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Mostrando entradas de enero 8, 2012

El mercado secundario...

Una mujer salía llorando de la oficina de una caja que ahora es banco... iba agarrada del brazo de su padre mientras le decía sin creérselo... ‘no te preocupes, papá, que esto se arreglará’.  Al lado, justo a la puerta de la oficina, dos señores con los setenta bien cumplidos lanzaban improperios en voz alta mientras otro que salía de allí dijo... ‘habría que quemar los bancos y a los banqueros dentro’. Yo acababa de hacer en la misma oficina un ingreso pequeñito para SBQ y estaba perplejo con el lío, con los comentarios, con la cola tan poco normal que había en y con la puerta de la dirección cerrada a cal y canto y con las persianas bien bajadas –circunstancias que no me había encontrado nunca allí–... y me acerqué a otra oficina bancaria próxima para hacer unas operaciones de mi empresa y tomar un café con uno de los bancarios con el que me llevo de perlas. Después de mis gestiones de caja, fuimos al por el cafetín y le pregunté a mi amigo que qué sucedía... ‘nada y mucho, Felipe, y …

Busco otra vez el truco...

Busco otra vez el truco o el escondite, saber justo el espacio donde abrigarme mucho y no sentir otra cosa que no sea mi latido. Cuando entro en esta búsqueda, noto cómo por dentro se me retuerce algo, pero debo insistir en ser el ciego ante lo que sucede, no ver por unos días o unos meses para poder seguir, ‘desdesatarme’ de lo que me va ahogando para que desaparezca un tiempo... pero no desaparezca. Cuando esto sucede, cuando intento salir de la vorágine, siento que todo lo que he hecho no sirve para nada, que escribir es un jodido acto de narcisismo y que dibujar es ciertamente patético con estos mimbres míos... pero lo necesito, necesito estar solo y hablarme con palabras escritas, estar solo y descubrirme en trazos ridículos e inconstantes... ¿y el mundo?... pues que siga un tiempito sin mí, que se estrelle o se arregle sin que me importe mucho, que se agote o se extrañe en su ‘esto, esto y esto’ que abrasa como un hierro candente. Sé que todo está mal, que hay que sumar una mano a…

Cuando el dolor se traduce en una jodida rabia...

Cuando el dolor se traduce en una jodida rabia, es que estamos vivos y hay esperanza, y yo estoy rabioso como un perro rabioso... no.... mejor como un hombre rabioso.  Ver la imagen tremenda del cajoncito blanco que contiene los restos de Mayte Lucero, con su puertita abierta para un adiós cabrón de decorado, con esas cuatro botellas de ‘Cerveza Trujillo’ sosteniendo unas velas para darle espiritualidad y luz a lo que no tiene ninguna de las dos (porque ni existe la espiritualidad en quien no ha podido vivir, ni la luz es ya posible)... y esos paquetitos azules conteniendo no sé qué secretos para la nada, y las flores en el suelo de arena metiditas en botellas de plástico de ‘Inca Kola’... y la cruz blanca para ser cruz definitiva sobre un nombre, apoyada en un periódico sucio de antesdeayer como para que no mancille el suelo apisonado de la jodida pobreza... y el Cristo noble atrás, entre cortinones, todo de puro préstamo de a diez soles la hora (o veinte, que todo es negociable)... y…