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Mostrando las entradas etiquetadas como BEN CLARK

Ben y José María.

14 de mayo de 2009 Que volví a la lectura después de unos días en blanco y, azares del destino, los dos libros que ataqué con mis dientes afilados son rebuenos, especialísimos, mmm... “Memoría”, del amigo Ben Clark, contiene un desahogo poético original y muy bien anclado en algo que generalmente echo mucho de menos en los pretendidos poetas jóvenes, un fundamento poético sólido amalgamado a una ética hermosa con perfume de modernidad. Ben domina con facilidad y brillo el arte clásico de versificar y tiene un innato sentido del ritmo –y lo utiliza sin medida y con éxito–... y toda esa ‘retórica’ poética –la que solo conocen los que se empeñan en formarse– la alimenta con un ideario verdaderamente original que encaja como un cráneo al que no se le notan las suturas ni con lupa gorda. Un libro sobresaliente que puede sumarse sin rubor alguno a esos dos preferidos extraordinarios que siempre ruedan por mi mesa de imprescindibles... “La camarera del cine Doré” y “Adiós a la época de los gr...

Noche en 'El Savor'

Acababa de nevar y había cuajado bien en la mismita falda de la sierra cuando salí de camino a Salamanca. Me había abrigado de puta madre [camisetilla de algodón, camisa blanca, chaqueta de lana con forro, calzoncillos limpios de cuadritos, unos tejanos, calcetines gordos, botas, mi chupa de cuero y una bufanda gris] y tomé la carretera como con ganas de huir [esas ganas que me llegan cada vez con más frecuencia hasta el centro del estómago]. El recorrido fue tedioso a causa de las obras de la nueva autovía, pues hice los setenta kilómetros detrás de una larga fila de camiones, sacando una triste media de 70 kilómetros por hora, mientras escuchaba a Leonard Cohen y fumaba un Chester detrás de otro. Llegué a Salamanca a las nueve de la noche y el termómetro del coche marcaba un grado de temperatura en el exterior. Aparqué cerca de la casa de mi hija y di un largo paseo por el centro de Helmántica para hacer tiempo hasta la hora de mi lectura en ‘El Savor’. La ciudad parecía desolada a e...

Un viaje con hijos a la playa.

Es difícil recuperarse de un viaje con hijos a la playa si a la vez has tenido que asisitir a un encuentro sobre poesía y capitalismo, si acaba de salir tu nuevo libro, si llevas como encargo intentar cobrarle una factura gorda a la Diputación de Huelva, si tienes que abrazar a un buen florero de amigos a los que hace un montón de tiempo que no ves [y conocer a otros nuevos que prometen], si debes entregar un curro dos días tarde y además va de pena o si te meas encima porque un tipo tenía prisa y empujó la puerta del servicio con ímpetu y te golpea cuando andabas en lo más potente del chorro [no le sumo a esto que vinieron Urceloy y Sol –y no tenía ni idea–, que me llamó Belén y no estaba o que Lorenita andaba necesitando miradas y palabras de sosiego]… y más si me lo pasé de puta madre y conocí a Omar Pimienta [mexmen] y pude saludar a Caraoscura y a su virgen de danza indú sensual y molona, si me abracé fuerte a Antonio R. Caballero [raza pura rasgando la guitarra] y besé sin pudor ...

Perseguir el precipicio.

Pasé la tarde de ayer, entre cervecitas, con la pujante poesía joven [representada por la delgada línea roja del coleguilla Gonzalo Escarpa y por la poesía híbrida e insular del chiquillo grande Ben Clark]… y con la repujada fuerza editora del potente Fabio Rodríguez de la Flor, editor pimpollo de esa cosa hermosísima llamada ‘Editorial Delirio’. Es Gonzalo un clavicordio de proyectos y un imán para raros [en sus acepciones de atracción y liderazgo religioso], un tipo que destella y jamás deja frío al personal, además de poseedor de un atractivo natural que ya le presenta con medio camino andado. Ben Clark es más como era yo a sus años, incluso hasta me reconozco en su físico de alguna forma, y se percibe lleno de ganas poéticas. Fabio es otra cosa… una ente humano en el que se mezclan una mirada dulce e inteligentísima con una sonrisa pérfida, una sólida autoformación con una bella candidez indefinible, un buen mazo de ganas con un manejo magistral de la posibilidad. Los tres hacen un...