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Mostrando entradas de agosto 26, 2018

QUE YO ME VALGO...

Ahora que mi Mario camina y yo empiezo a gatear, con el deber incumplido y todo por barrer, con la sonrisa siempre –¿por qué no?– y un punto de angostura al fondo del paladar –como el mejor pisco–, siempre mejorando lo presente y medio ausente del trastodo…, me encuentro con que de un intento de disculpa, por mi falta de concentración, me achuchan los colegas con más fuerza que nunca y con más cariño que el que yo puedo procesar, y me jode un punto no tener palabras para el exacto agradecimiento, ni siquiera para hacerles comprender que no pasa nada y que fuera del cariño, que ése lo tomo hasta el último sorbito, debo ser yo quien tramite cada uno de mis fracasos, igual que gozo de mis tontos éxitos.  Saber que te quieren los colegas es la ostia sin hache, una ostia inexpresable, como ya he dicho, molona, erizadora, bruja, instigadora de alguna que otra lágrima de purita alegría… Todo debiera quedar ahí, porque así debiera ser para no obligarme a ‘obligarme’ y para no hacerme sentir ‘m…