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Hoy volé en el ornitóptero.


5 de marzo de 2009
Justo acababa de hablar con la encargada de un programa de radio con cobertura nacional para escuchar de su voz bien modulada el último arte tahúr [primero me elogia, luego me invita a participar en su programa y termina pidiéndome mil euracos... porque ‘nada es gratis, amigo, y menos con los tiempos que corren’]. Me subí los pantalones con ese arte torero tan español, con movimientos acompasados de culete y rodillas, me remetí la camisa blanca [debajo llevo hoy una camiseta negra con un decorado jevi de lo más llamativo], sonreí y seguí alzando, como una premonición, un librito que lleva por título “No haber nacido”. Sobre mi mesa, dos cupones de la ONCE con el número 34279 para el sorteo del viernes, una cuartilla antigua con nota promocional de una edición de “Los hermanos Káramasovi” [“traducción directa del ruso y prólogo de Rafael Cansinos Assens”], una lata de Coke abierta desde ayer por la mañana, una botellita de Pepsi sin empezar, dos paquetes de Chester, una botella casi llena de Canasta, cinco cacahuetes que me dejó anoche Joselín, un rollo de papel higiénico, dos tijeras, nueve mecheros, tres pegatinas ilustradas con latas de sopa de tomate Campbell’s, un CD de Madeleine Peyroux y el último dibujo a lápiz que hice anteayer de un desnudo femenino. Pillé mi ejemplar de “Leonardo, el vuelo de la mente”, de Charles Nicholl, y busqué entre sus ilustraciones la que describe en dos posiciones distintas el ornitóptero y la que muestra a Bernardo di Bernardino Baroncelli ahorcado [la primera para intentar alzar el vuelo y la segunda para mostrarlo]. Oye, y que me apeteció volar de ambas formas...

I. ORNITÓPTERO

El mundo desde arriba es una histología extraña, un tratado herrumbroso de la piel de la Tierra... os veo como puntitos diminutos tramitando los ritos prosaicos del quehacer, andando y desandando el camino trillado en un bucle indecente de normalidad absurda... los campos, como recién peinados, entre el barullo de rocas y casitas [casiiiiitas de la coliiiiina, casiiiiitas de tic y tac, las casitaaaaas, pequeñiiiiitas... todas igual... las hay blaaacas, las hay rooojas, también de color azuuuul... jajajajajajajajaja...].
Soy la mosca que se posó ayer en un muerto, la del brillo irisado, la que se acurrucó toda la noche entera en el techo de la despensa, la casi sobrenatural, la que vive a lo sumo trece días... yo sé que todo pasa sin pena ni gloria, pues lamí el semen caliente y el pastel de la mesa, y soy la que puso hace apenas dieciocho minutos un mar de huevos en unas heces tiernas... no tengo culpa de nada, no siento culpa, aunque tengo impaciencia de sol y ando un poco molesta por este viento absurdo que me toma y me lleva... tengo sombra también, y la miro asustada con mis ojos compuestos... sé que habré de morir esta noche al calor de una lámpara.
El mundo desde arriba tiene ritmo, reluce, parece hasta armonía... ¡una térmica!... subo, subo, subo...

II. BERNARDO DI BERNARDINO BARONCELLI

¡Glup!... desde este vuelo no me está permitido hablar, ni reír, ni blandir, ni besar, ni morder, ni comer, ni dormir, ni desperezarme, ni follar, ni roncar, ni fumar, ni beber, ni acariciar, ni sentarme, ni correr... pero el hambre sin par de insentirme flotar... y esta erección final... y el orín en mis pies... y la mosca ritual que desova en mi piel... y el palor de mi tez... y la lengua alocuaz que se burla sin sed... y los ojos clavados como los de aquel pez entre el hielo picado...
El nudo que deshace una mano miedosa me transformará en cosa. Me poso, reposo... vuelo raso.



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