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El hambre tiene don de gentes.


Abro boca de lunes con un nuevo libro de mi amigo del alma Manuel Moya, esta vez de relatos cortos, que bajo el título «La sombra del caimán y otros relatos» me lleva a aquel otro tesoro que el de Fuenteheridos intituló «Regreso al tigre» y que me dejó tocado con un relato hiperbreve de una niña dormida y un tigre. Voy a devorar esta sombra de saurio al amor de los fríos que llegan para pillar algo de calor en la frente.

Y un par de horas después, aparece el cartero con paquete de mi Paulina Cervero: carta entrañable para un encuentro que quiero cercano y el volumen «Víctor Botas y la poesía de su generación [nuevas miradas críticas]» editado por la Fundación Universidad de Oviedo y Llibros del Pexe. Otro bocado para comulgar y descomulgarse, con trabajos sobre Víctor, el gran poeta Víctor Botas, de tipos tan entrañables como mi José Luis Morante o mi José Luna Borge y de pericos tan extrañados como el chiquito de Aldeanueva del Camino que escribía en el ABC. Gracias a superpaulina voy a volver a Víctor Botas como maestro de poetas, como genio en variaciones del clasicismo y como norte de la más fina ironía literaria europea del siglo XX.
No empezó mal el día, no.

(21:17 horas) Pasé el día entero maquetando el nuevo libro de José Luis Morante, su diario desde 2002, que bajo el título «Reencuentros» aparecerá durante el mes de febrero en mi colección «La viuda alegre». Cuando terminé de maquetar comencé la lectura del texto de mi amigo –ya tengo la buena costumbre de no leer mientras trabajo, no como antes– y ya me he comido más de la mitad del texto, pues lo he hecho con hambre. El diario es muy literario y tiene algo que me gusta mucho, pues fundamentalmente juega con el enigma, un enigma creado al eliminar el nombre de muchos protagonistas, dejando el suceso vital que les rozó con José Luis a modo de juego con el lector. Ese juego no implica que haya que conocer al autor y a su personaje, no, pues José Luis lo ha trabajado con verdadero conocimiento de causa, lo que hace que sentimientos puntuales y personalizables se universalicen conformando un material literario de mucho interés.
El diario es entrecortado, jugando a una guerra de guerrillas en la que la munición, en muchas ocasiones, alcanza gran altura poética, consiguiendo crear un libro dentro del libro lleno de aforísmos bellísimos e inteligentes –creación dentro del acto notarial, una magnífica mezcla con la que matar sin hacer sangre.
Nunca me decepciona el colega, nunca.

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