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Mostrando las entradas etiquetadas como LUIS PASTOR

Videítos entresemaneros y malutos (por parte del tomador, claro)... pero lindoooos

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Luis Pastor en "Enclave"

Canoso y berzocanoso, pero no viejo, volvió Luis Pastor a pisar las tablas alquitaras para sentar con magia la cátedra de la sensibilidad y el humanismo más trovador... y mira que no eran horas brujas –ésas que siempre propician el pellizquito lúbrico y la impronta arreglamundos–, pero el tipo cantor se las arregla siempre para llevar el tiempo al lugar que más le gusta... y, ¡zas!, todo el auditorio de viaje astral para olvidar el jodido ‘statu quo’ y volver a pensar que es posible que las cabezas estén aún llenas de las bicicletas blancas made in Pablo Guerrero. Se arrancó Luisito en la calle con una especie de ukelele –que bien podría haber sido Ouka Leele, pues el perico colorea con verdadero arte cualquier foto fija del pasado– y fue como un pequeño Hamelín bejarano que nos metió a todos en la iniciática cueva Alquitara para pasar una noche de incendio... oye, y que lo que resta pide heptasílabos, coño... porque el Lucho poeta arrancó su concierto con la viva escultura de cantaut...

Vuelve Luis Pastor

Vuelve a Béjar Luis Pastor para cantar la semana que viene en La Alquitara, y retomo un texto que comencé por contrato con el ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid para hacer una biografía del colega, un contrato que se torció pronto por no sé qué debacle electoral y que quedó perdido en los archivos de mi ordenador... os dejo la parte de trabajo que tenía más o menos hecha para que no muera en mi computadora (perdonad si contiene erratas, pues era una primera toma). Hermoso volver a abrazar a Luis, coño... le regalaremos un STANDDART. TEXTO INACABADO PARA UNA BIOGRAFÍA SOBRE LUIS PASTOR QUE SE TORCIÓ EN TRES DÍAS. Mientras la televisión norteamerticana transmitía en directo la explosión de una bomba atómica en Nevada y el programa radiofónico de Bobby Deglané voceaba las historias del «Enano Tipiski», de Tip y Top, llegaba al mundo un tipo extraordinario en Berzocana, un pueblecito de la provincia de Cáceres que anda por la Sierra de las Villuercas, entre Guadalupe y el Puerto de Mira...

Wang Guowei

Día de contacto breve y telefónico con algunos amigos: a primera hora me llamó Belén Artuñedo para indicarme que había recibido el material del Centro Cultural Chino y para sonreír por las imágenes de lectoras que le había adjuntado con el paquete oficial –echo yo de menos la sonrisa fresca y deliciosa de esta niña, que hace ya un porrón de tiempo que no nos vemos–. Otra de las llamadas fue de Ramón Hernández Garrido desde Lisboa para pedirme el teléfono de Luis Pastor y para confirmar lo que yo imaginaba, que está muy feliz y ha sido aceptado de maravilla en esa ciudad –lo celebro con sinceridad–. Y por fin mi Morante, al que atraqué para lo del teléfono de Luis, pues yo era incapaz de encontrarlo en mi directorio –charlamos de la visita pendiente, la que me debe después de todas las que yo le debo–. Todo esto me ha hecho llevar mejor este día terrible de calor sofocante en el que me siento minusválido. (23:15 horas) Esta tarde, después del curro, me he dedicado a hacer fotos a mis hi...

Mencio

Me llamó José Luis Morante y lo agradecí un montón, pues andaba con muchas ganas de volver a conectar con mi amigo del alma -yo le había llamado varias veces a su casa, pero andaba de vacaciones y fue imposible el contacto–. Le percibí con ganas, con muchas ganas, pero con el jodido peso de un montón de «demás» a cuestas. hablamos de la vida –de nuestras vidas–, del comienzo del curso, de la responsabilidad del enseñante y de cómo una decisión en los cursos menores puede truncar la vida de un chaval o cambiarla en un giro de 180 grados, de la cuesta familiar que son los hijos y los padres, del tiempo que nos queda, de los «amigos» que sólo resultan ser conocidos accidentales con un puñal en la mano, de buscar un día para vernos y charlar. También me recordó a Lara Cantizani, del que no sé nada desde hace un montón de tiempo a pesar de que tengo un libro de su colección listo para entrar en máquinas desde hace meses sin recibir el visto bueno –es un libro de Miguel D’Ors, un diario de c...

Shintaishi

Tengo un mal que me producen mis hijos, sobre todo los mayores. Es un mal que va minándome despacio, día a día, un mal del que quizá tenga yo toda la culpa por no haber aprendido nunca lo que es la severidad -–entre otras cosas, porque nunca me ha parecido un valor, sino todo lo contrario–. Yo siempre pensé que ser justo debía ir unido a tener y mostrar confianza, y así lo he aplicado siempre con ellos –mis hijos–, les he dado cuerda, caminos que hollar... y apenas los he dirigido, pues siempre creí que lo haría por el camino de mis frustraciones. Y he conseguido en ellos señales vivas de fracaso que son también mi propio fracaso. No entiendo cómo tipos intratables, auténticos estúpidos, tienen hijos cabales que van superando con éxito cada uno de los pasos que intentan. Mis hijos, no. Tienen todos mis defectos y han aprendido a magnificarlos hasta exasperarme. No comprenden nada que no sea en su propio beneficio subjetivo, no saben ordenarse y su desorden físico se traduce en una eter...

Nakane Tori

Recibo de manos de Antonio G. Turrión, enviada por Ramón H. Garrido, una edición sobre Unamuno, «Meditaciones evangélicas», editada por Diputación de Salamanca y trabajada por el colega Paolo Tanganelli –que salió de mi olvido hace unas semanas para pedirme una colaboración en una revista calabresa–. Le echo un vistazo rápido al libro y me encuentro con hallazgos interesantes, tan interesantes como una reflexión sobre el hombre que vive para la historia. Se hace Unamuno –el pesado poeta y el lúcido ensayista– una interesante pregunta sobre el valor de la historia para alguien que entra en ella. Se pregunta de qué sirve que pronuncien tu nombre gentes que nunca podrás conocer y da la opción de eternida contra la de historia, indicando que un hombre debe trabajar para la eternidad y no para ser historia... En fin, la triste calavera coronada por la gloria literaria hoy me ha hablado un ratito, pero, sinceramente, no creo que aguante su lectura una hora seguida. Y que a media tarde me han...