Todo es susceptible de ser reemplazado porque existe un final para cada cosa, y justo en ese final hay alguien o algo esperando para seguir o para cambiar. Desde esta premisa puede inferirse que no hay nada que nos mueva a estar vivos o a lo contrario… y por la misma ecuación podemos calibrar el servicio que nos presta esta premisa de cara a no darle importancia a lo que no la tiene o, simplemente, manifestar como importante solo lo que nos apetezca que lo sea y hasta que nos apetezca que lo sea. Así, todo termina siendo convencional, hasta el poeta en su voz… y cuando entiendes esto, también eres capaz de entender que todo lo que te han enseñado es falso desde su médula, pues va dirigido a modelarte. Así es como llega el desencanto: cuando comprendes que eres sustituible sin más, que no respondes más que a unos parámetros de orden general marcados para todos. Es entonces cuando percibes que la política, el arte, la diversidad cultural, la economía y la vecina del quinto te importan un...
Bitácora de Luis Felipe Comendador