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Mostrando entradas de septiembre 23, 2012

El viento de marzo bajo los vestidos...

El viento de septiembre bajo los vestidos, el viento de octubre bajo los vestidos, el viento de noviembre bajo los vestidos no es lo mismo que el ‘viento de marzo bajo los vestidos’ de Pavese [“un regreso al envilecimiento malicioso de las sensaciones sexuales puede ser un camino para salir del pantano de la rutinaria facilidad descriptiva actual” (‘El oficio de vivir’. Texto sacado de su entrada del 5 de diciembre)]... Cesare pensando en diciembre en el viento de marzo bajo los vestidos... y es que todo crece con la justa distancia, todo se hace mejor y más intenso cuando puede tramarse en otro lugar y/o en otro tiempo, en otra estación... que no es lo mismo un cuerpo imaginado que un cuerpo presente, como no es lo mismo un deseo sin cumplir que uno cumplido.
Así las cosas, retomo hoy mi vieja práctica de los caminos paralelos (una práctica que siempre me ha salvado de muchos jaquecones)... salir de este mundo del 'todo atado' y del 'todo con grillos en los tobilletes'…

Hoy sentí un frío raro...

Hoy sentí un frío raro cuando salí a la calle, uno de esos fríos que destartala y deja los tendones como injertos, mientras hace volver una ligera incontinencia a mi vejiga. Me abroché. En la calle la soledad se hacía pájaros raros y el color de las cosas comenzó a tomar los matices del otoño... luz atenuada, sombras débiles y descontrastadas... tuve que meter las manos en los bolsillos para buscar el caldo/calor de los muslos e intentar pillarle el tono al día. Béjar ya se vació de tintines, tahuretes y damonas de noche. Ya no hay más pijos que los cuatro de siempre (venidos a menos) ni más cera que la ardió el día de la virgencita... la ciudad es ya solo de los cuatro gatos que la vivimos, de los que le apañamos el juego lunes/viernes con un trajín pausado que seguro que viene del ritmo anciano que la puebla... y en este desestar siento yo el frío cada mañana recién amanecida, como la de hoy... y llego hasta el vacío del trabajo –que es un vacío en otro vacío– y mi silla Wassily me a…

... trapiellos, carpantas, corcobados...

Me pongo frente a la pantalla e intento escribir, pero no logro encontrar la expresión correcta de todo lo que bulle en mi cabeza... y me siento mal por no poder hacerlo, por no poder vomitar todo lo que hace que me sienta mal (sí, sé que estoy amordazado en los últimos meses, pero esa mordaza no debiera impedir la expresión privada... pero no puedo)... y entonces intento esas trochas que utilicé otras veces para encontrarme en la escritura... la escritura automática... la descripción caótica...
Cierro los ojos y veo trapiellos cobardes escribiendo diarios sin decir, carpantas nuevos con su sopa de Cáritas recién bebiba, corcobados de calle que dicen lo que piensan y es verdad, y es siempre verdad... pero no todo es ascuas y ciscote, que también veo mujeres libélulas con cintura y shortines, con pantyes apretados y culetes pinzones,  con la chichona puesta como para comer hasta sin hambre... y me digo: ‘nadie me obliga a seguir con vida, coño’, pero me disfrazo de extranjero hasta que …

Golpe de estado.

No es una crisis, es un golpe de estado en toda regla en el que están implicados los políticos y el capital. Qué triste, coño.

NOTA: Las imágenes pertenecen a los fotógrafos desplazados ayer a los alrededores del Congreso por distintas agencias de prensa.