Ayer vi a Andrés Trapiello en un telediario haciendo el ganso y torciendo todo su trabajo diarístico [que es aceptable en alguno de sus tramos] con unos comentarios de tonto del culo. Presentaba el colega la nueva edición en libro de sus anotaciones últimas y solo se le ocurrió decir que no pone los nombres de las personas sobre las que escribe, sino que los ubica como letras tan originales como la “X”, para que cuando los lectores lean “X” al lado de las lindezas que le dedica Andrés, puedan pensar que son ellos. Dijo exactamente que “si escribo que X es idiota, habrá treinta personas que piensen que me refiero a ellos…”. La cagó el colega con lo de idiota, igual que la cisca con no asumir la valentía de nombrar. Un diario sin nombres no es un diario, es un juego negro, y menos un diario literario que entra en lo prosaico del insulto anónimo [lo del insulto lo entresaco de las palabras del autor en la entrevista televisera… “idiota”, dijo] y, por tanto, vano [de eso sabe mucho García ...
Bitácora de Luis Felipe Comendador