23 de enero de 2009 Dado el mundo en que vivimos, en el que lo que no resulta eficaz se toma por fallido, es curioso cómo nos hemos acostumbrado a decorar de eficacia todo lo vacío para darle salida a corto plazo [parten mis palabras de hoy de la interesante lectura de una conversación entre Fernando Colomo y Mariano Bayón, publicada en el nº 4 de la revista “Arquitectos de Madrid”, que amablemente me prestó hace unos días Guadalupe]. En todo se busca resultados contables o narcisos sobre cualquier argumento de armonía o necesidad. Y en literatura, en poesía, también existe esa tendencia generalizada [pues son síntesis del tiempo que nos toca], la de escribir con eficacia. Los grandes editores saben muy bien cómo se manejan las tendencias, y es por ello que siempre venden nombres en vez de literatura, venden nombres que antes promocionan en los medios de masas por los caminos más inimaginados [escándalos, ridículos públicos, intimidades de lo más prosaico...] a los que obligan a cumpli...
Bitácora de Luis Felipe Comendador