoris causa en la Universidad Complutense [pusieron parte de ese discurso y, coño, era verdad]. Me maravilló oír de su boca el solucionario que yo digo cada mañana a quien me pregunta [es un solucionario simple, no vayan ustedes a creer que yo soy más que eso]: repartir la riqueza haciendo un reparto solidario del dinero en el que los ricos ganen mucho menos y los demás podamos acceder a percentiles económicos de dignidad y a campos seguros de desarrollo empresarial, no inyectar pelas a la banca y sí hacerlo a la industria pequeña y mediana que mueve realmente el sistema, darle impulsos decididos al los créditos para que pueda existir de nuevo esa maravilla que se llama “circulante”... es decir, ser todos menos egoístas [para eso se necesita un control fuerte de las instituciones, sumado a un apoyo bien trazado a todo lo que suponga creación de empleo e inquietud empresarial].
El resumen es que me gustó la conversación que mantuvo el tipo con un locutor impresentable en las formas y que, a pesar de que su figura y su puesta en escena no me gusta nada, compartí con él muchas de las apreciaciones y opiniones que expresó.
Mi tripita de glotón, mientras, seguía hablando en alto, a su bola... hasta que caí en el sueño como un tonto de misa.
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Porque me lo demandaban un compromiso con la Embajada de Perú en España y una reunión pendiente para mañana con institución cercana, me he pegado una paliza de día entero preparando un informe extenso de las actividades de SBQ y de sus proyectos en Perú, Gambia y Senegal. Pues bien, para entrar en materia con cierta solvencia, me he leído de pe a pa un proyecto completo de cooperación preparado por un tipo importante [no voy a decir el nombre, por supuesto] y con amplia experiencia en temas de cooperación, un tipo con 'solvencia' y 'credibilidad' entre la gente que nos dedicamos desde hace años a este tipo de asuntos. Confieso que comencé mi lectura con cierto afán didáctico [quería aprender algo sobre la forma en que se presentan este tipo trabajos, pues siempre he ido a mi bola, fiando en mi instinto y dejándome llevar por mi olfato], pero a medida que avanzaba en el texto [era un buen montón de folios] me iba dando cuenta, a la vez que cabreándome, de que el tipo en cuestión estaba adornando una enorme cuenta de gastos que terminarían llevándole a viajar a dos países muy lejanos para pasar allí un par de meses ‘identificando los proyectos’, ‘fortaleciendo la relación con las contrapartes’, ‘definiendo y valorando con trabajo de campo las justificaciones de intervención’ [todos estos términos son puro sic del texto leído]. Para argumentar todo el asunto [para ser claros, es un gasto de 30.000 euros], el tipo, conocedor del papeleo grandilocuente, tira de los “objetivos del milenio” [erradicación de la pobreza, educación universal, igualdad de género, mejora de salud, combate contra las enfermedades endémicas, sostenibilidad, alianza mundial para el desarrollo...] y toma un determinado ‘posicionamiento’ junto a ellas... luego se tira veinte folios de información general sobre las zonas de actuación y sus gentes... y termina con la página estrella, en la que hace un desglose de gastos entre los que destacan viajes, estadía, estancia, alojamiento, desplazamientos internos... alcanzando sin problema los 30.000 euros del ala y sugiriendo la posibilidad de que sean necesarios otros 8.000 euros de vellón, porque le da en la nariz que se ha quedado corto... todo ello para las siguientes labores: contactar con las instituciones locales, documentar los proyectos, identificar a las contrapartes, elaborar una propuesta escrita, redactar un informe final y formular la propuesta definitiva... es decir, nada de nada por 30.000 euros más los posibles 8.000 del averquepasa.
Me cisqué en todo lo que se movía a mi alrededor, sobre todo al pensar que con esa cantidad yo era capaz de hacer las dos escuelas de África [una cuesta 16.000 euros y la otra 18.000] o dejar rematado el centro de acogida infantil de Perú [presupuestado alrededor de los 34.000 euros].
Me dieron ganas de llamar por teléfono al tipo y contarle que sin un solo euro de gasto justificado en papeles, con mi gente, he conseguido lo que sigue, gracias al correo electrónico y al teléfono:

1. Identificar el proyecto de Alto Moche {Perú].
2. Conformar mi propia contraparte en Trujillo a partir de personas fiables, como la inestimable Lorena Pajares y su gente, que han contactado con las autoridades locales.
3. Obtener un brillante convenio de cesión de terrenos por parte de la municipalidad de Moche.
4. Determinar un convenio de uso y mantenimiento con el gobierno de Perú [en proceso actualmente].
5. Identificar el proyecto de Ibel [Senegal]
6. Conformar mi propia contraparte en Ibel, encabezada por la familia de Youssouph Kante y todo el pueblo de Ibel detrás, incluyendo a las autoridades locales.
7. Obtener un convenio de cesión de terrenos por parte de la municipalidad de Ibel [estoy esperando a que me llegue en estos días]
8. Identificar el proyecto de Wuli Baro Kunda [Gambia]
9. Conformar mi propia contraparte en la zona con la familia de Malick Sisawo [este asunto está aún en proceso].

Todo esto sin gastos... pero, además, estamos promoviendo colaboraciones por afinidad [nunca institucionales] que propician un fondo que crece poco a poco y día a día para obtener el dinero necesario para realizar nuestros proyectos... conciertos, subastas, cesión de obra de artistas que ponemos a la venta, huchas, venta de libros donados, venta de agendas y calendarios... todo ello con la impronta de recibir dando siempre algo a cambio y, cómo no, creando un ambiente de solidaridad entre quienes nos siguen y nos apoyan, haciendo que sientan como suyos cada uno de nuestros pasos dados... y sin gastar más que nuestro tiempo en el asunto, coño... hemos conseguido una hermosa lista de apoyos de gente importante del mundo de la literatura, el arte y la música [importantísima para seguir creyendo en lo que hacemos] ... y con todo ello conseguiremos que los recursos obtenidos lleguen íntegros a hacer realidad nuestros proyectos solidarios, ser capaces de hacer que los 60.000 euros que necesitamos no se diluyan en viajes de identificación, en manutenciones y desplazamientos, en elaboración de tediosos informes que no sirven para nada más que para que alguien se lo pase de puta madre recorriendo el mundo a costa de Juan Pandero.
Así funciona el mundo de la cooperación internacional, y así salen las cosas... proyectos que se llevan más del 60% del total en gestión vana, en elaboración de ridículos protocolos, en viajes, hoteles, comidas, taxis, administrativos haciendo informes ridículos... es una mierda... una puta mierda.