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Mostrando entradas de agosto 2, 2009

... disparos...

Día 7 de agosto... Cuando, esta mañana, Jaime de Armiñán montaba en el taxi que lo devolvería a su domicilio, se le había olvidado una especie de trofeíto que le habían entregado en el acto de ayer, una reproducción de una antigua cámara cinematográfica. La recepcionista del hotel salió corriendo con el trofeíto en las manos gritando… “Don Jaime, que se olvida esto…”, a lo que Jaime respondió… “je, je… mi Goya”. Me despedí y bajé a la imprenta con una sonrisota de oreja a oreja para empezar mi trabajo con ganitas, todo a pesar de este calor cabrón que me deja hecho un chicle y pisadito… y me tiré cuatro horas largas y enteras de sentada, preparando la maqueta para tirada de la revista de ferias de Hervás, un asunto complicado que me ha exigido bastante más concentración de lo que pensaba en un principio. Solo hice una pequeña escapada para hacerle una fotografía al amigo Cipriano [la que coronará su texto de presentación del programa de las fiestas de Béjar], oye, y que era el famoso D…

Un ratito con Jaime de Armiñán

Ayer pasé un ratito con Fernando Jover [director del corto “Todos somos Adrián”] y con Juan Carlos Pajares [guionista y actor], y me parecieron unos tipos estupendos. Es lo bueno de este pueblo, que de pronto te encuentras con gente interesante y terminas tomando una cañita y haciendo amistad… hoy llega Jaime de Armiñán y no quiero perdérmelo por nada del mundo. Por cierto, que Fernando Jover me regaló el título para un poemario: “Noche con dos lunas”, así que tendré que aprovecharlo, que un regalo es para eso, para aprovecharlo hasta estrujarle el gozo entero....
Y me comí el calor como ningún día de este verano, a puros mordiscos… pero todo se arregló con el abrazo fuerte que pude darle al maestro y con ver su mirada [una de las más interesantes que tengo guardada en mi catálogo de miradas]… y me fui al trabajo, pero luego me escapé un ratito para estar junto a ese hombre sabio [me encanta la compañía de gente como Jaime… y a lo mejor hasta se me pega algo]… y también al lado de Juan…

Triste incendio en Los Pinos [Béjar]

Arrancó el día con la fantástica sorpresa de encontrar sobre el mostrador un paquete que tenía mi nombre… no traía remite y lo abrí con mucha curiosidad.
¡Una pasada!...
Ma soeur Hura me había regalado la edición Taschen “The new erotic photography”, de Dian Hanson y Eric Kroll [en el formato grande], un delicioso delantal de hilo y un juego de puñetas o cofias [aún no sé lo que son], también de hilo finísimo, para vestir a mi maniquí de cielo raso. Todo con un gusto divino que emociona. Le debo una, soeur.
Soy un tipo con suerte, coño.
Luego, lidiar con la rata diaria, que hoy estaba más insoportable que nunca y me dieron ganas de endilgarle una patada para los lomos, pero aguanté, como aguanto siempre, aunque un día se me van a cruzar los cables y se va a acabar esta estupidez que lo arruina todo, empezando por la sonrisa.
Luego llegó la tarde, con esas llamadas tristes que te avisan de que los lugares de tu juventud se están quemando y sales como transido a ver el desastre, entre el son…

Me apetece una tristeza con luz mortecina...

* Me encanta este cuadro de Alberto Hernández, y le va de perlas a mi entrada de hoy.
Justo ahora mi codo parece un pollo pelao, aunque el dolor se ha aminorado gracias a que ayer me pasé por urgencias y me han metido antiinflamatorios y sesiones de guisantes congelados puestos en tramos de siete minutos sobre la hinchazón…. ya apenas late, y me da como penita, porque ayer era todo/solo codo, y era una sensación nueva, extraña y nueva, pero no totalmente negativa, pues me sugería espacios mentales en los que me encanta entrar en algunas ocasiones. Es curioso cómo el dolor es capaz de focalizar un solo punto del cuerpo, consiguiendo que sintamos ese punto como el cuerpo mismo… en fin, que cuando me quecomarizo, tampoco lo paso mal del todo.
Y que cuando llegué al curro hoy, estaba todo el pescado vendido y me tomé el día medio libre, con la intención de escribir un poquito [le sumé un capítulo nuevo a mi historia narrativa online] y de leer algo.
Hoy escribí sobre una estancia en China, a…

Me late el codo izquierdo...

Hoy me levanté con el codo izquierdo dolorido e hinchado, todo por un golpetazo que me arreé la semana pasada con una puerta [se conoce que ayer me apoyé en alguna de las barreras de la plaza de toros bejarana, mientras asistía al blues, y se me ha infectado]… y es que últimamente parezco un quecomari lleno de cuitas y quejicoserías… el cabrón está ardiendo y focaliza toda mi atención en su latido, hasta el punto de hacerme perder concentración en lo que hago.
En fin, que sigo en el asunto de vivir y eso me gusta mucho… hasta el latido este que me reclama atención constante.
Hoy le pegué la última corrección al nuevo libro de Belencita, “Orden de alejamiento”, y vuelvo a dejar escrito que me gusta muchísimo su forma y su contenido. Espero que en un par de semanas esté listo para hacerlo llegar a sus manos…. y que me ha gustado leerlo con ese latidito de dolor, pues el poemario es de dolor entero… y muy intenso.
Luego, me dejé de mí [y del trabajo] y le busqué contenido a ese pum-pum… y m…

Una aclaración para un colega... y el día que me perdí el blues.

Parece que últimamente no estoy nada afortunado calificando… eso es que ando perdiendo reflejos a la vez que peso. El caso es que ayer dejé escrito lo que sigue: “…cañita en La Venta del Bufón, que este año ha estrenado a un par de camareros con cierto corte rural –le dan sabor al asunto de pedir cañas–…”, y cuando subí hasta El Castañar para asistir a la segunda jornada de blues, hice lo que hago siempre, que no es otra cosa que ir a tomarme una cañita a La Venta del Bufón. La pedí en barra y el camarero me dijo seriote: “tú tienes un blog, ¿no?... a ver si me explicas qué quiere decir eso que escribiste ayer sobre los camareros con cierto corte rural”… me dio la impresión clara de que no le había gustado nada mi consideración bloguera… así que paso a explicarlo para que el muchacho se calme, siempre dejando bien claro que para mí lo “rural” tiene solo connotaciones positivas y que si hay alguien en este pueblo absolutamente rural, soy yo, y me vanaglorio siempre de ello, sobre todo…