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Mostrando entradas de junio 22, 2008

Descenso hasta el mar de mis sandalias.

Los cernícalos vecinos tienen este año tres polluelos frente a mi ventana, así que debe ser un buen año para ellos, pues en los tres últimos solo pudieron sacar una cría adelante…
Mientras, yo desciendo hasta mis sandalias y descubro la herida de mis pies, y allí estáis vosotros, todos, como un formación de grullas o un falso paraíso, llenos de escrúpulos y sin saber gritar. Allí vuelvo al día en el que descubrí mi sexo, en el que supe que acabaría devorándome o haciéndome alga.
Tiempo propicio para los cernícalos, éste en el que las madres ya no saben reconocer a sus hijos porque el olvido las tomó por sorpresa y los padres se han hecho viejos y no saben decir ‘que le den por el culo’ a voz en grito porque están acobardados.
Ya solo me queda el espacio abierto y no tengo a qué sujetarme, ni una sombra bajo la que esconderme; ya voy solo con mis hijos a mi espalda, a tumba abierta, hacia lo que pase. Yo decido y me gusta.

Presiento la serpiente y el pie pisa el helecho.
Vivir es un gesto, …

Está el día de iguanas...

Está el día de iguanas y de gatas sobre tejados de zinc calientes [los tejados y las gatas], y todas las especies se esmeran en dejar cubiertas a sus hembras para asegurar los genotipos y jugar al azar de los fenotipos… pero yo solo sudo y me lamento del exceso de grados Celsius que me agota sin más.
Debo atacar el día con longitud y convencerme cada minuto de que el paisaje puesto en mis ojos no será repetido, de que el gesto y la voz siempre serán otros porque no hay tregua posible y lo pasado jamás ha de volver. Presentir para poder sentir con razón y uso lo que haya de venir, para ser perceptivo en el instante preciso y no perderme nada que no deba perderme. Así considero que debe ser vida [de la de otros no sé ya hablar] y así la intento cada mañana y cada noche.
Ayer, en la media noche, cuando salía de mi estudió para buscar el descanso de mis sábanas, la vecina insoportable insultaba a voces a su marido y los gritos daban sombra al silencio de la noche: “¡… … si no sabes ser un h…

Noche adentro.

La noche es salamandra, y más la de ayer, con su falta de luz y esa magia que se hace en los ojos no acostumbrados a las sombras de la sombra. Una magnífica tormenta nos dejó el barrio apagado por unas horas y me fui a disfrutarlo.
Los oscuro es perfecto para leer al tacto las rayas de una mano o para que se inflamen los saltos de las aceras o los mínimos escalones de la calle. Lo oscuro es como el cráneo debajo de la piel, como un sol de cacao o aquel carbón en el cubo de zinc que le trasegaba a mi abuela en el 66. Lo oscuro contiene la humedad del muro cuando llueve, el humo de la pira funeraria, la sombra de una larga melena de mujer, el luto, la estatura del pozo y los días sepultados, la delgadez de una nube de agosto y todos los colores reinventados.
La noche es salamandra y en ella se buscan los amantes con nostalgia de tactos, y en ella está lo hermético latiendo, y en ella el avispero y los claveles de los seres sin luz… la sombra de los muslos en los muslos.
Salí a mirar ventan…

Un golpe de calor.

Acabé el día raro de ayer con un golpe de calor de mi Guille, que le puso la temperatura corporal en 38,5º y le tuvo toda la noche vomitando bilis y sudando como un cosaco en Gobi… y escuchando a la turba nacional celebrar el pasó de ‘La Roja’ a las semifinales del Campeonato de Europa de Fútbol [estuvieron hasta bien entrada la noche haciendo sonar los claxons de sus autos, e incluso fueron a celebrarlo a su Cibeles particular en la subida del monte de El Castañar].
Y hoy me levanté resacoso de la mala dormida, aunque feliz de ver a mi Guille recuperado como un campeón y pidiéndome con insistencia que le hiciera un cartelón para el arco de san Juanito que está haciendo junto a sus coleguillas del cole. Lo prometí y cumplí mi promesa con diligencia.
Y el resto del día se me anda pasando en mirar la luz difusa de Premysa, en intentar adivinar en qué quedará la historia de La Covatilla, en maquetar la revista de fiestas de Ledrada con sus infinitos anuncios, en macerar mis deudas en el ol…

Tarde de flores, bichos y cerezas... y ronca mañanita de hospital.