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Mostrando entradas de enero 21, 2007

El fracaso es la pereza de los lúcidos.

Amigo Alberto, a veces me levanto con prevención porque en ese estado de lucidez de la mañana, cuando los ojos apenas pueden despegarse de los párpados, presiento que algo va a cambiar en mi costumbre, en mi normal trasunto diario. Y no es que no quiera cambios, Alberto, que los quiero y grandes, pero tengo cierto temor a que las cosas no se desarrollen en el justo entramado que he edificado con el paso tedioso de los años.
La tranquilidad es campo abonado para la cobardía y el temor. Y yo juego a querer tranquilidad y a romperla, pero me gusta que esa ruptura sea controlada por mí, que no me vengan los cambios dados.
Lo peor de todo esto es que ya no somos niños y la rabia sólo puede llevarnos al ardor de estómago; no como antes, Alberto, cuando cerrábamos los puños y salíamos adelante con sonrisas, porque la juventud te permite cambiar sin más, ya que ella es estación de cambios.
Ahora sé lo que me gustaría ser y lo que me gustaría hacer, lo sé con seguridad; pero esa seguridad también…

El necio vale aún menos que su necedad.

Me ataca el frío y la realidad se patentiza en mi entrepierna. La edad la va marcando el estrechamiento de banda de temperaturas aceptables, pero no pasa nada, me encierro, me abrigo y espero a que pase el temporal escribiendo madrigales.
Y del encierro emergen pensamientos enredados: La astucia como herramienta de la emergencia personal [saca lo positivo del desastre y utilízalo para crecer, sobre todo si eres capaz de ver que el desastre iguala a los que lo padecen], las preferencias como forma de creer en el mundo que no se controla [si no sé de alguien querido durante mucho tiempo, prefiero imaginar cómo está que buscarlo y tener noticias ciertas].
(22:09) Por la tarde me llamó Mª Sol Perales desde la capital del reino para decirme que tiene libro infantil rematado y que quiere edición. Yo, encantado de recuperar la voz de la mejor hermana de cantante que conozco [Mª Sol es hermana de José Luis Perales] y con ganas de editar ese libro que seguro será molón; y así, de paso, lo mismo …

Los periódicos son armas negras... de papel.

Día Montero a lo bestia, con el colega pletórico llevando ufano su plan director aprobado [¡¡¡APROBADO!!!] con todos los parabienes legales... ¿para callar bocas? No, coño, para hacer... Y sombra para los inventores (?) de hoteles de cinco estrellas en La Covatilla y no sé qué otras mingadas más dadas a lo alucinógeno que a lo paria de la Tierra.
Por cierto, hablando de Montero –hoy casi monográfico–, anoto en este notario de las horas la afirmación taxativa con conocimiento de causa de que el colega no tiene nada que ver con el nuevo periódico de corte pepero. Pista nueva que doy para los despistados, que ya son muchos: ¿En los ayuntamientos derechaires –más o menos importantes– con la sombra de perder elecciones, han surgido papeles del mismo tono y quizás la misma empresa? Pues nada, a investigar... yo qué sé, llamando a familiares o a colegas de esos lares con espada de Damocles sociata sobres sus coronillas tonsuradas. A ver si esto va a ser algo más grande y no sabemos ver los ár…

La memoria es un espejo de pizarra donde adivinar tu sombra.

Sentimientos encontrados.
La política hace un mal uso del hombre, pues propicia en él valores de apariencia y de máscara que se tornan de mayor importancia que los valores de humanismo, como la solidaridad y la justicia.
¿Acaso es más importante parecer un humanista con una doblez mezquina de interés personal o de partido que serlo en la contrariedad y bajo cualquier consecuencia?
¿Habrá alguna vez un mundo sin fronteras físicas?

Un hombre es más importante que la opinión de una multitud.
¿Estamos de acuerdo?
(22:43 horas) Fallar o hallar. Al fin y al cabo es sonido [ruido] que se encierra en el acto vital como signo de que el paso está echado en busca de una huella. Encuentro y yerro a la vez y siempre y viceversa y no importa y sigo... Y me llamó Marino González para contarme que su «Luna» se va de Mérida a recorrer tablaos celestinos y bachilleres. Es un tipo que siempre me hace sonreír.

¿Me quiero o me inquiero?

Primero me pregunto: ¿Qué podría hacer? Cualquier cosa, Felipe, que eres un tipo despierto –aunque ya algo mayor–. Tú puedes hacer lo que te venga en gana, al igual que los demás hombres... diseñar aviones, pintar, cantar, tocar el piano, robar, jugar al póker, hacer un tren o una manta eléctrica...
Después llega otra pregunta: ¿Qué me apetece hacer? Y eso lo tengo bien claro, quiero decir en mi vida todo lo que necesito decir... y como postre... pues tener tiempo tranquilo en soledad, ver crecer a mis hijos con ganas –suyas y mías–, tocar blues, pintar como veo los cuadros en mi cabeza, amar sin prisa...
Y otra pregunta: ¿Qué debo hacer? Ja, ja, ja... lo que no está escrito, Felipe, lo que no está escrito. Debes aguantar a aunténticos hijos de la gran puta a diario, reírles las gracias y pillar sus asquerosos «donativos» para sobrevivir; perder el tiempo –tan valioso para ti– con historias prosaicas, luchar por el pan de a setenta céntimos la tirada para que tus hijos unten en la yema …

El hambre tiene don de gentes.

Abro boca de lunes con un nuevo libro de mi amigo del alma Manuel Moya, esta vez de relatos cortos, que bajo el título «La sombra del caimán y otros relatos» me lleva a aquel otro tesoro que el de Fuenteheridos intituló «Regreso al tigre» y que me dejó tocado con un relato hiperbreve de una niña dormida y un tigre. Voy a devorar esta sombra de saurio al amor de los fríos que llegan para pillar algo de calor en la frente.

Y un par de horas después, aparece el cartero con paquete de mi Paulina Cervero: carta entrañable para un encuentro que quiero cercano y el volumen «Víctor Botas y la poesía de su generación [nuevas miradas críticas]» editado por la Fundación Universidad de Oviedo y Llibros del Pexe. Otro bocado para comulgar y descomulgarse, con trabajos sobre Víctor, el gran poeta Víctor Botas, de tipos tan entrañables como mi José Luis Morante o mi José Luna Borge y de pericos tan extrañados como el chiquito de Aldeanueva del Camino que escribía en el ABC. Gracias a superpaulina voy…

Colecciono muertes ajenas. Busco muertos... pago a plazos.

Llega a primera hora Lola González Canalejo con las correcciones de la revista «Estudios bejaranos» y me regala un par de libros a los que me apetecía meterles el diente: «Celebración del mundo, celebración del tiempo», del colega José Luis Puerto, y «Las cinco abejas. Béjar en el siglo XX» de Jesús López Santamaría. Mil gracias, Lola.

Como descanso, me tomo un cafetín con leche en PdeT y me veo en papel prensa gracias a mi César Yuste, que da noticia en «El Adelanto» de la próxima edición de mi libro «Esa intensa luz que no se ve» en la deliciosa editorial del colega Segundo Santos. ¡Carne de papel!, Alberto, eso somos, carne de papel.
(13:44 horas) Quizás el asunto esté en el equilibrio, Alberto, en buscarlo, encontrarlo y quedarse a vivir en él, pero, ¿qué es el equilibrio y cómo se sabe que uno está en él? Mi abuela siempre decía que los hombres se visten por los pies para hacerme entender que hay que ser perseverante y enconado en las propias decisiones para poder llevarlas hasta s…